VACAS, TOROS Y TERNEROS EN PASCUALCOBO (ÁVILA)
En la localidad abulense de Pascualcobo (Ávila) se encuentra la explotación ganadera de Julián García Gayo y Esperanza de la Cruz Caselles quienes se dedican a la cría de vacuno de aptitud cárnica de raza Avileña-Negra Ibérica tanto en pureza como realizando cruzamientos con sementales de las razas Charolesa y Limusina.
Vaca Avileña-Negra Ibérica con su ternero.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
La Avileña-Negra Ibérica es una raza bovina autóctona originaria de los Sistemas Central e Ibérico, aunque en este último encontramos también razas afines como la Serrana Negra y la Serrana de Teruel.
Se trata de una raza de perfil cefálico recto o ligeramente cóncavo, proporciones tendentes al alargamiento y formato medio a grande, de capa mayoritariamente negra.
Vaca Avileña-Negra Ibérica.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Existen tres variedades dentro del seno de la raza: la variedad negra, que es la más abundante, la variedad bociblanca, en la que se engloban animales de capa negra con tonos rojizos y orla blanca en el morro y los animales de capa bardina, chorreada o atigrada y la variedad jarda, galana o berrenda en negro.
Morfológica y funcionalmente hablando, todas las variedades de la raza son prácticamente idénticas aunque las bociblancas y sobre todo las bardinas son un poco más primitivas y rústicas conservando en buena medida características del primitivo bovino ibérico e incluso del extinto uro, toro salvaje ya extinguido y del que descienden todas las vacas domésticas.
Vaca Avileña-Negra Ibérica bociblanca.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Vaca Avileña-Negra Ibérica bociblanca con su ternero.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Vacas y terneros en el campo.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Vacas y terneros en el campo.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Durante el periodo de gestación, tanto las hembras que realizarán su primer parto como las que realizará el segundo o sucesivos partos, deben ser cuidadas y alimentadas con esmero. Durante el primer y segundo tercio de la gestación, sus necesidades nutritivas son menores pero aumentan considerablemente en el último tercio por lo que si el campo dispone de pocos recursos, la alimentación de las hembras deben suplementarse con piensos y forrajes.
Los ganaderos, perfectamente conocedores del terreno y de la climatología de la zona, fijan la paridera de sus vacas en la época más propicia para las vacas teniendo en cuenta la disponibilidad de pastos y otros recursos naturales.
En Pascualcobo, Julián y Esperanza fijan la paridera de sus vacas a finales del verano o comienzos del otoño.
Vacas Avileña con su ternero.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Al nacer en estas fechas, los terneros llegan al invierno, muy frío y con frecuentes nevadas, lo suficientemente desarrollados y fuertes como para soportarlo, estando listos para su destete o venta en primavera, época en la que gracias a la gran abundancia de pasto, las vacas pueden alimentarse y recuperarse convenientemente de cara al siguiente parto.
Y ahí es donde entran en juego los toros sementales, que permanecen separados de las vacas durante buena parte del año siendo cuidados con esmero para que estén en buenas condiciones físicas cuando comience la temporada de cubrición nueve meses antes de la fecha prevista de comienzo de la paridera de las vacas.
Toros de raza Avileña-Negra Ibérica Bociblanca.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Los toros son mantenidos en grandes cercados convenientemente vallados donde son alimentados con pienso y forrajes. Es importante que estén bien alimentados pero nunca excesivamente gordos porque entonces les costará cubrir a las vacas e incluso podrían llegar a ocasionar lesiones a las hembras más jóvenes y ligeras.
En explotaciones de tamaño medio-grande como la de Julián y Espe, en la que se mantiene un centenar largo de reproductoras, es preciso contar varios toros. No hay regla fija pero lo ideal es mantener un toro adulto por cada 25-50 vacas y algún novillo de refuerzo.
Esto permite mantener toros de varias razas para poder realizar tanto cría en pureza como cruzamiento industrial con el fin de obtener mayores ingresos al vender terneros precoces de excelente conformación cárnica, muy demandados por el mercado.
Toro Avileño (delante) y toro Limusín (detrás).
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Bandido, nacido en la ganadería.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Lirón, semental adquirido en 2025.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Para el cruzamiento, generalmente de tipo industrial y en el que tanto los machos como hembras nacidos se destinan al sacrificio, se utilizan razas especializadas en la producción cárnica siendo las preferidas por la mayoría de ganaderos del centro peninsular las razas Charolesa y Limisina.
Toros de raza Limusina (izda.) y Charolesa (dcha.)
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
La raza Charolesa, originaria de Francia, se introdujo en España a comienzos de la década de 1960 con el objetivo de mejorar los ritmos de crecimiento y la conformación cárnica de los terneros de vacas autóctonas y de las por entonces muy numerosas vacas lecheras.
De gran tamaño, es el resultado de la selección y mejora de una antigua raza de trabajo, destinándose hoy exclusivamente a la producción de carne tanto en pureza como en cruzamiento industrial con vacas autóctonas de gran tamaño especialmente de segundo y sucesivos partos ya que, en algunas ocasiones, pueden surgir complicaciones en los partos de las novillas aunque la selección rigurosa llevada a cabo por los ganaderos, hace que esto sea cada vez menos frecuente.
Toro Charolés.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
La Limusina, cuyo nombre puede aparecer escrito con diferentes grafías, es también una raza autóctona de Francia fruto de cruzamiento de varias razas bovinas antiguas dedicadas también al trabajo para especializarse posteriormente en la producción cárnica, siendo considerada en su país de origen como una de las mejores razas por la calidad de su carne.
Introducida en España también en la década de 1960 tardó más tiempo en hacerse popular debido a su tamaño ligeramente menor pero la gran facilidad de parto ha hecho que se convierta en una raza muy popular y que, gracias a la selección de los ganaderos, se diferencia productivamente cada vez menos de la Charolesa.
Salvo en explotaciones ganaderas de gran efectivo en las que no es extraño encontrar pequeños lotes de animales de raza Charolesa o Limusina para producir los sementales necesarios para el cruzamiento industrial, lo habitual es adquirirlos en ganaderías acreditadas y especializadas en la comercialización de este tipo de animales siendo frecuente la importación de sementales de las mejores ganaderías francesas aunque en España existen ganaderías de reconocido prestigio.
Llegado el momento, los toros son juntados con las vacas. Para ello, lo habitual es realizar lotes formados por 25-50 vacas en los que haya un solo semental o como mucho un toro adulto y un novillo. Esto se hace con el fin de reducir las peleas ya que los toros, aunque sean dóciles durante el resto del año, se vuelven muy territoriales durante la temporada de cubriciones, no dudando en atacar a sus compañeros.
Toro Avileño Bociblanco.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Los lotes de vacas se organizan agrupando vacas de características similares para asignarlas el semental más conveniente según los criterios del ganadero.
Las vacas de mejores características morfológicas son dedicadas siempre a la cría en pureza con toros de su misma raza y, a ser posible en el caso de la raza Avileña que es la criada por Julián y Esperanza, variedad (negra o bociblanca).
Por su parte, el resto de vacas serán destinadas al cruzamiento con sementales de las razas Charolesa o Limusina.
En ocasiones, sobre todo en ganaderías de tamaño pequeño o mediano, las vacas son cubiertas un año por toros de su misma raza y al siguiente por toros de razas especializadas.
Conforme las vacas van saliendo en celo, los sementales las cubren sin que el ganadero tenga que preocuparse de nada más.
Las hembras salen en celo por primera vez entre los 15 y los 24 meses dependiendo de factores como la raza, el sistema de explotación, la alimentación...
Hembra joven.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
De hecho, en la mayoría de los casos, el estrés y gasto energético que suponen la lactancia y cría del ternero lleva a que las vacas tarden algún tiempo en salir en celo, especialmente si la alimentación es escasa.
Oso, semental criado por Julián y Esperanza, olfateando a una vaca.
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
Los toros deberán permanecer con las vacas un mínimo de dos meses con el fin de que en ese periodo las vacas tengan por lo menos 2 celos de forma que si no quedan preñadas en el primero, lo hagan en el segundo.
No obstante, lo más habitual es que los toros permanezcan medio año con las vacas y medio año separados de ellas, juntándose poco después de que empiecen a parir las primeras vacas.
Tradicionalmente, existían fechas en las que era costumbre juntar a los toros con las vacas como la Inmaculada (8 de diciembre), Nochebuena o Año Nuevo pero esto depende muchísimo de cada zona y de los intereses de cada ganadero.
Organizando la temporada de cubriciones de esta forma, lo que pretenden los ganaderos es que el intervalo entre partos sea próximo a un año, oscilando por término medio entre los 11 y los 14 meses aunque en vacas viejas el intervalo tiende a aumentar sin que esto suponga un gran problema siempre y cuando la vaca acabe cubriéndose y pariendo aunque sea al final de la siguiente temporada.
Aún así, siempre hay un porcentaje mínimo de vacas que por diversos motivos quedan vacías u horras, dándoles una segunda oportunidad en la siguiente temporada si son buenas criadoras. Si no paren durante dos temporadas seguidas, se las considera machorras en muchas explotaciones y son retiradas.
Pasado el periodo que el ganadero considera oportuno, generalmente como se ha dicho de entre 2 y 6 meses, los sementales son retirados de cada lote de vacas y mantenidos el resto del año en algún cercado alejado de las vacas para reducir totalmente su agresividad. Tras la temporada de cubrición, se les alimenta adecuadamente ya que durante la misma tienden a perder bastante peso.
Toros Avileños Bociblancos.
Al fondo, algunas cabras.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Una vez preñadas, las vacas que ya han parido por primera vez o que lo han hecho ya varias veces, crían y amamantan a sus terneros durante varios meses.
El periodo de lactancia varía generalmente entre los 5 y los 7 meses, algo más largo en las terneras que en los terneros, siendo el tiempo suficiente para que los animales puedan ya alimentarse con piensos y forrajes aunque desde muy temprana edad complementan su alimentación láctea con pasto.
Vaca amamantando a su ternero.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Hembras de recría.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
En el caso de los primeros, su carrera reproductiva comienza entre los 15-24 meses pues, aunque son sexualmente maduros desde los 6-9 meses, no es conveniente que los machos comiencen a cubrir antes de haberse desarrollado suficientemente aunque el desarrollo definitivo se alcanza entre los 3 y los 5 años.
Cubrirán sin problema alguno a las vacas hasta los 5-8 años e incluso más aunque en la mayoría de las ocasiones y especialmente en los toros dedicados a la cría en pureza, son retirados relativamente pronto para evitar que cubran a sus hijas y nietas o cuando se tiene ya demasiada descendencia de ellos.
Toro Avileño.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Vaca Avileña Bociblanca con su cría.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Julián García y Esperanza de la Cruz llevan décadas manejando esta ganadería de manera similar, seleccionando los mejores ejemplares tanto entre las hembras como entre los machos y adquiriendo fuera de la explotación sementales de las mejores características.
Esperanza de la Cruz junto a su toro Lirón.
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
DEDICATORIA Y AGRADECIMIENTO.
Este artículo, como no podía ser de otra manera, va dedicado a Julián García y Esperanza de la Cruz, ganaderos de la localidad de Pascualcobo (Ávila) y lectores y colaboradores de EL CUADERNO DE SILVESTRE desde hace varios años.
En 2024 con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Rural, publicamos en este mismo blog un artículo titulado ESPERANZA: CABRERA, VAQUERA Y EJEMPLO DE MUJER RURAL cuya lectura recomendamos para conocer un poco más sobre la historia de esta ganadería familiar de la provincia de Ávila.


































Muchísimas gracias
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