ROYAL GIFT: EL BURRO DEL PRESIDENTE

Puede parecer que un burro es un regalo sin valor alguno pero cuando en pleno siglo XVIII Carlos III, rey de España, regaló un burro a George Washington, futuro presidente de los Estados Unidos de América, la cosa cambia bastante. Pero ¿Cómo fue esto posible y para qué quería Washington un burro español?

Burro Zamorano.
(c) Silvestre de la Calle García.

Desde tiempo inmemorial, la península Ibérica era famosa por sus mulos que, como es bien sabido son el resultado del cruzamiento entre un burro macho o garañón y una yegua mientras que del apareamiento de un caballo semental con una burra se obtienen los burdéganos.
Para entender mejor todo esto, remitimos al lector interesado al artículo titulado EL MULO: ÉXITO DE LA GANADERÍA publicado en este mismo blog.

Ángel de la Calle Vicente con su mulo.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Silvestre de la Calle García.

Los mulos eran muy apreciados como animales de trabajo, empleándose para tiro, carga y silla especialmente en regiones secas y montañosas donde el pasto fresco escaseaba y donde la cría de bueyes no resultaba rentable pero donde al mismo tiempo se necesitaba un animal más fuerte que el burro aunque igualmente sobrio y menos delicado que el caballo, que siempre fue poco utilizado en la Península como animal de tiro y carga.

Mulo.
(c) Antonio Jesús Sancho Reyes.

La gran importancia que adquirió la cría de mulas en la Edad Media hizo que los reyes tuvieran miedo por el posible descenso del número de caballos tan necesarios para la guerra. Ya Alfonso X o Enrique III dictaron leyes para regular la cría de mulas pero sería Enrique IV quien en 1462 prohibiría la cría de mulas al sur del río Tajo con el fin de preservar los caballos de casta fina, antepasados directos de los actuales Caballos de Pura Raza Española. 
Esta medida, con algunas excepciones, sería mantenida por todos los monarcas posteriores hasta 1834, fecha en la que se permitió la cría de mulas a nivel nacional aunque todavía con algunas pequeñas restricciones.

Yegua con muleta.
Talayuela (Cáceres).
(c) Isidro Pérez Jiménez.

Paradójicamente, esa prohibición de criar mulos favoreció grandemente a los burros ibéricos. En el sur peninsular, se necesitaban burros grandes para el trabajo de forma que sustituyesen completamente a las mulas mientras que en el norte, donde sí que se podían producir mulos, las yeguas autóctonas eran demasiado pequeñas por lo que interesaba igualmente disponer de burros grandes para utilizarlos allí donde la cría de bovinos de labor no resultase rentable para los labradores.

Jesús Marina Jiménez arando con una yunta de burras.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.

Y fue así como George Washington (1732-1799), tras haber sido Comandante en Jefe del Ejército Continental entre 1775 y 1883, puso sus ojos en los burros criados en España.
El Padre de la Patria vivió unos años retirado en su finca de Mount Vernon (Virginia) dedicado a lo que realmente le gustaba y que no era otra cosa que ser granjero. 
Considerando la importancia de las mulas para el desarrollo del transporte y la economía del recién nacido país, puso sus ojos en los garañones españoles.

Mulo trabajando en un campo de tabaco.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Aunque en España estaba prohibida la exportación de garañones vivos, ya habían sido llevados a Francia durante el reinado de Felipe V por lo que George Washington, a través de José Moñino Redondo (1728-1808), conde de Floridablanca, pidió que el rey Carlos III (1716-1788) le enviase algún garañón. Otras versiones dicen que fue el propio monarca quien hizo tal regalo por voluntad propia.

George Washington
Retrato pintado por Gilbert Stuart.

Sea como fuere, lo cierto es que en 1785 fueron adquiridos en Zamora dos magníficos garañones que fueron conducidos hasta Bilbao para ser llevados desde allí en barco hasta América. Uno de los animales murió durante la travesía pero el otro llegó a su destino donde fue bautizado como Royal Gift (Regalo Real). Toda esta operación tuvo un coste de 16.520 reales de vellón. 

Garañón Zamorano-Leonés.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.

Llegado el burro a Estados Unidos, George Washington envió una carta al Conde de Floridablanca expresando su gratitud al rey Carlos III:

"Señor, estoy en deuda con Su Católica Majestad, que me ha honrado con su regalo. El valor del mismo es en sí muy grande, pero por la mano y el modo en que se entregan resulta inestimable. Por tanto, permita que le ruegue, señor, que le dé de mi parte al rey las gracias por los burros con los que graciosamente ha tenido a bien obsequiarme y comunique a Su Majestad mi ilimitada gratitud por un gesto tan condescendiente de su real atención y favor."

Carlos III de España.
Retrato pintado por Anton Raphael Mengs.

Con esto, George Washington, que se convertiría en el primer presidente de los Estados Unidos de América entre 1789 y 1797, pretendía no sólo criar mulas sino mejorar la población de burros americanos siendo esa la base del Mammoth Jackstock of Kentucky o Burro Mamut Americano que fue creado mediante la importación a lo largo del siglo XIX de razas asnales europeas de gran tamaño entre las que pueden destacarse, además de la Zamorano-Leonesa, la Catalana o la Balear.

Burra con su cría.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Como vemos, España contribuyó de esta insólita manera a la formación de una de las grandes razas asnales del mundo base para la producción de las mulas, animales fundamentales para el trabajo agrícola y para la colonización del salvaje oeste americano antes la llegada del ferrocarril.
Hoy las mulas no tienen la importancia de épocas pasadas, pero aún se crían y utilizan para fines diversos en Estados Unidos.
Lo dicho para las mulas es válido también para los burros, que se han convertido ya en animales de capricho, lujo y exposición quedando atrás su utilización como bestias de trabajo.

Mulos.
(c) Antonio Jesús Sancho Reyes.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS:

- Mondelo, D. y García Nieto, E. (2017) Hermano asno. Ed. Diputación de Córdoba.

- Yanes García, J.E. (2005) Razas asnales autóctonas españolas. Ed. Ministerio de Agricultura.


Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico forestal.

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