LA NIEVE Y LOS GANADEROS
España es un país que, por su posición geográfica, tiene un clima templado pero lo cierto es que existe una gran variabilidad climática desde zonas de clima subtropical a otras con clima de montaña. Así en la mitad norte peninsular y en las zonas montañosas, las nevadas son frecuentes en invierno.
Precisamente las zonas en las que más nieva, son aquellas en las que la ganadería es la principal actividad económica lo que obliga a los ganaderos a seguir formas de manejo que les permitan proteger a su ganado.
David con una de sus vacas en la nieve.
La Horcajada (Ávila).
(c) David Moreno Duel.
Para aquellas personas ajenas al mundo ganadero, la nieve se asocia con la Navidad, el turismo, los deportes invernales...y se considera "algo bonito" pero para los ganaderos, especialmente para los que mantienen a sus animales en sistemas extensivos, supone un aumento extra de trabajo y también un aumento de los costes de producción ya que suele llevar consigo el traslado del ganado a otros lugares, la estabulación y/o la suplementación alimentaria.
Paisaje nevado con corrales ganaderos.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
España cuenta con una gran diversidad de razas ganaderas de todas las especies, estando todas ellas perfectamente adaptadas al terreno en el que viven y donde fueron seleccionadas durante siglos no sólo mediante la selección artificial llevada a cabo por los ganaderos para obtener animales más productivos sino también por la selección natural por la que sobrevivían y prosperaban los animales más rústicos.
Ovejas Churras en la nieve.
Villar del Buey (Zamora)
(c) Antonio Vázquez Marino.
Así, en la mitad norte peninsular y especialmente en las zonas más frías y montañosas, surgieron razas sumamente rústicas y capaces de soportar bajas temperaturas y nevadas permaneciendo al aire libre y alimentándose de los escasos recursos naturales disponibles, sobreviviendo muchas veces a costa de las reservas de grasa acumuladas durante el resto del año de forma similar a como hacen los herbívoros salvajes.
Pero cuando se pretende que el ganado no sólo sobreviva sino que también produzca para que su cría sea rentable, debe recibir una serie de cuidados que pueden ir desde su traslado a zonas más bajas y abrigadas hasta la estabulación en alojamientos especialmente diseñados para tal fin, pasando también por el suministro de alimento in situ.
Vacas comiendo en la nieve.
(c) Juan Martorell Gargallo.
La tolerancia del ganado al frío y la nieve varía en función de las razas pero sobre todo de las especies. Así, vacas y caballos, que surgieron de la domesticación de especies silvestres que durante miles de años habitaron las frías estepas europeas durante la última glaciación como el uro o toro salvaje y el caballo salvaje, soportan a la perfección las condiciones climatológicas más adversas.
Los asnos o burros descienden del asno salvaje africano por lo que son animales bastante sensibles al frío aunque en España contamos con algunas razas muy adaptadas al frío y a la nieve gracias a su largo y denso pelaje.
Ovejas y cabras, que descienden de especies salvajes que aún habitan en las montañas de Oriente Medio, soportan muy bien el frío pero no la humedad constante, la lluvia y la nieve durante periodos prolongados de tiempo por lo que en invierno necesitan ser trasladadas a zonas libres de nieve o ser estabuladas en edificios adecuados.
Los cerdos domésticos actuales, descendientes del jabalí que aún habita en estado salvaje en nuestros montes, poco se parecen a este último mamífero y no están preparados para sobrevivir al aire libre durante el invierno, motivo por el que en las regiones norteñas y montañosas de la península Ibérica, los cerdos se crían mayoritariamente en sistemas intensivos o semiextensivos con estabulación invernal.
Cerda con sus cochinillos en el interior de una cuadra.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Los conejos, descendientes de nuestro conejo de campo, se han criado siempre de manera intensiva. Son animales poco adaptados a la nieve por lo que en estado salvaje habitan en regiones de clima mediterráneo.
Las gallinas domésticas descienden de aves que habitan en las selvas del sudeste asiático por lo que en zonas donde nieve con frecuencia, deben pasar el invierno a cubierto.
Patos y ocas, son aves con antepasados silvestres en Europa, los cuales migraban y migran desde el centro y norte del Continente a las penínsulas sureñas. En estado doméstico, pueden soportar el frío y las nevadas gracias a que acumulan grasa.
No podemos olvidarnos de ciertas especies ganaderas exóticas para las que la nieve les recuerda sus tierras de origen. Nos referimos a las alpacas y a los yaks. Las primeras, cada vez más comunes en España, provienen de los altiplanos andinos por lo que soportan a la perfección el invierno mientras que los yaks, bóvidos oriundos de las montañas de Asia Central y que son los grandes mamíferos que pueden vivir a mayor altitud, son cada día más frecuentes en zonas como los Pirineos. Estas especies aguantan a la perfección la nieve.
Decíamos al comienzo de este artículo, que las soluciones principales seguidas por los ganaderos ibéricos a lo largo de los siglos para proteger al ganado de la nieve, son fundamentalmente tres: traslado hacia zonas bajas y/o cálidas, estabulación y alimentación suplementaria.
Hablemos un poco de cada una de ellas.
Durante miles de años, la práctica de la trashumancia ha permitido a los ganaderos de la península Ibérica mantener grandes cantidades de ganado que durante los meses estivales pasta en las zonas montaña y en invierno en los valles y zonas bajas situadas en ocasiones a grandes distancias.
Estos desplazamientos cíclicos se realizaban a pie por las vías pecuarias y podían prolongarse durante semanas, recorriendo el ganado distancias superiores a los 500 kilómetros.
Hoy en día, muchos ganaderos siguen realizando estos desplazamientos a pie. Generalmente, se trata de vaqueros trashumantes y trasterminantes aunque todavía quedan algunos cabreros y pastores que realizan trashumancia a pie entre la Cordillera Cantábrica y las dehesas extremeñas como Paco Morgado o José Manuel Sánchez.
La trashumancia en camión se va imponiendo debido a se necesita menos mano de obra y a que ni ganado ni ganaderos tienen que sufrir las complicaciones derivadas del mal estado de las vías pecuarias ni las inclemencias meteorológicas.
Vaca Avileña-Negra Ibérica de variedad Bociblanca de capa Bardina bajando de un camión.
Barajas (Ávila).
(c) Juan Manuel Yuste Apausa.
Así, el ganado trashumante vive en una "eterna" primavera, pasando el invierno en dehesas de zonas templadas donde el frío y las heladas son menores que en las montañas y donde la nieve aparece muy de vez en cuando y sólo durante brevísimos periodos de unas pocas horas.
El ganado trashumante o trasterminante no se encuentra exento del riesgo de sufrir los efectos de las nevadas otoñales tempranas si bien éstas suelen cubrir el suelo durante unas pocas horas o a lo sumo días y permiten pronto que el ganado continúe con su vida aunque sirven para poner en alerta a los ganaderos para comenzar a organizar el viaje hacia tierras bajas.
Puede darse el caso de que antes de que el ganado pueda marchar a los pastos de invierno, tengan lugar nevadas verdaderamente copiosas que obliguen a los ganaderos a alimentar a los animales con forrajes desecados y pienso, una ventaja respecto a épocas pasadas en las que esto era más complicado al no disponer de alimento o como mucho de heno segado durante el verano.
De hecho, en muchas zonas donde la trashumancia era práctica habitual, era frecuente mantener al ganado en la zona hasta que se agotaban las reservas de heno que los ganaderos habían podido almacenar, costumbre que aún persiste en ciertos lugares y que está condicionada por la disponibilidad o no de pastos propios en las zonas de invernada, ya que cuando los pastos son alquilados, los ganaderos tienen que ajustarse a un calendario ajeno a su voluntad y a las condiciones meteorológicas. También los saneamientos ganaderos van a condicionar el momento de la marcha.
Vacas Avileñas con sus terneros alimentándose en la nieve.
Las Navas del Marqués (Ávila).
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.
En otras ocasiones, especialmente cuando se trata de ganaderías pequeñas o en zonas en las que la trashumancia de largo recorrido no ha sido una actividad habitual a lo largo de los siglos, se recurre a la realización de desplazamientos más cortos denominados trasterminancia, realizando recorridos inferiores a los 100 kilómetros entre los pastizales de verano y los de invierno.
Vacas camino de las dehesas de invernada.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Vacas, caballos, ovejas y cabras han sido las especies que tradicionalmente han realizado la trashumancia y la trasterminancia en España y en muchas zonas la siguen realizando hoy en día.
Cuando el ganado llega a zonas bajas pero en las cuales el invierno es muy lluvioso e incluso pueden producirse nevadas, se recurre a la estabulación, práctica consistente en mantener a los animales encerrados durante todo el día o bien durante la noche en cuadras y naves.
Este sistema ha sido muy popular desde tiempo inmemorial en la Cordillera Cantábrica y otros puntos del norte peninsular así como en las zonas montañosas. El ganado permanecía durante el invierno alojado en cuadras situadas a menudo en la planta baja de la vivienda o en edificios contiguos así como en cobertizos situados en corrales o cercados junto a las viviendas.
En algunas zonas también se construían edificios exclusivos para el alojamiento del ganado los cuales contaban con una planta baja para encerrar al ganado y una superior para almacenar el alimento que se suministraría durante el invierno.
Corral tradicional.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
También existían curiosas, rudimentarias pero eficaces formas de almacenar el alimento, fundamentalmente heno y paja, en pleno campo. Se trataba de la fabricación de los almiares. Alrededor de un poste de madera clavado en el suelo, se iba colocando la materia vegetal a almacenar comprimiéndola conforme se iba ascendiendo en altura y dándole una forma de cono para permitir que la lluvia y el agua no mojasen el interior.
El principal inconveniente de este sistema era la imposibilidad de mantener un gran número de animales además de tener que almacenar durante el verano suficiente alimento para que el ganado pudiese sobrevivir en invierno. La principal reserva alimenticia la constituían el heno y la paja de cereales así como el grano y algunos cultivos forrajeros.
Vacas Pardas de Montaña con sus terneros en una cuadra tradicional.
Molleda (Cantabria)
(c) José Molleda.
Suponía también un gran trabajo el tener que limpiar constantemente el estiércol teniendo además que distribuir materia vegetal seca como paja, helecho, hojas secas de árboles... para que sirviesen de cama a los animales si bien este trabajo tenía su recompensa al proporcionar un valioso abono para prados y terrenos de cultivo.
Hoy en día, cuando se sigue este sistema, el ganado suele estabularse en naves modernas con un pasillo central desde el que se distribuye el alimento al ganado que permanece atado o suelto a ambos lados de dicho pasillo.
Estas naves cuentan con dependencias anexas para el almacenamiento de los forrajes y demás alimentos para el ganado los cuales se distribuyen a menudo utilizando tractores.
Finalmente, existen muchos ganaderos que no realizan desplazamientos de ningún tipo pero que tampoco disponen de instalaciones para estabular al ganado durante el invierno o al menos no para todo el ganado que poseen, permaneciendo los animales todo el año en el campo.
Normalmente, en estas explotaciones se realizan cortos desplazamientos entre parcelas situadas dentro del mismo término municipal e incluso el ganado puede subir durante el verano a pastizales de montaña o permanecer durante gran parte del año en montes públicos conocidos popularmente como comunales.
Los ganaderos que deciden quedarse todo el año en el mismo lugar, son los que tienen que afrontar situaciones más duras al soportar los temporales de lluvia y nieve y las gélidas temperaturas invernales y al mismo tiempo las sequías y elevadas temperaturas del verano.
Esperanza de la Cruz Caselles.
Aguantando lo que venga...y más.
Pascualcobo (Ávila).
(c) Ganadería Julián García y Esperanza de la Cruz.
Esto obliga a mantener animales extraordinariamente rústicos, sobrios y resistentes, a menudo de razas autóctonas en peligro de extinción ya que habitan en terrenos y soportan condiciones tan duras que ninguna otra raza que no sea autóctona de la zona de cría, conseguiría aguantar.
Vaca Avileña-Negra Ibérica variedad Bociblanca capa Bardina.
Cardeñosa (Ávila)
(c) Juan Francisco Mayo Sanchidrián.
Durante el verano, los ganaderos estantes, que es como se conoce a aquellos que permanecen todo el año en el mismo lugar, procuran cosechar o adquirir el alimento necesario para mantener a sus animales en invierno, siendo frecuente la cosecha y siega de cereales, alfalfa, heno....
Cuando esto no es posible por no disponer de tierras, lo adquieren comprándolo directamente a los productores o a intermediarios dedicados a la compraventa de paja y cereales siendo muchos los ganaderos que están agrupados en cooperativas para este fin.
Los forrajes y piensos son almacenados en naves desde las que se distribuyen al ganado transportándolos mediante vehículos todoterreno y tractores ya que en muchos casos las naves no pueden construirse en el terreno en el que pastan los animales por tratarse de fincas alquiladas.
Cargando un paquete de paja con el tractor en el coche junto a una nave.
Pascualcobo (Ávila).
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
Hoy en día, es común el uso de grandes paquetes o rulos de paja y forrajes que tienen que ser manejados con maquinaria pero en el pasado se realizaban paquetes pequeños para facilitar su almacenamiento y manejo ya que muchos ganaderos no disponían de maquinaria. Se transportaban entonces desde las naves o lugares de almacenamiento hasta las parcelas en las que se encontraba el ganado a lomo de caballerías o en carros.
Esta práctica ya casi ha desaparecido aunque en zonas de alta montaña aún quedan ganaderos que la llevan a cabo, especialmente cuando la nieve impide la circulación de vehículos.
Los forrajes desecados se suministran al ganado directamente en el suelo si este está seco. Aunque la nieve lo cubra todo, si es nieve dura, esto no plantea grandes problemas ya que el ganado consume el forraje con rapidez y sin que se eche a perder.
A la hora de distribuirlo, los ganaderos deben repartirlo en tantos montones como animales, generalmente vacas, haya en la parcela para así evitar peleas. Esto supone un aumento de trabajo pero a la larga evita problemas mayores.
También puede depositarse el forraje en comederos especiales denominados pajeras, los cuales son especialmente útiles cuando hay pocas vacas.
Vacas Avileñas comiendo forraje en la nieve.
Pascualcobo (Ávila).
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
El reparto del forraje se suele realizar desde vehículos todo terreno tipo pickup en los que los paquetes de paja son cargados en la parte trasera. Mientras que una persona va conduciendo, otra va esparciendo el forraje por el suelo.
Reparto del forraje con todoterreno.
Pascualcobo (Ávila).
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
En otras ocasiones se utilizan tractores y remolques, especialmente en fincas totalmente llanas o cuando hay muy poca nieve.
El pienso también puede distribuirse de la misma forma siempre y cuando se trate de pienso en forma de tacos que permite un mejor aprovechamiento por parte del ganado.
Vaca Avileña comiendo pienso en forma de tacos en la nieve.
Pascualcobo (Ávila)
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
Cuando se trata de pienso en formato de harina o el terreno está bastante húmedo, es aconsejable utilizar comederos de hormigón o envases metálicos, plásticos etc...
Para distribuir el pienso, lo más habitual es que los ganaderos carguen con el saco al hombro y lo vayan distribuyendo en los comederos o directamente en el suelo cuando se trata, como dijimos más arriba, de pienso en forma de tacos.
Al consumir alimento seco, el ganado tiene que beber mucha agua por lo que es imprescindible vigilar la disponibilidad de este recurso. Si la parcela no dispone de fuentes, manantiales o charcas permanentes, será necesario proporcionar agua al ganado o construir bebederos, asegurándose de que no se hielan.
Vacas bebiendo en una charca.
Pascualcobo (Ávila).
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
Uno de los grandes problemas que plantea el manejo extensivo estante del ganado en zonas con inviernos crudos en los que son habituales las nevadas, es la paridera de las hembras por lo que los ganaderos deben organizarla muy bien para evitar el nacimiento de crías en la época de nevadas, especialmente en el caso del ganado menor ya que el ganado mayor y particularmente las vacas, presenta menos problemas en ese aspecto.
Es posible que puede parecer una temeridad llevar a cabo este sistema de explotación ya que los primeros ganaderos fueron trashumantes que seguían a los rebaños en sus migraciones naturales. Sin embargo, debemos a los primeros ganaderos que se atrevieron a desafiar al invierno, la fundación de nuestros pueblos y ciudades, construyendo primero albergues para ellos y alimentando al ganado al aire libre y posteriormente edificando cuadras que darían lugar con los siglos a las modernas naves para estabular al ganado.
Hemos visto en este apartado, fundamentalmente fotografías de vacas y es que, como ya se dijo, estos animales son los más resistentes frente al frío y la nieve, al igual que los caballos.
Sin embargo, ovejas y cabras pueden pastar en terrenos cubiertos de nieve, especialmente las segundas al ser capaces de alimentarse de hojas, ramas, etc...
El principal problema para las cabras y ovejas es que resisten mal la humedad constante y la nieve puede suponer fácilmente la muerte para las crías, motivo por el que en zonas con inviernos muy crudos, las cabras y ovejas no se explotan permanentemente al aire libre.
Conforme se avanza hacia el sur de la península Ibérica, las nevadas son menos frecuentes salvo en zonas montañosas en las que no suele haber mucho ganado en invierno. Al ser zonas relativamente secas en verano, la nieve en las cumbres se valora mucho por ser una reserva de agua importante para los meses estivales.
Vaca Avileña-Negra Ibérica variedad Bociblanca de capa Bardina.
Al fondo el pico Ocejón (Guadalajara).
(c) SAT Campillo de Ranas.
Volviendo al ganado estante que pasa el invierno en zonas donde sí que son frecuentes las nevadas, es preciso decir que los ganaderos están preparados para manejar a su ganado en tales circunstancias aunque como bien dice David Bernaldo de Quirós Pablo, ganadero de la localidad abulense de las Navas del Marqués (Ávila) y que es uno de los principales colaboradores de este blog:
"Yo no quiero ni ver la nieve.
Que se vaya ya mismo.
Dicen que tiene que nevar, pero yo no la quiero porque me complica la vida mucho. Que nieve en los Pirineos."
Terneros en la nieve.
Las Navas del Marqués (Ávila).
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.
Como muchos ganaderos, David sufrió en 2021 los efectos de la terrible y famosa borrasca Filomena. Nos cuenta que este invierno no ha nevado en comparación con lo que fue aquello, ya que entonces la nieve llegaba casi hasta la tripa de las vacas.
Vacas durante la borrasca Filomena.
Las Navas del Marqués (Ávila).
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.
"Esto de los nevazos nos complica mucho la vida porque hay que echar más forraje, con el coche se anda mal, con el tractor se tarda mucho..."
Esperanza de la Cruz Caselles echando de comer a las vacas.
Pascualcobo (Ávila).
(c) Ganadería de Julián García y Esperanza de la Cruz.
Bien sabemos que el invierno es una época dura para los ganaderos que mantienen ganado extensivo en la mayor parte de España, tal y como se dijo en el artículo LOS GANADEROS EN INVIERNO publicado en enero de 2024 en este mismo blog y que animamos a consultar al lector que lo desee, pero cuando la bonita nieve hace su aparición, las cosas son aún más difíciles para los ganaderos si es que eso es posible...
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) es un pequeño pueblecito ganadero situado en las estribaciones occidentales de la vertiente sur de la Sierra de Gredos. Durante siglos, el principal sustento de sus habitantes fue la cría de ganado caprino. Pese a las frecuentes nevadas, cada mañana, los cabreros salían con sus piaras al campo en las zonas medias y bajas de la sierra donde, aunque nevase, la nieve se quitaba pronto.
Julián Leal con su piara de cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Durante la noche, con el fin de resguardarlas de las inclemencias meteorológicas, las cabras eran encerradas en corrales, sencillas edificaciones de una sola planta con muros de piedra seca y tejado de madera y tejas con una sola vertiente.
Hasta mediados del siglo XX, casi 4.000 cabras soportaban el duro invierno guijeño, quedando actualmente menos de 400 cabezas.
Corral de cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Corral de vacas
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Hoy en día, las casi 1.000 vacas del municipio, son llevadas en invierno y primavera a las dehesas de las zonas bajas libres de nieve, quedando en el pueblo solamente algunas vacas a las que las nevadas ocasionadas por la borrasca Ingrid en los últimos días han sorprendido en los prados más altos donde los vaqueros las han alimentado con heno, paja y pienso, pudiendo la mayoría de ellas resguardarse en los confortables corrales que aún siguen cumpliendo su función.
Vacas en un prado nevado.
24 de enero de 2026.
(c) Ana Belén Bermejo Pérez.
NOTA FINAL DEL AUTOR Y DEDICATORIA.
Quiero que este artículo sea un sencillo pero sincero homenaje a todos los ganaderos españoles, de una manera especial a los que mantienen su ganado en sistema extensivo estante en zonas nevadas estos días y por encima de todo a aquellos que han colaborado en este artículo.
Pero no puedo terminar sin dedicarlo a la memoria de una persona muy especial, mi abuelo Antonio Leandro de la Calle Jiménez (1924-2022), vaquero durante décadas y que me contaba muchas veces lo que suponía tener que ir cuando nevaba hasta los corrales de El Toril para atender a las vacas. Cierro este artículo con una fotografía del Corral de Arriba de El Toril que perteneció al padre de mi abuelo Antonio, Alonso de la Calle Jiménez (1892-1950), vaquero e hijo y nieto de vaqueros.
Técnico Forestal.
Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara.
















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