LA VACA BETIZU
La Betizu es una de las razas bovinas más desconocidas de la península Ibérica. Caracterizada por su pequeño tamaño y aspecto de animal salvaje, se cría en zonas montañosas de Euskadi y Navarra encontrándose también ejemplares en el Iparralde o País Vasco Francés.
Vaca Betizu.
(c) Ibai Gartzia.
DENOMINACIÓN Y SINÓNIMOS.
La palabra Betizu viene del Euskera y vendría a significar "vaca huidiza" expresando el carácter recio e indómito de estos pequeños bovinos que pasan la mayor parte de su vida en zonas de monte y de bosque.
CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Agrupa animales de perfil recto, ligeramente alargados, de pequeño tamaño, con poca masa muscular y hueso ligero.
El color es trigueño con variaciones dependientes del sexo (más oscuro en los toros) y de la época del año.
Son animales ariscos, airosos, huidizos, con porte característico de la cabeza alzada y que no dudan en embestir si se ven acosados.
Vaca Betizu.
(c) Ibai Gartzia.
PROTOTIPO.
Cabeza grande y fina, nasales estrechos, frente ancha y plana, amplia en el macho y más estrecha en la hembra, de perfil recto a subcóncavo.
Orejas de tamaño medio, cubiertas interiormente de pelo fino y abundante cerumen.
Cara larga.
Ojos expresivos, ligeramente salientes y rodeados de aureola clara (ojo de perdiz).
Cuernos de desarrollo precoz, que suelen evolucionar con la edad hasta formas de lira o ligeramente en espiral. De sección circular, algo más aplanados en su nacimiento, de color blanco nacarado, más intenso en la base y con las puntas amarillas, considerándose defecto los cuernos en rueda caída y horizontal.
Suele presentar tupé de pelo liso que cubre la parte superior de la frente.
Cabeza de una vaca joven.
(c) Ibai Gartzia.
Cuello corto, grueso y musculado, con línea superior recta en la hembra, morrillo pronunciado en el macho y papada marcada en ambos sexos. Correctas inserciones de cabeza y espaldas.
Tronco de proporciones alargadas, profundo y costillares no muy arqueados.
Espalda corta y recta.
Cruz saliente.
Línea dorso-lumbar algo ensillada y ascendiente hacia la grupa.
Región lumbar de escaso desarrollo muscular.
Grupa y nalga reducidas y estrechas, marcándose las prominencias óseas, especialmente en las hembras.
Cola de nacimiento alto, larga y con abundante borlón.
Testículos normalmente desarrollados, bien descendidos y de correcta conformación anatómica.
Ubres pequeñas, rudimentarias y con abundante protección pilosa (pelos de lobo), con amplia inserción de los pezones.
Extremidades anteriores de mediana longitud y finas, las posteriores dan sensación de ser más largas.
Muslo y nalga de escaso desarrollo.
Aplomos correctos.
Pezuñas pequeñas, duras, resistentes al desgaste, cerradas y de color amarillo. Caminan apoyándose sobre la punta de las pezuñas, de modo que dejan huella redondeada.
Capa trigueña con variaciones desde el más claro al más encendido según el sexo y la estación, con decoloración centrífuga a nivel de bragada, periné, axilas, extremidades, morro y región orbitaria, sin existencia de pelos de otro color.
El pelo es abundante.
Piel gruesa blanco-amarillenta y mucosas visibles de color carne, sonrosadas, con lengua y mucosas visibles no pigmentadas.
Macho y hembras de raza Betizu.
(c) Ibai Gartzia.
Formato corporal reducido. Las vacas difícilmente llegan a 300 kilogramos de peso vivo y 110-120 cm de alzada a la cruz. Los machos son ligeramente mayores con un peso que ronda los 400-500 kilogramos y una alzada que no supera los 130 cm.
ORIGEN E HISTORIA.
El origen de la Betizu, como el de todas las vacas domésticas, está en la domesticación de las distintas poblaciones del uro, bovino salvaje que habitó en gran parte de Europa, Asia y el norte de África y que se extinguió en Polonia en 1627. Los uros eran animales enormes con machos que podía medir entre 170 y 200 cm de alzada y pesar más de una tonelada. De color oscuro en el caso de los machos y más acastañado en las hembras, tenían un comportamiento esquivo y huidizo como las Betizus actuales, no dudando en embestir si se veían acosados y la huida no era una opción.
Reconstrucción idealizada de un macho de uro con hembras y crías al fondo.
Imagen realizada con IA por Silvestre de la Calle García.
Al no tratarse de un animal plenamente salvaje sino que se cría en régimen semisalvaje o asilvestrado pero controlada por el hombre, no podemos decir que la Betizu desciende directamente de poblaciones de uros salvajes que quedaron acantonadas en la zona. Su aspecto recuerda al de los bovinos del tronco Rojo o Rubio Atlántico que desde el sur de la Península Ibérica puebla toda la costa atlántica europea, las islas Británicas y regiones de Centroeuropa.
Estos bovinos se extendieron desde el norte de África y el sur de Europa hacia el norte en el neolítico temprano dando lugar a multitud de poblaciones que derivarían en las razas actuales.
Vacas Retintas.
(c) Silvestre de la Calle García.
Lo que sí podemos decir, prácticamente con total seguridad, es que la Betizu es el bovino que pobló ancestralmente la Cordillera Pirenaica y del que descienden otras razas actuales como la Pirenaica, que vendría a ser la versión evolucionada de la raza y los bovinos bravos de Casta Navarra, incluidos durante mucho tiempo dentro de la raza de Lidia pero considerados hoy por la mayoría de autores y expertos como una raza totalmente independiente y posiblemente derivada de la Betizu tras un proceso de selección y mejora dando lugar también a los míticos toros Carriquirri.
Vaca Pirenaica con su ternero.
(c) Leire Amundarain Ganadutegia.
Aunque los primeros trabajos exhaustivos dedicados a la raza fueron publicados fundamentalmente en las décadas de 1970 y 1980, la Betizu es conocida desde tiempo inmemorial aunque no aparece mencionada como tal en la bibliografía.
Existen documentos que mencionan ya en el siglo XVI la celebración de espectáculos taurinos en Sangüesa (Navarra), utilizándose ganado procedente de vacadas concejiles y de particulares. Eran denominados toros del país por ser los autóctonos de la zona.
Durante los siglos XVII y XVIII serán muy comunes las menciones de este tipo de toros los cuales se utilizaron hasta el siglo XIX. Todo apunta a que se trataba de bovinos de raza Betizu.
La historia actual de la raza comienza con su reconocimiento oficial e inclusión en el Catálogo de Razas de Ganado de España mediante el Real Decreto 1682/1997, reafirmado por Orden de 16 de marzo de 1999 publicada en el BO del Gobierno Vasco que establece la Reglamentación Especificada de creación y funcionamiento del Libro Genealógico, ratificada por Orden de 26 de diciembre de 2001.
Vaca Betizu.
(c) Ibai Gartzia.
EXTENSIÓN E IMPORTANCIA.
La Betizu se encuentra extendida por Euskadi y Navarra. El último censo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, realizado el 31 de diciembre de 2025, arroja las siguientes cifras:
- NAVARRA: 436 reproductoras y 36 sementales. El número de animales de todas las edades es de 659 hembras y 142 machos, sumando la cifra de 801 ejemplares repartidos en 19 ganaderías.
- PAÍS VASCO: 252 reproductoras y 14 sementales. El número de animales de todas las edades es de 375 hembras y 91 machos, sumando en total 466 ejemplares repartidos en 22 ganaderías.
Por lo tanto, quedan en toda España 1.034 ejemplares repartidos en 41 ganaderías en Navarra y las provincias vacas de Bizkaia y Guipuzkoa.
Estos datos sitúan a la Betizu en gravísimo peligro de extinción ya que fuera de España sólo subsisten algunos ejemplares en zonas fronterizas, de Francia.
EXPLOTACIÓN Y MANEJO.
Como dijimos anteriormente, la Betizu no es un animal salvaje sino una raza bovina sujeta a la legislación vigente para cualquier vacuno doméstico pero explotada en régimen extensivo puro y a menudo semisalvaje con escaso control por parte del hombre, similar al sistema de manejo seguido por otras razas ibéricas como la Marismeña de Doñana, la Albera del extremo oriental del Pirineo o la Monchina, que habita en la confluencia de Castilla y León, Cantabria y Euskadi. Incluso la propia raza Terreña de Euskadi sigue en ocasiones un régimen parecido.
Vaca Betizu con su ternero en una zona boscosa.
(c) Ibai Gartzia.
Tradicionalmente se alimentaban exclusivamente de lo que la naturaleza ofrecía y sólo en casos excepcionales, se les dejaba algo de heno en la parte baja del monte cuando el campo negaba todo auxilio. Eran consideradas como poco precoces ya que no entraban en celo hasta pasados los 3 años y su régimen reproductivo solía ser de un parto cada dos años aunque eran animales verdaderamente longevos.
Toro Betizu.
(c) Ibai Gartzia.
Hoy, con las mejoras de manejo sobre todo en lo referente a la alimentación, las cualidades reproductivas han mejorado y no son muy diferentes a las de cualquier vaca de cría extensiva.
El ganado es vigilado periódicamente por los ganaderos y recogido para realizar las pertinentes campañas de saneamiento y otras operaciones de manejo como identificación de terneros, elección de la recría, selección de los animales de desecho y desvieje, colocación de cencerros...
APTITUDES Y TIPOS DE PRODUCCIÓN.
La raza Betizu se explota fundamentalmente para la producción de carne sin que ello suponga especialidad alguna.
Los terneros nacen muy pequeños y su ritmo de crecimiento es bastante lento si bien existe un estudio realizado hace ya tiempo por el Instituto Técnico de Gestión Ganadera de Navarra que arroja los siguientes datos sobre el cebo de machos:
- Peso al destete con unos 12 meses: 195 kg.
- Duración del periodo de cebo: 103 días.
- Peso al sacrificio: 320 kg.
- Reposición total: 125 kg.
- Índice de transformación: 5,32 kg.
- Rendimiento en canal: 53,2 %
- Conformación (sistema EUROP): O+
Más allá de estos datos, debemos considerar que se trata de una carne natural de calidad y sabor excepcionales procedente de animales criados de manera semisalvaje como ya hemos anotado reiteradamente.
En el pasado, fue una raza sin aptitud definida y que "valía para todo", llegando algunas vacas a "domesticarse" y a ser sometidas a ordeño, alcanzando asombrosas producciones de hasta 15 litros diarios de leche al principio de la lactación y destinándola a la elaboración de quesos típicos como el Orbaiceta, que era similar al de Roncal elaborado este último con leche de oveja.
También existen datos del uso de machos castrados como cabestros para el manejo de ganado de Lidia. Desconocemos si en alguna ocasión machos castados de la raza fueron empleados como bueyes de trabajo. Su pequeño tamaño, no sería problema ya que razas aún más pequeñas como la Cachena, eran muy apreciadas para el trabajo.
Sin embargo, su utilidad más común en el pasado era el empleo de novillos e incluso vaquillas para festejos populares, devolviéndose posteriormente a su propietario. Esta utilidad pretende recuperarse en nuestros días.
COMERCIALIZACIÓN.
Como muchas otras razas autóctonas españolas, la Betizu cuenta con el LOGOTIPO RAZA AUTÓCTONA 100% que garantiza la procedencia de su carne.
No obstante, su carne no está amparada actualmente por ninguna IGP (Indicación Geográfica Protegida) por lo que sería interesante incluirla dentro de las existente en el área de cría (EUSKAL OKELA y TERNERA DE NAVARRA) o crear una específica para la raza.
Interesante es regularizar también el uso de los animales adultos en festejos taurinos populares como los realizados durante siglos en el área de influencia de la raza y que no implicaban en ningún caso la muerte del animal.
PERSPECTIVAS FUTURAS.
De todo lo dicho hasta ahora se desprende que la Betizu es una raza mayoritariamente de aptitud cárnica no especializada cuantitativamente pero sí cualitativamente y que puede ser utilizada para festejos taurinos diferentes a la tauromaquia clásica.
Sin embargo, por sus peculiares características y sistema de explotación, es una reserva genética y un patrimonio de grandísima importancia por lo que merece ser conservado.
En los lugares que habita, la Betizu ocupa un puesto importantísimo como herbívoro manteniendo controlado el crecimiento de pastos y matorrales evitando así los temibles incendios forestales. Tal vez esa sea una de las razones más importantes para su conservación tanto en su área de origen como en otras de similares características donde tampoco haya ganado ni herbívoros salvajes y donde estas vacas podrían ser introducidas fácilmente si necesidad de gastar miles de euros en la importación y liberación de grandes mamíferos como bisontes europeos, caballos de Przewalski o tauros (reconstrucción del uro).
AGRADECIMIENTO.
Como se cuenta en el artículo ENTRE VACAS publicado en este mismo blog, uno de los objetivos del autor es dar a conocer la riqueza ganadera de España y en particular la gran riqueza de razas bovinas autóctonas e introducidas y las prácticas de manejo asociadas a ellas. Desde hace tiempo quería escribir un artículo sobre la mítica Betizu pero tardé en dar con algún ganadero dedicado a la cría de estas huidizas vacas vasconavarras. Sin embargo, conocí a través de redes sociales al ganadero IBAI GARTZIA y nada más contarle mi idea, se mostró entusiasmado y dispuesto a colaborar conmigo para la realización de este artículo que, como no podía ser de otra manera, a él va dedicado.
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS.
- Sánchez Belda, A. (1984) Razas bovinas españolas.
- Sanchez Belda, A. (2002) Razas ganaderas españolas bovinas. Colección FEAGAS.
- VV.AA (2000). Ganadería y pastoreo en Vasconia.
- Razas de ganado del catálogo oficial de España.
Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico Forestal.
























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