CABALLO OVERO EN LA PUERTA DEL ALBÉITAR O DEL GRAN CABALLERO

El término OVERO fue utilizado en Castilla para designar a los caballos que hoy conocemos de manera genérica como pintos, también píos en ciertas zonas de España, los cuales eran bastante escasos pero que se reprodujeron de tal manera en América del Norte que llegaron a ser sumamente populares incluso entre los indígenas americanos, conociéndose popularmente como caballos de los indios.

Caballo overo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La palabra overo deriva del latín varius haciendo referencia a varios colores puesto que estos caballos presentan una capa compuesta o conjugada en la que se mezclan de distinta manera el color blanco con otros como el negro, el castaño, alazán...

Yegua overa.
(c) José García Prieto.

Pese a ser un término ya conocido y muy utilizado en la Edad Media y en la Edad Moderna, actualmente son más utilizados términos como pinto para referirse a estos caballos, derivando esta palabra del inglés paint.
El término pío, muy utilizado entre los criadores españoles actualmente, deriva del francés pie, nombre con el que se conoce a la urraca, ave de la familia de los córvidos de color blanco y negro y que en nuestro país da nombre a las vacas burracas (ver: Las vacas berrendas).

Urraca.
(c) Miguel Alba Vegas.

En el presente artículo, nos mantendremos fieles a la vieja terminología castellana y llamaremos denominaremos como overos a estos caballos, explicando primero su origen, historia y expansión hasta nuestros días para terminar explicando las distintas capas que pueden incluirse dentro del antiguo término overo.

Caballo overo.
(c) Jesús Lucas Sánchez.

Los caballos salvajes y las razas más primitivas presentaban y aún presentan capas de color pardo grisáceo o pardo amarillento que reciben diferentes denominaciones. Sin embargo, a juzgar por las pinturas rupestres paleolíticas que vemos en cuevas como la de Tito Bustillo en Asturias, ya debió haber caballos de capa manchada o moteada en época prehistórica mucho antes de que los caballos fuesen domesticados y cuando constituían una de las principales piezas de caza de los grupos humanos de cazadores y recolectores.

Caballos en libertad.
Obsérvese la presencia de ejemplares overos.
(c) Carlos González Sánchez.

En el norte de la península Ibérica, desde lo que hoy es el norte de Portugal hasta Navarra y también en diversos puntos de Francia y de las islas europeas del Atlántico Norte (Islas Británicas, Islas Shetland, Islas Feroe, Islandia) existen poblaciones muy primitivas de pequeños caballos, jacas en terminología española, y ponis que conservan capas manchadas entre las que podemos destacar la raza Pottoka de Euskadi en la que puede aparecer esta capa aunque en nuestro país no es admitida como luego veremos.

Raza Pottoka.
(c) Ana Belén Bermejo Pérez.

A finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, los caballos overos eran perfectamente conocidos en Castilla si bien nunca fueron muy abundantes, no gozando de gran aprecio por parte de los criadores tal y como expresa el dicho popular que sirve de título a este artículo. Los overos eran considerados caballos delicados y enfermizos que necesitaban grandes cuidados y por eso sólo podían ser mantenidos por albéitares (veterinarios) o por nobles que los mantenían por puro capricho.

Reconstrucción idealizada de una casa medieval con el caballo overo junto a la puerta.
Imagen realizada con IA.
(c) Silvestre de la Calle García.

Hay constancia de caballos overos embarcados con destino a América en 1495 como una yegua de 4 años de edad, propiedad de Fernando de Castroverde, vecino de Carmona (Sevilla), valorada en 3.100 maravedíes. 
También entre los caballos llevados a América por Hernán Cortés, hay constancia en la Conquista de Méjico escrita por Bernal Díaz del Castillo de la presencia de ejemplares overos que fueron poco valiosos.
Felipe II, con motivo de su matrimonio con María Tudor en 1554, envió a Inglaterra 80 caballos entre los que iban ejemplares overos y cuando el Archiduque de Austria Carlos II llevó en 1580 un total de 24 yeguas y 9 sementales para formar la Escuela de Equitación de Viena, también llevó ejemplares overos.
La presencia de caballos overos en localidades del sur peninsular, corrobora la existencia antigua de esta capa en los caballos de casta fina, actuales Pura Raza Española, así como en la raza Castellana. 

Caballo overo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Resulta paradójico que mientras estos caballos eran considerados débiles y enfermizos en la península Ibérica, al llegar a América se reprodujeron de manera asombrosa al igual que el resto de caballos.
La mayoría de los autores han estado siempre de acuerdo en que hasta el descubrimiento de América, no había caballos en dicho Continente aunque ahora esto se debate habiendo autores que aseguran que pequeños contingentes de caballos llevados por los Vikingos al norte de América lograron sobrevivir y prosperar. 
A principios del siglo XVII ya se cita la presencia de caballos salvajes en el oeste de América procedentes de caballos escapados o deliberadamente abandonados por los conquistadores, al igual que ocurrió con los bovinos o los caprinos. No tardaron ciertos pueblos nativos como los Apaches y Comanches en redomesticar al caballo y utilizarlo como animal de montura y carga.

Yegua overa.
(c) José García Prieto.

Los caballos overos, por su peculiar capa, fueron criados por los nativos americanos porque, según algunos autores, tendrían un significado mágico o totémico que desconocemos hoy en día. 
No obstante, es muy posible que los nativos comenzasen primero a ver a los caballos como animales de caza y que los caballos overos, por su peculiar coloración, tuviesen ventaja frente a los demás a la hora de camuflarse y pasar desapercibidos, convirtiéndose así en los caballos dominantes de praderas y bosques.

Yegua con potrillo overo.
(c) Miguel Alba Vegas.

Con el tiempo, los caballos overos ganaron popularidad entre los nativos y posteriormente entre los vaqueros del Salvaje Oeste americano. Ya en el siglo XX, con las famosas películas del Oeste, se popularizaron tanto que no es raro escuchar hoy la expresión caballo de los indios para referirse a cualquier caballo overo aunque esta peculiar capa es conocida en diversas razas como el Mustang, el Assateague-Chincoteaguee, el Choctaw y por supuesto en la raza PAINT. No sólo en América hay razas caballares con esta capa pues en Europa aparecen de manera esporádica en algunas razas, especialmente en aquellas que llevan sangre de caballos españoles.

Potro overo.
(c) Carlos González Sánchez.

¿Y en España?
Pues los caballos overos, hoy en día conocidos como pintos o píos como ya dijimos, siguen existiendo al haberse demostrado que no son en absoluto animales débiles y enfermizos como se decía antaño. Es frecuente ver a estos caballos pastando tanto en zonas de montaña como en dehesas y en zonas de clima seco como lluvioso siendo igual de resistentes que sus congéneres.

Caballos en una zona de alta montaña.
Obsérvese la presencia de un ejemplar overo.
(c) Jesús Carreras Delgado.

Entre nuestras razas autóctonas pueden aparecer ejemplares overos en algunas razas aunque la presencia de esta capa suele juzgarse como un carácter eliminatorio salvo en la raza Hispano-Bretona. En el caso del caballo de Pura Raza Española teniendo en cuenta la literatura zootécnica, podrían aparecer ejemplares con esta capa aunque no es algo deseable. También aparecería en la raza Marismeña en la que sí se admitirían.

Ejemplar overo de raza Hispano-Bretona.
(c) Silvestre de la Calle García.

Curiosa resulta el caso de la raza Pottoka criada en Euskadi y también en el País Vasco Francés. En España se admiten únicamente las capas negra y castaña muy oscura pero en Francia sí que se admiten las capas overas asegurando los criadores que los caballos con tal capa procedían siempre de Bizkaia donde ya hay referencias de animales overos a mediados del siglo XIX. Esto genera un gran debate ya que estos caballos gustan mucho a los niños y jinetes juveniles por ser los caballos de los indios.

Pottokas de capa castaña, negra y overa.
(c) Ana Belén Bermejo Pérez.

Aún así, estos caballos son populares en España perteneciendo a las razas americanas citadas y algunas más así como entre aquellos criadores que no buscan la cría de caballos de raza sino de animales funcionales adaptados a diferentes sistemas de explotación y aptitudes productivas o simplemente por capricho como hicieron aquellos caballeros de antaño.

Ejemplar overo en una zona de alta montaña.
(c) Jesús Lucas Sánchez.

En el norte de España, por ejemplo, donde los caballos de aptitud cárnica tienen cada vez más importancia, son muy populares los caballos overos ya sean Hispano-Bretones o caballos de monte, formando a veces pequeñas pero vistosas yeguadas. Como ocurre con las vacas y especialmente con las de raza Frisona, estos animales reciben la denominación de pintos.

Yeguas pintas con sus crías.
(c) Miguel Alba Vegas.

No podemos terminar este artículo sin aclarar que el término overo, poco utilizado hoy, se utilizaba en el pasado para designar a todos los caballos manchados pero hoy existen varios términos similares para designar capas manchadas pero que presentan ciertas diferencias:

- Overo: Capa pinta mayoritariamente blanca con al menos una extremidad coloreada y principal asiento del color en los costados, partiendo del vientre y extendiéndose hacia el tronco y cuello sin pasar la línea dorsolumbar y con contornos irregulares.

- Tobiano: Predominio de las zonas coloreadas sobre las blancas que afectan a la zona dorsolumbar y la parte alta de las extremidades con contornos precisos y netos. Es el más abundante en España.

- Tovero: Capa pinta con predominio del color blanco.

- Sabino: Capa pinta con pequeñas manchas blancas distribuidas por todo el cuerpo aisladas o fusionadas y con contornos irregulares. La cabeza suele ser blanca y los calzados de las patas sobrepasan las rodillas y corvejones.
Esta capa era conocida rosilla en la terminología clásica.

- Leopardo: Pequeñas manchas distribuidas por todo el cuerpo que es de color claro pero no completamente blanco.

- Enmarcado: Similar al overo con el cuello y costados blancos. Muy raro.

- Bajos blancos: Parte inferior del cuello, pecho, vientre, cola y extremidades de color blanco con límites bien perfilados.

Yegua tovera.
(c) José García Prieto.

Todas estas capas que englobamos en el término clásico overo, se producen al cruzar entre sí individuos homocigóticos o heterocigóticos. 
En el caso de los caballos overos propiamente dichos, la capa overa surge como resultado de un gen heterozigote recesivo frente a las capas simples. Según las leyes de Mendel se tendrían que cruzar individuos con el gen xO que producirían la siguiente descendencia:

- xx
- xO
- Ox
- OO

Los individuos con el gen xx no serían pintos mientras que los embriones con el gen OO resultarían inviables. La predicción de la capa de la descendencia entre una pareja de caballos overos es verdaderamente complicada por ser heterocigótica además de acarrear ciertas dosis de pleiotropía patológica que daría lugar a efectos como la sordera y otros problemas. 

Yegua con potro overo.
(c) José García Prieto.

Precisamente de ahí, procedería el dicho medieval que da título a este artículo. Al intentar cruzar sementales overos con yeguas de la misma capa, en más de una ocasión surgirían animales con algún problema de salud y los criadores, que no sabían explicar el motivo de tales patologías, preferirían no criarlos.
Sin embargo, debido a genes recesivos, pueden nacer potros de las diversas capas que hemos englobado en el término overo, de padres de cualquier coloración.

Yegua con potrillo overo.
(c) Miguel Alba Vegas.

A MODO DE EPÍLOGO.
Los caballos overos, pintados ya en cuevas por los cazadores paleolíticos, consiguieron sobrevivir en el tiempo y pese a las primeras crónicas de la conquista de América en la que leemos que muchos caballos overos no fueron buenos para cosa alguna, prosperaron de tal manera que dieron lugar a razas plenamente fijadas y consolidadas. En España siguieron criándose y hoy en día ya los vemos en cualquier yeguada incluso en nuestras montañas y dehesas sin estar atados en la puerta del albéitar o del gran caballero.

Caballo overo en una zona de montaña.
(c) Jesús Lucas Sánchez.

Bibliografía y fuentes consultadas:

- Sánchez Belda, A. (2012) Razas Ganaderas Españolas Caballares. Colección FEAGAS.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico forestal.

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