LA MAMPARA. REFUGIO PORTÁTIL DE LOS PASTORES.
La mampara era un refugio portátil utilizado por los pastores de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) para pernoctar junto al rebaño cuando se realizaba el redileo para abonar las tierras de cultivo. Refugios similares, conocidos como chozuelos o casetas, eran comunes en distintas áreas de la península Ibérica tanto donde se criaba ganado ovino trashumante como estante.
Mampara fotografiada en El Torno (Cáceres)
(c) Silvestre de la Calle García.
Guijo de Santa Bárbara es un pequeño pueblo situado en la comarca de La Vera, al noreste de la provincia de Cáceres y en la vertiente sur de las estribaciones occidentales de la Sierra de Gredos. La economía de sus habitantes ha girado siempre alrededor de la ganadería complementada con la agricultura no entendiéndose la segunda sin la primera ya que los suelos guijeños son bastante pobres y necesitan mucho abono, siendo durante siglos el estiércol produce por el ganado el único fertilizante disponible.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres)
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Durante siglos, los principales cultivos en régimen de secano fueron el centeno y el castaño pero desde mediados del siglo XVIII, precisamente debido a la epidemia de la tinta del castaño, los labradores guijeños comenzaron a diversificar los cultivos comenzando a sembrar y plantar patatas, granos (alubias), vides, frutales, olivos, tabaco...culminando ya en épocas recientes con arbustos frutales como el arándano.
Arándanos.
(c) Clara Jiménez Santos.
Para abonar las tierras de cultivo, los labradores-ganaderos utilizaban el estiércol de sus animales el cual era producido en los corrales utilizados para encerrar al ganado durante la noche. Para obtener más estiércol que el producido simplemente por las deyecciones y orina de los animales y al mismo tiempo para que estuviesen más cómodos y abrigados, se cubría el suelo de los corrales, siempre que era posible, con hojas secas de roble.
El estiércol se iba almacenando en el interior de los propios corrales o en sus inmediaciones y llegado el momento de abonar la tierra, se transportaba a lomos de caballerías.
Ángel de la Calle Vicente acarreando estiércol con su burro.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Olga de la Calle Santos.
La principal especie ganadera fue siempre la cabra aunque nunca faltaron las vacas, los burros, los caballos, los mulos, los cerdos e incluso las gallinas, produciendo todos estos animales estiércol muy valorado. Además del estiércol obtenido de los corrales y cuadras encamados con hojas de roble, era muy apreciado el denominado poliso obtenido en los corrales de cabras sin necesidad de utilizar hojas y que estaba totalmente descompuesto y pulverizado por el constante pisoteo de los animales.
Cabras en el interior de un corral.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Las ovejas, conocidas en Guijo de Santa Bárbara como borregas, siempre fueron escasas en Guijo de Santa Bárbara debido por un lado a la abrupta topografía y por otro a los inviernos excesivamente fríos y al clima lluvioso que no favorecían la producción de lana de gran calidad. Algunos cabreros y vaqueros tenían algunas borregas por simple capricho y para la producción de corderos, destinando su lana al relleno de colchones dada su escasa calidad como ya se ha dicho.
Primitivo Torralvo García con las cabras y algunas ovejas.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Sin embargo, era común que en el siglo XIX algunos ganaderos de localidades cercanas como Jarandilla y Cuacos acudiesen con sus rebaños o piaras de borregas durante los meses primaverales para abonar fincas en Guijo de Santa Bárbara, pastando con ellas durante los meses estivales en la sierra del municipio o en el vecino agostadero tornavaqueño de La Angostura.
Borregas pastando.
(c) Silvestre de la Calle García.
En 1872 se documenta la presencia de la primera piara de borregas conocida propiedad de un ganadero guijeño, perteneciendo a D. Antonio Jiménez García (1810-1898), conocido popularmente como El Abuelo Viejo, que poseía un centenar de hembras reproductoras más los sementales y el recrío correspondiente.
Este ganadero era propietario de numerosas tierras de cultivo tanto en Guijo de Santa Bárbara como en Jarandilla y uno de las producciones más valoradas de sus borregas, era precisamente el estiércol utilizado como abono.
Antonio Jiménez García.
(c) Retrato pintado por Francisco Martín Rivera.
Posteriormente y durante varias décadas, ningún ganadero guijeño se dedicó a la cría de borregas las cuales eran muy mal consideradas entre los cabreros y vaqueros por considerar que esquilmaban el terreno al consumir la hierba a ras de tierra llegando incluso a prohibirse su pastoreo en la Dehesa Sierra de Jaranda por lo que el ganadero que tuviese borregas, sólo podría tenerlas en sus fincas privadas lo cual era impensable en un pueblo minifundista. Únicamente algún vaquero tenía con las vacas alguna borrega pastando en los prados.
Vaca, borrega y choto.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Olga de la Calle Santos.
Esta planta originaria de América requiere para su correcto desarrollo un clima cálido, abundante riego y un suelo muy rico en nutrientes o muy bien abonado por lo que se requerían enormes cantidades de estiércol para su cultivo.
El transporte de estiércol desde los corrales a las tierras de cultivo era una ardua tarea para los tabaqueros, que pasaban días y días realizando viajes con sus caballerías cargadas de estiércol. Para hacerlo más rápido, era común que varios tabaqueros se uniesen para realizar la tarea por turnos con todas las caballerías posibles.
Pero algunos ganaderos y agricultores de avanzada edad, recordaron aquellos tiempos en los que las tierras se abonaban realizando el redileo con las piaras de borregas y propusieron a los administradores de la Sierra de Jaranda la posibilidad de que dichos animales pudieran mantenerse nuevamente en dicha finca pero la respuesta fue negativa. Vicenta García Díaz (1874-1955), una de las accionistas mayoritarias de la Sierra, logró convencer a los administradores y al resto de propietarios para que las borregas volviesen a pasar en la Sierra.
Vicenta García Díaz.
(c) Familia de la Calle García.
Así, las piaras de ovejas volvieron a verse en tierras guijeñas siendo manejadas de forma estante todo el año en el municipio pero realizando movimientos altitudinales en función de la época del año.
Así, en verano, las ovejas pastaban en las zonas más altas y relativamente llanas de la Dehesa Sierra de Jaranda pernoctando en cercados o majales específicamente designados para ello como los de El Hornillo, Las Ventosas, El Berrueco, Veguilla Cuadrá, El Chaparralillo...
Majal de Las Ventosas.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
En otoño e invierno, las ovejas pastaban en las zonas medias y bajas de la Sierra siendo encerradas durante la noche en los corrales particulares de cada ganadero. Se aprovechaba esta época para realizar las parideras temprana (octubre-noviembre) y tardía (febrero-marzo) con el fin de poder atender más fácilmente a los corderos y que estuviesen más abrigados en los corrales.
Corral de Santonuncio.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
En primavera, las ovejas pastaban en las mismas zonas que en otoño e invierno pero en lugar de pernoctar en los corrales, lo hacían en rediles o cercados formados por estacas de madera clavadas en el suelo y una red de cuerdas de esparto.
Los rediles se montaban en las tierras que iban a destinarse al cultivo de forma que las ovejas abonaban el terreno con sus excrementos y su orina. El redil se cambiaba de sitio cada noche o como mucho cada 2-3 noches hasta que toda la parcela de cultivo quedase perfectamente abonada ahorrando así a los labradores el tener que acarrear el estiércol con las bestias.
Borregas en un corral de cancillas o teleras, similar a los rediles tradicionales.
Santiago de Aravalle (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
Pero las ovejas no podían permanecer solas en el redil durante la noche debido a la abundancia de lobos que podían atacarlas ocasionando la muerte de todos los animales. Incluso los zorros eran peligrosos enemigos si las ovejas estaban pariendo o tenían corderos pequeños.
Aunque los borregueros, nombre con el que eran conocidos los ganaderos de ovejas en Guijo de Santa Bárbara, tenían siempre buenos "perros loberos" similares a los actuales mastines españoles y que no deben confundirse con el verdadero perro lobo o lobero cántabro, estos no podían proteger por sí solos a las ovejas.
Mastín con las ovejas.
(c) Miguel Alba Vegas.
Precisamente de esa necesidad de permanecer alguna persona junto al rebaño o piara de borregas durante a la noche cuando se estaba de redileo en las tierras de cultivo, nace la necesidad de utilizar LA MAMPARA.
Mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
La mampara era un gran cajón de madera con techo de madera cubierto con chapa metálica a dos aguas colocado sobre un armazón con cuatro patas y cuatro agarraderos para poder ser movido entre dos personas. Contaba con un pequeña puerta lateral y, ocasionalmente con una pequeña ventana.
Sus dimensiones aproximadas eran de 200 cm de longitud, 100 cm de anchura y 150 cm de altura máxima en la cúspide del techo.
Mampara con la puerta abierta.
(c) Silvestre de la Calle García.
Las mamparas guijeñas tenían la particularidad de ser totalmente desmontables al estar fabricadas por tablas machihembradas que encajaban a la perfección unas con otras de manera que, al terminar de abonar una finca, los ganaderos podían desmontar completamente la mampara y cargar todos sus elementos en una o dos caballerías y trasladarse a otra finca.
Mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
En el interior de la mampara, colocada junto a la red de las ovejas y que se movía cuando se movía ésta, dormía cómodamente el encargado de custodiar a las ovejas. Rara vez el dueño o amo pernoctaba en la mampara pues esto solía hacerlo el pastor ajustado o contratado para tal fin o en su defecto algún criado. En algunas ocasiones los hijos o nietos del amo podían dormir en la mampara.
Para hacer cómoda la estancia, se colocaba en el interior un jergón, rústico colchón relleno con bálago (paja de centeno) u hojas de las mazorcas de maíz, arropándose la persona con una manta o berrendo.
Interior de la mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
Saliendo de la mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
Normalmente, en la mampara se estaba totalmente a oscuras aunque en ocasiones se podía colocar una lamparilla o farol de aceite pero nunca un candil para evitar que alguna chispa pudiese hacer arder la mampara.
Lamparilla o farol en el interior de la mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
La mampara presentaba ventajas y desventajas respecto a otros refugios permanentes de los pastores como las chozas o casillas.
La ventaja principal es que no ocupaba un espacio permanentemente que podía ser dedicado al cultivo tras su retirada.
Además de eso, podía colocarse justo al lado de la red por lo que en caso de sufrir un ataque de los lobos o los zorros el pastor podía actuar con absoluta rapidez al no tener que desplazarse desde otro punto de la finca por pequeña que esta fuese.
Por extraño que pueda parecer, las mamparas eran muy cómodas y mucho más abrigadas que otros refugios.
Mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
Las principales desventajas eran la estrechez y pequeñez del habitáculo que obligaba al ocupante a permanecer tumbado y sin apenas libertad de movimientos. Otro gran problema era la imposibilidad de encender lumbre o fuego en su interior para calentarse o cocinar teniendo que buscar el pastor algún lugar cercano al amparo de grandes piedras para hacer la lumbre y dependiendo de algún familiar del amo para que le llevase la comida hasta la mampara cada atardecer, momento en el que se aprovechaba para mover la red y la mampara si era necesario.
Llevando la comida al pastor.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Vaca "Suiza".
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Al desaparecer las ovejas a comienzos de la década de 1960, lo hicieron también las mamparas que, al no tener uso alguno, fueron desarmadas y sus tablas utilizadas en muchos casos para hacer juches o apartados en los corrales de vacas para mantener separados a los terneros.
Las mamparas siguen siendo recordadas por quienes las vieron en las tierras de cultivo de Guijo de Santa Bárbara e incluso por los hijos y nietos de amos y pastores que pasaron noches en su interior.
También está presente su recuerdo en una graciosa coplilla del folklore local, cantada muchas veces por gente que realmente no sabe cómo era una mampara:
La mujer de Pelujo
puesta en un cerro
parece la mampara
de un borreguero
de un borreguero niña
de un borreguero
la mujer de Pelujo
puesta en un cerro.
Mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.
No podemos terminar este artículo sobre LA MAMPARA, sin conocer lo que contaban Juan García García (1927-2012) y su esposa Marcelina de la Calle Vicente (1930-2009), unos de los últimos grandes borregueros guijeños.
Casados el 27 de marzo de 1952, tuvieron una buena piara de ovejas durante casi una década, utilizando la mampara durante el redileo.
Marcelina de la Calle Vicente y Juan García García.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Juan García nos contaba lo siguiente sobre la mampara:
"Era como un cajón grande con cuatro patas para que no se mojara y cuatro agarraderos para moverla sin tener que desarmarla. Tenía el techo de chapa y una puerta para entrar. Aunque parezca que no, se dormía muy bien ella.
Nosotros la poníamos en Veguilla Pescuezo y en La Huerta. En Santonuncio no la solíamos poner porque allí teníamos las borregas en la otoñá y el invierno y como llovía mucho dormían en el corral y nosotros o el pastor en el sequero de las castañas o en el desván del corral."
Marcelina de la Calle contaba que no la gustaba la mampara:
"Las mujeres nunca dormíamos en las mamparas y a mí además no me gustaba nada porque por mucho que dijeran podía meterse algún bicho y además parecía un ataúd.
Cuando nos casamos, Juan estaba de redileo con las borregas y se tenía que quedar en la mampara y yo iba a llevarle la comida. A mí me daba miedo quedarme sola en casa y se tenía que venir mi amiga Sebastiana a dormir a casa así es que cada vez que Juan me decía que se tenía que quedar a dormir en la mampara, yo me ponía negra."
Nota final del autor:
Las mamparas desaparecieron de Guijo de Santa Bárbara hace décadas y el inexorable paso del tiempo hace que poco a poco nos vayan dejando también aquellos que conocieron a la perfección este singular refugio portátil de los pastores.
Como Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara y por lo tanto guardián de la memoria en los tiempos que corren, me siento en la obligación de escribir y publicar este artículo sobre una pequeña parte de nuestra cultura local desconocida por muchos.
Además de eso, como nieto de Juan García García y de Marcelina de la Calle Vicente, tengo también la obligación moral de escribir sobre este detalle de la historia de mi propia familia.
A la memoria de mis abuelos Juan y Marce, dedico este artículo sobre LA MAMPARA.
Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara.
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