LA CABRERA DE NAVALOSA
Juana González Jiménez, nacida el 27 de mayo de 1932 en la localidad abulense de Navalosa, ha sido ganadera toda su vida y hasta hace muy pocos días, con 93 años, ha sido propietaria de un pequeño rebaño de cabras que ella misma se ocupaba de ordeñar, alimentar y sacar al campo cada día. Por motivos de salud, tía Juana ha tenido que vender sus cabras cerrándose así un importante capítulo del libro de su vida.
Tía Juana con las cabras.
(c) Juan Gómez González.
Ya en el artículo titulado LAS CABRAS DE TÍA JUANA, que puede ser consultado por el lector que lo desee, hablé de cómo conocí a tía Juana hace casi 20 años cuando una fría mañana de invierno pastoreaba a sus cabras cerca de los imponentes corrales, ya en estado verdaderamente ruinoso, situados a la entrada de Navalosa por el lado de Hoyocasero.
Tía Juana con sus cabras.
(c) Silvestre de la Calle García.
Aquella imagen de tía Juana con su pequeño rebaño de cabras y su macho enmandilado, se me quedó grabada para siempre en la memoria y con gran cariño guardo la foto que hice y que el pasado año sirvió para que quedase como finalista en el IV CONCURSO FOTOGRÁFICO CCOO "MIRADAS FEMINISTAS. TRABAJOS INVISIBLES" 2025.
La foto no resultó ganadora pero al encontrarse entre las doce finalistas, fue incluida en un calendario.
Calendario con la fotografía de tía Juana.
(c) Silvestre de la Calle García.
Toda la gente de Navalosa, pueblo en el que tengo muchos amigos a los que considero familia, siente un gran cariño por tía Juana. Como algunos dicen, ha sido siempre un símbolo del pueblo, recorriendo el monte primero con sus ovejas cuando quedó viuda siendo aún joven y después con sus cabras.
Tía Juana con sus cabras.
(c) Juan Gómez González.
Tía Juana con las cabras junto a la carretera.
(c) Silvestre de la Calle García.
Hace unos años, tía Juana quitó el macho. Era complicado mantener un macho cabrío para tan pocas cabras y el tener que enmandilarlo, era una operación bastante delicada. Además, los machos sometidos a esta práctica para impedir que puedan cubrir a las cabras, suelen volverse muy ariscos y hasta peligrosos durante ese periodo. Por eso, tía Juana pedía prestado el macho a Orencio González, cabrero joven de la localidad.
Tía Juana con las cabras y el macho enmandilado.
(c) Silvestre de la Calle García.
Al pedir el macho prestado temporalmente, tía Juana podía seguir garantizando que sus cabras pariesen y diesen leche de forma que fuesen productivas. Con gran mimo y siempre con los cuidados de su dueña, las cabras criaban sus cabritos hasta que estaban listos para la venta o el sacrificio.
Tía Juana con un cabrito.
(c) Juan Gómez González.
Retirados los cabritos, tía Juana ordeñaba cada día sus cabras para cubrir las necesidades familiares de leche.
Si la tarea del ordeño manual es verdaderamente dura para cualquier persona, más aún lo era para una mujer tan mayor cuyas piernas ya no tenían la fuerza de antaño y le dificultaban agacharse, pero con su botella en la mano, tía Juana se ingeniaba para ordeñar a las cabras.
Tía Juana ordeñando.
(c) Juan Gómez González.
Cada día, sin importar el sol, la lluvia, la nieve, el frío o el calor, tía Juana salía con su pequeño hatajo de cabras no alejándose mucho del pueblo en los últimos tiempos pero ajustando siempre el pastoreo diario o careo para que las cabras pudieran alimentarse de los mejores pastos y aprovechar todos los recursos que la naturaleza ofrecía a lo largo del año.
Tía Juana caminando delante de sus cabras.
(c) Juan Gómez González.
Quienes nos hemos criado en casas ganaderas y especialmente con nuestros abuelos, sabemos que no todo es eterno y que poco a poco, aunque no nos guste y nos cueste admitirlo, los abuelos van dejando de ser los que fueron pero conservan su fuerza y sus ganas de luchar porque, en su mentalidad, el ganado nunca se vendía sino que se mantenía hasta que el hijo o nieto más pequeño se hacía cargo de ello tras haber pasado muchas horas aprendiendo los conocimientos del abuelo o la abuela quien a su vez los había recibido de sus abuelos.
Tía Juana con sus cabras en una calleja.
(c) Juan Gómez González.
Y eso es justamente lo que ha hecho tía Juana. Las fuerzas empezaron a flaquear pero apoyada en su bastón y encorvada por los años y las miles de horas de trabajo, ha luchado y aguantado hasta que el cuerpo ha dicho que hay que descansar.
Por ello, hace unos días Orencio González, que tanto ha ayudado a tía Juana en los últimos años, decidió hacerse cargo de las cabras de tía Juana que, de esta forma seguirán en Navalosa y tía Juana podrá verlas cuando quiera.
Tía Juana caminando tras las cabras.
(c) Juan Gómez González.
Tía Juana podría haber vendido las cabras hace muchos años y haber llevado una vida más descansada propia de cualquier anciana de un pueblo abulense pero entonces no hubiese sido TÍA JUANA.
Tía Juana con sus cabras.
(c) Juan Gómez González.
El pasado verano, se realizó en Navalosa una bonita actividad en la que tía Juana fue una de las grandes protagonistas.
Quien escribe estas líneas dio una conferencia sobre la historia y las tradiciones de Navalosa mencionando los datos de la caza de osos en época de Alfonso XI (hacia 1340), hablando de los corrales y su posible origen, de los cucurrumachos que son un auténtico símbolo de Navalosa y de su espectacular carnaval, de la ganadería y...por supuesto de tía Juana.
Recuerdo que estaba previsto que la actividad comenzase a las 9 de la noche pero dije a Juan, hijo de tía Juana, que no empezaríamos hasta que ellos llegasen. Juan me dijo que su madre estaba ordeñando las cabras pero que no tardaría en acabar por lo que la actividad comenzó y a los pocos minutos, apareció tía Juana, que fue recibida con un gran aplauso por todos los asistentes.
Vecinos de Navalosa y familiares de tía Juana, a quien vemos en el centro de la imagen.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Terminada la conferencia, se proyectó un maravilloso documental dirigido y realizado por Alonso de la Calle Hidalgo, fotógrafo, naturalista e investigador que lleva muchos años recopilando tradiciones de la Sierra de Gredos.
Esta actividad fue un improvisado y sencillo homenaje al pueblo de Navalosa en general y a la figura de TÍA JUANA en particular, todo un símbolo de la localidad y que, aunque ya no tenga cabras, seguirá siendo recordada siempre como LA CABRERA DE NAVALOSA.
Tía Juana.
La cabrera de Navalosa.
(c) Juan Gómez González.
Cuando hace tiempo publiqué el artículo titulado LAS CABRAS DE TÍA JUANA, la historia de esta vieja ganadera de Navalosa cautivó a muchos cabreros de toda España, entre ellos al joven ganadero ibicenco Marc Ferrer Subirana, que lucha en por proteger a la cabra Eivissenca, raza en gravísimo peligro de extinción. Muchas veces, Marc me pregunta por tía Juana y cuando el otro día le dije que había tenido que deshacerse de sus queridas cabras, tuvimos una interesante conversación que me hizo pensar mucho. Decía Marc:
"Me sabe muy mal porque, aunque no la conozco de nada y no me queda cerca, este tipo de gente que aguanta con los animales hasta que puede andar, es porque ama a los animales. Es una pena aunque es ley de vida y hay que dar gracias a Dios porque haya aguantado tanto.
Es algo que ha pasado toda la vida pero antes había continuidad con gente joven. El problema es que ahora desaparece esta gente y hay poca gente que venga detrás aunque algunos quedamos.
Es una pena que las Administraciones piensen que una mujer con cuatro cabras es algo insignificante pero es una parte de nuestra cultura y de nuestro legado que se va apagando.
Al menos las cabras se han salvado y no han terminado en un matadero que es lo que suele ocurrir hoy en día."
Eva y Marc Ferrer Subirana.
(c) Can Malacosta.
Aunque no tenga ya a sus cabras, tía Juana sigue formando parte de la cultura de Navalosa y animo al Ayuntamiento y a todas las personas que puedan organizarlo, que me consta que son muchas y muy decididas, a organizar un homenaje como se merece a
TÍA JUANA
LA CABRERA DE NAVALOSA
















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