ALEJANDRO CALERO, EL CABRERO.
Alejandro Calero es un joven profesor extremeño que ha trabajado también en radio y televisión. Gran aficionado al deporte y a la naturaleza, siempre soñó con tener una finca de dehesa pero nunca pensó que lo conseguiría y que acabaría siendo agricultor y ganadero, concretamente cabrero.
Alejandro Calero González nació en 1990 y aunque es natural de Villanueva de la Serena (Badajoz) donde es profesor de Lengua en el Instituto Pedro de Valdivia, desde mayo de 2026 reside en la vecina localidad de La Haba, donde ha logrado cumplir uno de sus sueños que era tener una finca de dehesa, lo cual consiguió tras un año de intensa búsqueda.
Pese a vivir en una zona urbana, Alejandro siempre ha tenido un gran vínculo con el medio rural hasta el punto de que cuando tuvo que vivir por diversas circunstancias en ciudades más o menos grandes, sentía que no encajaba por tener una mentalidad anticonsumista y distinta en muchos aspectos a la de la gente que vive en la ciudad, lo que le impedía tener una felicidad plena.
Aunque es profesor desde hace 5 años, nunca antes había contemplado esa posibilidad puesto que siempre tuvo vocación de periodista. De hecho, estudió Comunicación Audiovisual en Badajoz lo que le permitió conocer a mucha gente y desarrollar esa personalidad diferente que le caracteriza.
Durante 2 años, trabajó en la radio en la Cadena SER de Madrid, dedicando su tiempo libre a estudiar en la Universidad Complutense un postgrado de Periodismo gastronómico y nutricional lo que hizo que tuviese mucho contacto con ese mundo agrario en el que tan cómo se siente y adquiriendo muchos conocimientos sobre producción, transformación y comercialización de alimentos.
Tras esa etapa en Madrid, Alejandro regresó a Extremadura y durante 4 años trabajó en el exitoso informativo agrario La Besana de Canal Extremadura Televisión, trabajando también en el Diario Hoy y realizando colaboraciones con programas de Canal Extremadura como el magazine A Esta Hora centrándose siempre en contenido relacionado con el medio rural, las tradiciones, mantener viva la tierra y estar en contacto con la naturaleza.
Pese a que, como decimos, no se había planteado ser profesor, este gran apasionado por el aprendizaje y la lectura, se ha dado cuenta de que trabajar y estar en contacto con chavales que estan construyendo su pensamiento, lo que le ha servido para ver que la docencia se ha convertido en su verdadera vocación.
A todo esto, se une su gran afición al deporte centrándose durante los meses de verano en la bici y la carrera mientras que el resto del año realiza carreras híbridas y practica Hyrox que podríamos definir como el deporte de moda y que Alejandro realiza sin ninguna pretensión de competir sino porque le gusta, lo que le ha permitido hacer un grupo de amigos con los que va al gimnasio, realizando 2 ó 3 viajes al año para participar en alguna competición pero más que otra cosa para pasarlo bien y acompañar a algunos de los mejores competidores de este deporte en España.
También realiza carreras en montaña, estando muy ilusionado por federarse este año, así como kayak, rutas senderistas y actividades que le permitan estar en contacto con la naturaleza.
Precisamente esto le llevo a colaborar con Canal Extremadura Televisión en el programa Donde andas, realizando rutas senderistas interesantes por Extremadura con personas del entorno.
Para Alejandro ha sido una etapa preciosa de su vida pero que tras 3 años y 100 programas, todo un logro en televisión, ha llegado a su fin.
Con semejante vida tan ajetreada a la par que interesante, ¿Cómo ha terminado Alejandro siendo cabrero?
Al estar ya asentado con su plaza fija y su trabajo asegurado, Alejandro ha querido cumplir ese sueño que era tener una finca de dehesa, ecosistema que conoció de cerca al trabajar durante 4 años como dijimos anteriormente en La Besana.
Comenzó una búsqueda que le llevó a visitar más de 20 fincas durante un año hasta que encontró una que, nada más verla fue como recibir un flechazo o un amor a primera vista.
Se trata de una finca de 4 hectáreas situada a 4 km de la localidad de La Haba, con vistas a Magacela y en plena naturaleza.
La finca se divide en dos partes perfectamente diferenciadas. En la primera de ellas, de unos 500 metros cuadrados, se encuentran la casa, una nave, un jardín y una piscina.
La segunda parte, es la dehesa, que cuenta con 15 encinas y 40 olivos dispersos, un aviario y una charca.
Alejandro siempre tuvo claro que cuando tuviese una finca propia, tendría un huerto pues su abuelo paterno siempre tuvo un campito donde sembraba su propio huerto y donde nuestro protagonista pasó largas horas adquiriendo gran parte de sus conocimientos agrícolas.
Al haberse instalado en la finca en el mes de mayo, este año Alejandro tiene pocas cosas en el huerto pero aún así cultiva pimientos, tomates cherry, berenjenas y pasto de Sudán para el ganado.
El tema de "hacerse ganadero" le cayó a Alejandro un poco de sopetón, pues cuando compró la finca, Juan, el anterior propietario le dijo que si quería quedarse con los animales porque no sabía qué hacer con ellos, aceptando de inmediato la propuesta y aprendiendo a cuidarlos y manejarlos con la ayuda de Juan hasta que lo ha podido hacer él solo aplicando ya sus propios criterios.
Actualmente, en la finca hay 6 cabras, unas cuantas gallinas, un par de ocas y un perro mastín. Considera Alejandro que, en cierta medida, que los animales salvajes que viven en la finca son suyos que debe protegerlos: águilas, gallinetas, abejarucos, mochuelos...
Viriato, el perro mastín, es muy especial para Alejandro porque al estar los dos solos en la finca, pasan mucho tiempo juntos. Cualquiera que tenga o haya tenido perro sabe que esa relación es imposible describirla con palabras.
La idea de Alejandro es llegar a tener 10 cabras adultas por considerar que es el número máximo que puede gestionar adecuadamente teniendo en cuenta los recursos de la finca y el tiempo necesario para atenderlas ya que no concibe el tener cabras y otros animales por mero entretenimiento, considerando que una ganadería, por pequeña que sea, requiere atenciones adecuadas.
Durante los meses de verano, las cabras pastan libres por la finca, donde disponen de un pequeño cobertizo para guarecerse pero que ni siquiera utilizan, ya que al ser animales sumamente rústicos y resistentes pueden permanecer todo el tiempo al aire libre.
Aunque en la finca encuentran para comer todo lo que necesitan, Alejandro les da un poco de pienso, de avena, hierbas del huerto etc... especialmente a la hora del ordeño para que permanezcan tranquilas mientras él realiza esta tarea.
La leche de las cabras es transformada en queso, kéfir, yogur...
Alejandro tiene grandes conocimientos como ya se dijo en todo lo relacionado con el procesamiento de alimentos y para él es una gran satisfacción elaborar en casa productos lácteos con la leche de esas mismas cabras que él cuida y ordeña con tanto mimo y esmero.
Realmente, Alejandro no está haciendo con esto algo del otro mundo pero nos está mostrando lo que hacían día tras día y generación tras generación nuestros antepasados.
Alejandro pretende ser lo más autosuficiente posible. Además de la leche fresca y los productos lácteos obtenidos de sus cabras, sus gallinas le proporcionan huevos y recolecta diferentes verduras y hortalizas en el huerto a lo largo del año, las cuales pueden ser utilizadas para la elaboración de conservas para no desperdiciar el excedente y al mismo tiempo poder consumirlas a lo largo del año. Los olivos de la finca, también en plena producción, proporcionan un aceite de gran calidad.
Puede parecer una fantasía, pero con una finca como la de Alejandro puede ser perfectamente autosuficiente no ya una persona sino una familia entera, obteniendo de ella la mayor parte de su sustento.
La rutina diaria de Alejandro durante los meses de verano comienza a las 7 de la mañana para ver el amanecer siguiendo en buena medida los ritmos circadianos para estar activo durante las horas de luz y descansando en las horas de oscuridad.
Seguidamente, dedica un rato a la lectura, que es una de sus grandes pasiones, leyendo alrededor de 30 libros anuales y alternando géneros como el ensayo, la novela, etc.
Mientras lee, disfruta de un buen café, otra de sus grandes pasiones, tomando varios cafés al día pero siempre solos y de gran calidad.
Después prepara el pienso para las cabras y realiza el ordeño de manera manual debido al pequeño tamaño del rebaño y a que es una actividad entretenida y satisfactoria para pasar después a revisar el estado de las gallinas viendo si tienen comida y agua antes de irse a dar una vuelta por la finca para supervisar que todo esté en orden, terminando por comprobar que ningún conejo se ha colado en el huerto.
Hacia las 11 de la mañana, Alejandro dedica tiempo al deporte centrándose en verano, como ya dijimos en la bici y la carrera. Realmente esto constituye simplemente una pretemporada antes de los entrenamientos que realiza durante el resto del año.
Corriendo por La Haba.
(c) Alejandro Calero González.
Pasado el verano, Alejandro aprovecha para entrenar antes de ir al trabajo, en los recreos o en su tiempo libre compaginando esto con su trabajo como profesor y, a partir de ahora con su oficio como agricultor y ganadero pues todos los animales y especialmente las cabras, necesitan cuidados constantes.
Siempre listo para entrenar.
(c) Alejandro Calero González.
Alejandro en la Ruta Quetzal.
(c) Alejandro Calero González.
Los pendientes de Alejandro son famosos en Extremadura entera.
(c) Alejandro Calero.
Cuando está en su finca, a Alejandro le encanta recibir visitas de todas aquellas personas que quieran conocer de primera mano la vida del campo extremeño. Entre esas personas están sus compañeros del IES Pedro de Valdivia.
Alejandro y sus compañeros.
(c) Alejandro Calero.
Alejandro celebra hasta fiestas de disfraces. Muchos pensaran que es simple diversión pero la verdad es que Alejandro aprovecha la ocasión para continuar con su labor divulgativa acercando a la gente al medio rural tras esa brecha generacional que ha desconectado a muchos jóvenes del campo en las últimas décadas.
Le visitan amigos de todo el mundo como Nico y Belu que desde Uruguay viajaron para recorrer toda Europa, asegurando que lo que más les había gustado era poder estar en la finca de Alejandro en contacto con la naturaleza y con los animales y conocer plenamente la vida en el campo aprendiendo entre otras cosas a ordeñar a las cabras.
La vida como agricultor y ganadero está sirviendo de aprendizaje a Alejandro y esto le obliga en cierta manera a organizarse sabiendo que, si tiene que ausentarse de casa por cualquier motivo, tiene que regresar a una hora prudencial para ordeñar y atender a las cabras y ocuparse también del resto de animales puesto que el huerto puede esperar un poco.
Ordeñando con traje y corbata.
(c) Alejandro Calero González.
También le está sirviendo esta vida para conocer de primera mano que no todos los animales nacidos en la finca pueden criarse y que los cabritos tienen que ser sacrificados para aprovechar su carne que Alejandro no come por sentir cierta pena pero que regala a sus mejores amigos para que disfruten de unas chuletillas o una caldereta con exquisita carne de cabrito auténtico alimentado con leche materna y pastos naturales.
Carne de cabrito.
(c) Alejandro Calero González.
Como de vez en cuando a Alejandro le gusta salir aunque sea 3 ó 4 días para realizar alguna ruta o actividad, se ha dado cuenta de que debe contar con un sustituto que se haga cargo de las cabras, de las gallinas, del huerto...y está enseñando a su padre para que aprenda a ordeñar las cabras que es la tarea más compleja y que debe realizarse obligatoriamente a diario.
Así, Alejandro puede irse a hacer, por ejemplo, la Ruta del Cares con unos amigos.
Y así transcurre la vida de Alejandro. Alguien que siempre supo que amaba el campo y que soñó con tener una dehesa pero que nunca se imaginó que acabaría siendo profesor y cabrero en Extremadura disfrutando de todo lo que le gusta.
Probablemente, cuando cada tarde Alejandro se sienta en un rincón de la finca a contemplar el atardecer, a su mente venga una única pregunta:
¿Qué más se puede pedir?
Creo que la respuesta está clara.
A MODO DE EPÍLOGO.
Conocí a Alejandro en persona hace pocos meses cuando vino a Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) para realizar la Ruta del Trabuquete para el exitoso programa DONDE ANDAS de Canal Extremadura Televisión y cuando me comentó que había comprado una finca y que tenía cabras, me interesé por su historia. Pronto me di cuenta que era una historia apasionante que merecía ser contada en este blog.
Alejandro es profesor en un instituto, pero yo creo que con su día a a día nos puede dar a todos una gran lección de vida.
Termino dando las gracias a Alejandro por su gran ayuda desde el primer momento para la realización de este artículo.
Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de Guijo de Santa Bárbara.
Técnico forestal.






































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