jueves, 22 de abril de 2021

LA VACA BLANCA CACEREÑA

     Razas ganaderas autóctonas de Extremadura como el cerdo Ibérico, la oveja Merina o la vaca Retinta son sumamente conocidas dentro y fuera de la región pero hay una raza bovina muy singular que es desconocida tanto dentro como fuera de Extremadura pese a estar ante una de las razas ganaderas más antiguas de España. Nos referimos a la vaca BLANCA CACEREÑA.

La Blanca Cacereña, una de las razas ibéricas más desconocidas.
Ganadería de David Bernaldo de Quirós Pablo.
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

    Se trata de una raza de perfil ortoide (recto), mediolíneo, buena masa y poco hueso. La coloración es completamente blanca aunque en algunos individuos adultos toma un tono cremoso. Las mucosas son sonrosadas, existiendo algunos ejemplares de mucosas negras que no son deseables. Las pezuñas son también de color claro.
Precisamente su peculiar coloración blanca, ha contribuido ha su supervivencia pues al contrastar grandemente con los bovinos vecinos y en particular con los toros de Lidia, de coloraciones generalmente oscuras, fue muy demanda para la producción de cabestros.

Preciosa vaca Blanca Cacereña. Obsérvese el pelaje blanco inmaculado que hace inconfundible a esta raza del resto de bovinos españoles.
Ganadería de David Bernaldo de Quirós Pablo.
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

    Su arquitectura corporal se caracteriza una silueta de líneas abiertas y una morfología algo basta con gran desarrollo cutáneo.
Los toros miden por término medio 141 cm de alzada y su peso oscila entre los 800 y 1000 kilogramos mientras que las hembras miden unos 134 cm y pesan alrededor de 550 kilogramos.
Al explotarse en un sistema netamente extensivo, estos pesos pueden superarse cuando se modifica el sistema de explotación, especialmente en lo referente a la alimentación.

Joven semental de raza Blanca Cacereña.
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

    La raza se distribuía en otro tiempo por el centro de Extremadura, principalmente en la mitad sur de la provincia de Cáceres, ocupando también en menor medida el norte de Badajoz. Actualmente se encuentra distribuida en unas cuantas explotaciones, a menudo propiedad de la Junta de Extremadura y de diversas asociaciones conservacionistas, aunque existen algunas explotaciones convencionales.

La Blanca Cacereña es una símbolo de la dehesa extremeña.
Ganadería de David Bernaldo de Quirós Pablo.
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.


    El origen la raza es muy antiguo, existiendo tres teorías mayoritariamente aceptadas:
1. - Procedencia norteafricana, habiendo sido introducida en el neolítico junto con bovinos del tipo rojo, precursores de la actual Retinta.
2. - Introducida por los romanos.
3. - Introducción desde Nápoles en el siglo XVI por parte del Gran Duque de Alba don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.

La segunda teoría es normalmente la más aceptada debido a que se sabe a ciencia cierta que los romanos sacrificaban terneras blancas al dios Júpiter y que se preocuparon mucho por mantener bovinos blancos en todos los puntos del Imperio.
No obstante, es posible que todas las teorías sean ciertas y que los Romanos primero y el Gran Duque después, se centrasen en mejorar y acrecentar los bovinos blancos ya existentes.

Con la llegada del Cristianismo, esta costumbre de sacrificar terneros blancos desapareció y la posesión de vacas de este color, fue vista como un signo de posible paganismo.

Durante siglos, las Blancas Cacereñas han prosperado en zonas donde otros bovinos no eran capaces de sobrevivir siguiendo un sistema de explotación absolutamente extensivo.
Ganadería de David Bernaldo de Quirós Pablo.
(c) Ganadería de David Bernaldo de Quirós Pablo.

    Sin embargo, durante siglos la raza siguió criándose en las serranías y dehesas del centro de Extremadura, donde otros bovinos no conseguían adaptarse.
Ocupó intensamente el noreste de la provincia de Cáceres y el suroeste de Ávila donde se cruzó con la raza Avileña dando lugar al llamado ganado “barroso cacereño” de aspecto intermedio entre ambas razas. Recibían este nombre por su capa de color terroso.
No deben confundirse estas barrosas con la célebre raza Barrosã del norte de Portugal, de la que hablaremos otro día.

Vaca F1 Charolés x Avileña.
Salvando las distancias, el ganado barroso cacereño presentaba un aspecto muy parecido al de esta bonita vaca.
(c) Miguel Alba.

    La raza fue explotada durante siglos por su doble aptitud trabajo-carne. Las vacas eran utilizadas para el trabajo agrícola en el área de cría mientras que los bueyes eran muy apreciados para la carretería. Por su capacidad de aprendizaje, su excelente morfología y rápido paso, además de por su extremada sobriedad, era uno de los bovinos de labor más apreciados de toda España.
Precisamente, esa morfología y cualidades como bovino de labor, la hacían una raza idónea para la producción de magníficos cabestros.

Con la mecanización agrícola y la introducción de razas más productivas, la Blanca Cacereña desapareció rápidamente, quedando relegada a pequeños núcleos que algunos ganaderos mantuvieron por tradición familiar.

La Blanca Cacereña quedó relegada en los años 70 pequeños núcleos en las dehesas del centro de Extremadura.
Ganadería de David Bernaldo de Quirós Pablo.
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

    En los años 70 del pasado siglo, la raza estuvo a punto de desaparecer. Diversas entidades se preocuparon por recuperar la raza y evitar su desaparición. Actualmente, sigue estando en peligro de extinción aunque su supervivencia parece estar asegurada.
En su conservación ha sido y sigue siendo clave la labor llevada a cabo por el CENSYRA (Centro de Selección y Reproducción Animal) de Badajoz.

El principal interés de su conservación, radica precisamente en que es una reserva genética de primer orden al no encontrarse estrechamente emparentada con ningún otro bovino ibérico si bien guarda cierto parecido con la raza Palmera y las variedades cromáticas claras de la razas Rubia Gallega (marela) o Pirenaica (zuri).


Vaca Blanca Cacereña de la ganadería de David Bernaldo de Quirós. 
(c) David Bernaldo de Quirós.

    No obstante, tiene interés como productora de carne de calidad en un medio bastante adverso sin necesitar apenas suplementación alimentaria. La canal tiene una conformación aceptable y como hemos dicho ya, el sabor de su carne es realmente delicioso.
La carne se comercializa dentro de la IGP Ternera de Extremadura junto con la de otras razas criadas en Extremadura y bajo las siguientes categorías:
-          Ternera: 7-12 meses.
-          Añojo: 12-16 meses.
-          Novillo: 16-36 meses.

Además de eso, la raza Blanca Cacereña se destina a la producción de bueyes para carne, resultando absolutamente extraordinarios dado que la raza conserva la morfología y el lento crecimiento propios de las razas antiguas.

Pequeño lote de Blancas Cacereñas en una dehesa extremeña.
Ganadería de David de Bernaldo de Quirós Pablo
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

    El sistema de explotación es el propio de todo vacuno de dehesa, con núcleos de unas 30-40 reproductoras y un semental.
Tradicionalmente, se ha atribuido a esta raza un temperamento algo bronco, pero ello se debe más bien al manejo que a cualidades genéticas pues cuando se maneja adecuadamente, se comporta como cualquier otra raza de dehesa.
Los terneros son criados por las madres hasta el momento del destete, basando su alimentación en la leche materna y el pasto. Algunos pasan directamente al sacrificio y otros pasan al cebadero, para ser vendidos como añojos o novillos según la demanda o el gusto del propio ganadero.

Lote de ganado de raza Blanca Cacereña
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

Aclaración final.
Cuando recorramos Extremadura, veremos muchísimos bovinos blancos o de colores claros pero la inmensa mayoría son mestizos de raza Charolesa o bien bovinos puros de esta raza oriunda de Francia, siendo muy difícil encontrar ejemplares de la raza Blanca Cacereña aunque diversos organismos oficiales y algunas explotaciones convencionales mantienen esta raza en nuestra región, donde lleva más de 2000 años.


Arriba: Semental de raza Charolesa. (c) Miguel Alba.
Abajo: El autor de este artículo con una soberbia hembra Charolesa. (c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Como puede observarse, las diferencias entre la Blanca Cacereña y la Charolesa son muy notables, especialmente en el caso de las hembras.(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Bibliografía y fuentes consultadas:
- Sánchez Belda, A. Razas bovinas españolas. Madrid, 1984.
- Sánchez Belda, A. Razas ganaderas españolas bovinas. Madrid, 2002.

Agradecimientos:
A David Bernaldo de Quirós Pablo por prestar desinteresadamente las fotografías de sus ejemplares de raza Blanca Cacereña.

A Miguel Alba, por las fotografías de la vaca F1 Charolés x Avileña y del semental de raza Charolesa.

A Alonso de la Calle Hidalgo por la foto de la vaca Charolesa.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico Forestal.
Guijo de Santa Bárbara.

1 comentario:

  1. maravilloso Silvestre, de pequeño yo las veía en Torrecillas de la Tiesa...

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