EL TREN DEL PASTOR
Antonio Jiménez García (1810-1898), más conocido como El Abuelo Viejo, fue uno de los personajes más importantes e influyentes de la historia de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres), pueblo en el que nació, vivió y murió.
Pastor durante algún tiempo, fue también escribiente, secretario municipal, alcalde y diputado provincial además de fundar diversas instituciones benéficas. En el presente artículo, nos centraremos en uno de los temas a los que dio mayor importancia durante su carrera política: la llegada del tren al norte de Extremadura.
Cada año, el día 23 de enero, con motivo de la conmemoración del fallecimiento de Antonio Jiménez García a los 88 años, se publica en este blog un artículo dedicado a algún aspecto interesante de su polifacética vida que el lector interesado puede conocer al completo en el artículo titulado UN PASTOR ENTRE REINAS Y PAPAS.
Portada del artículo UN PASTOR ENTRE REINAS Y PAPAS.
En 2025, en el artículo titulado ANTONIO: DE PASTOR A DIPUTADO analizamos cómo un humilde pastor de un pequeño pueblecito ganadero del norte de Extremadura pudo llegar a ser diputado provincial y cómo centró sus esfuerzos en dos aspectos fundamentales, que fueron la mejora de la educación infantil y femenina y la mejora de las comunicaciones, tema este último que abordaremos de manera más detallada en el presente artículo.
Antonio nació en 1810 en el lo que por entonces era Guijo de Jarandilla, que era lugar, barrio, aldea, pedanía... perteneciente a la villa de Jarandilla, de la cual había intentado independizarse en varias ocasiones aunque no lo consiguió hasta el 27 de agosto de 1816.
Desconocemos la fecha exacta de su nacimiento puesto que el Libro 2º de Bautizados de la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, que contenía las actas de bautismo de todos los guijeños nacidos entre 1731 y 1835 no se conserva. Lo que sí sabemos es que nació en una casa situada en la Calle del Lavadero construida por su padre en 1807.
Fue el primogénito del matrimonio formado por Alonso Jiménez Ovejero (1786-1822) natural de Guijo y de Francisca García Jiménez (1890-1864) natural de Navalmoral de la Mata. Como el resto de familias guijeñas, Alonso y su esposa vivían dedicados a la ganadería, constituyendo las cabras el pilar más sólido de su economía complementada con el cultivo de centeno, patatas y castañas además de ser propietarios de una viña y un olivar.
Desde niño, Antonio tuvo que ayudar a su padre en las tareas del campo y ya con 7 u 8 años se encargaba del pastoreo o careo de las cabras en la sierra mientras su padre se dedicaba a arar con la yunta o a realizar otras tareas con las caballerías en la finca o en el horno que su madre María Teresa Ovejero Gómez (1859-1831) poseía en la actual Plaza de la Fuente.
La temprana muerte de Alonso en 1822, hizo que Antonio tuviese que asumir el papel de cabeza de familia encargándose del ganado y de las tierras aunque eso no le impidió organizarse para poder aprender a leer y a escribir por las noches en las clases que le impartía el Reverendo Padre Fray Pedro Merchán Vidal, religioso franciscano del convento de Santo Domingo de Guzmán de Jarandilla de la Vera. Los conocimientos adquiridos le permitieron poder empezar a trabajar pronto como escribiente primero y secretario después en el Ayuntamiento siendo elegido alcalde en 1823.
Con tan sólo 19 años, contrajo matrimonio con Josefa Lorencia Santos García (1812-1896) con quien tuvo 10 hijos llamados Antonio Modesto, Rufina, Casimira, Trinidad, María Asunción Micaela, Felipa, Manuel, Víctor, Decoroso Valentín y Ancleta Elvira, sobreviviendo todos ellos hasta la edad adulta salvo Rufina y Decoroso Valentín que fallecieron a los pocos días de vida.
Antonio mantenía a su familia gracias a la venta del ganado y de sus productos y de lo obtenido de sus tierras de cultivo: cabritos, queso de cabra, terneros, potros y muletos, patatas, castañas, vino, aceite...
Al principio sólo disponía de la Finca de La Viruela, heredada de su abuela María Teresa y situada cerca del pueblo donde se encuentra hoy la Casa de Cultura de Guijo de Santa Bárbara.
Cabra con sus cabritos recién nacidos.
Base de la economía de Antonio.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Esto hacía que las cantidades de los referidos productos destinados a la venta fuesen verdaderamente exiguas y generasen unos beneficios realmente mínimos. Además, el deficiente estado de las vías de comunicación hacía complicado la comercialización más allá de los pueblos cercanos. Desde Guijo partían varios caminos de herradura, es decir, únicamente aptos para el tránsito de caballerías como el Camino de Losar o el Camino de Jerte, también conocido en su primer tramo como Camino de Santonuncio.
Únicamente el Camino Real que bajaba hacia Jarandilla era apto para la circulación de carros si bien en época de lluvias tenía un tramo realmente penoso en el paraje de El Barranco o Barranclo que era se convertía en un auténtico lodazal o trampal.
Respecto al Camino de Castilla que iba hasta El Barco de Ávila, sólo era apto para el tránsito de animales y en el caso de llevar caballerías cargadas, debían llevar muy poca carga. Los antiguos le definían como camino de escoteros (peatones sin carga).
Realmente, poco se podía hacer en estos caminos salvo reparar periódicamente su enrollado mediante las peonadas de villa (en El Coto) o por parte de la Administración (en la Sierra) para reparar los peores pasos, los puentes, los vados o vaeras al cruzar los cursos de agua, etc...
La situación en el resto de la comarca de La Vera no era mucho mejor siendo complicado el tránsito de los pueblos y muy complicado el llegar hasta poblaciones grandes como Plasencia o Navalmoral. Para llegar hasta esta importante villa comercial, era preciso cruzar el río Tiétar, carente de puentes y que debía atravesarse en barca hasta bien entrado el siglo XX.
En las décadas de 1830, 1840 y 1850, a raíz de las Desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, Antonio adquirió numerosas propiedades, algunas de gran extensión, en distintos pueblos de La Vera y el Campo Arañuelo aumentando exponencialmente sus producciones agropecuarias y teniendo la necesidad de dar salida a los productos mencionados anteriormente y a otros nuevos que comenzó a producir como la harina o el pimentón.
Es preciso recordad que fue en esta época cuando adquirió una de las fincas más importantes para la historia de Guijo de Santa Bárbara. Nos referimos al Baldío de Jaranda, adquirido en 1859 y dividido en 45 acciones de las que 41 fueron cedidas en 1860 a vecinos de Guijo de Santa Bárbara. Este fue el origen de la actual Dehesa Sierra de Jaranda, principal riqueza del municipio desde el punto de vista ganadero, cinegético y turístico además de ser un espacio natural de gran importancia, hábitat de especies tan icónicas como la cabra montés ibérica.
Pero no será hasta la década de 1860 cuando Antonio tendrá realmente posibilidades de solucionar estos problemas que le afectaban tanto a él como a otros ganaderos y agricultores del noreste de Extremadura. Entre 1864 y 1866, Antonio Jiménez García fue diputado provincial de Cáceres por el partido judicial de Jarandilla de la Vera siendo incluido el 2 de enero de 1864 en la Comisión de Hacienda junto a otros cuatro diputados.
El 3 de enero de 1864 intervino en la sesión celebra en la Diputación para solicitar un presupuesto de mejora de los caminos vecinales.
Estos caminos que unían entre sí las diferentes poblaciones, solían ser estrechas vías con suelo de tierra apisonada en las zonas llanas y de piedra en aquellas zonas donde la lluvia podía deteriorar con mayor facilidad el pavimento, careciendo en muchas ocasiones de puentes para cruzar los cursos de agua si bien en muchas zonas existían los imponentes puentes romanos construidos en la mayoría de los casos en la Edad Media y remodelados a lo largo de las siguientes centurias.
En la mayoría de los casos, los carros tirados por bueyes o mulas podían transitar con relativa facilidad por estos caminos pero cuando se encontraban en zonas montañosas, a veces tenían curvas o pendientes tan excesivas que hacían inviable el uso de tales vehículos.
Entonces, la única solución era recurrir a los arrieros con sus recuas de mulas y en menor medida burros y caballos. Por suerte, en la segunda mitad del siglo XIX ya se podían criar mulas sin restricción alguna en todo el país, ya que desde el reinado de Enrique IV de Castilla, la cubrición de yeguas con garañones había estado prohibida al sur del río Tajo.
Desde la supresión de los Reales Privilegios que gozaba la Real Cabaña de Carreteros otorgados por los Reyes Católicos, la cría de bueyes había comenzado a decrecer ya que estos animales, aunque extremadamente fuertes, eran muy lentos y el transporte se ralentizaba en gran medida por lo que poder utilizar mulas sin tantas restricciones era un alivio para los productores agropecuarios.
Pero la gran intervención de Antonio en la Diputación, tuvo lugar el 20 de septiembre de 1865. Junto a los Ayuntamientos de la Vera y a otro diputado, Antonio solicitó al Gobierno lo siguiente:
"Que lo antes posible se construya la vía férrea en la comarca de La Vera para dar salida a la riqueza agrícola y ganadera de la misma".
La comarca de La Vera, situada al sur de la Sierra de Gredos, se extiende desde Madrigal de la Vera por el este hasta Gargüera por el oeste y siempre ha sido una comarca con una riqueza agropecuaria realmente extraordinaria si bien en la época que nos ocupa, la segunda mitad del siglo XIX, aún contaba con extensas dehesas dedicadas al cultivo de cereales y a la ganadería puesto que hasta la construcción del embalse de Rosarito no se roturarían para convertirse en los inmensos y productivos regadíos destinados hoy mayoritariamente al cultivo de tabaco y pimiento para pimentón y antaño también a otros cultivos como el algodón e incluso el arroz.
Aún así, en La Vera se producían gran cantidad de patatas, cereales, frutas de fácil conservación y transporte como castañas, higos, nueces, manzanas, naranjas, aceite, vino y otras más delicadas como las cerezas...
Respecto a la ganadería, destacaba por encima de cualquier otra especie el ganado caprino productor de excelentes cabritos y exquisitos quesos, además de vacuno de carne y trabajo, equino, ovino, porcino...
No consiguieron Antonio y sus compañeros que la vía férrea llegase a La Vera pero sus peticiones y las de otros diputados fueron escuchadas y el tren llegó a Navalmoral.
Animamos al lector que lo desee a consultar el extraordinario artículo publicado por D. Domingo Quijada González, Cronista Oficial de la Villa de Navalmoral de la Mata, el 7 de octubre de 2018 en la web de la Real Asociación Española de Cronistas Oficial (RAECO), a la que tengo el orgullo de pertenecer, en el que se cuenta con todo detalle la llegada del ferrocarril a Navalmoral de la Mata:
Ver enlace: https://www.cronistasoficiales.com/la-llegada-del-primer-ferrocarril-a-navalmoral-caceres/
Rebaño de ovejas Merinas trashumantes recorriendo la Cañada Real Leonesa Occidental a la altura de Navalmoral de la Mata.
(c) Silvestre de la Calle García.
Tras su retirada de la política, Antonio Jiménez García siguió dedicándose a la actividad agropecuaria en Guijo de Santa Bárbara. Su principal actividad en aquella época fue el pastoreo de su rebaño de ovejas, formado por unas 100 reproductoras, cifra respetable para la época y teniendo en cuenta las particularidades del minifundismo guijeño.
Precisamente por tener ovejas, es por lo que Antonio se hacía llamar siempre PASTOR ya que en Guijo de Santa Bárbara, esta palabra se utiliza solamente para designar a los ganaderos de ovino si bien solía distinguirse siempre entre el pastor propiamente dicho y el dueño de los animales o borreguero ya que en Guijo las ovejas son conocidas como borregas.
Antonio realizaba con su rebaño una modesta trasterminancia o trashumancia muy corta. Durante el invierno, las ovejas pastaban en Jarandilla de la Vera en la finca de El Convento y en los montes cercanos mientras que en primavera lo hacían en los alrededores del pueblo de Guijo, subiendo durante el verano y la mayor parte del otoño a las zonas más altas de la sierra, encerrándolas durante las noches frías del otoño en el corral que Antonio poseía en la finca de Las Dueñas.
Por su parte, las vacas de Antonio seguían un manejo similar al de las ovejas si bien en primavera eran llevadas a las dehesas de El Centenillo (Talayuela) o Torresca (Cuacos) de las que Antonio era propietario en parte. Allí permanecían hasta el 24 de junio, fecha en la que subían de nuevo a la sierra.
Antonio se dedicaba en estos años también a la exportación de vino y aceite de su finca de El Convento, antes mencionada, de pimentón obtenido de los pimientos que cultivaba en La Barca (Talayuela) y a la elaboración y venta de pan con la harina obtenida del cobro de la maquila a los labradores que acudían a moler grano a su molino del Pozo del Rey (Valverde).
También exportaba jamones de los numerosos cerdos que cebaba.
Pero Antonio se seguía encontrando con el problema del estado de las vías de comunicación. Llegar a Jarandilla desde cualquier punto del país era ya relativamente fácil, pero subir a Guijo por el Camino Real era verdaderamente penoso para los carros.
Él mismo lo había sufrido cuando se trasladaba a Cáceres llevando entre otras cosas su baúl de viaje que tenía que ser cargado en caballería. Además, para no ensuciarse los zapatos ni los pantalones, Antonio realizaba el recorrido del Camino Real entre Guijo y Jarandilla y viceversa descalzo y vestido con calzón a media pierna.
Seguía Antonio muy de cerca la evolución de la construcción de la vía férrea de Navalmoral pero siguió haciendo gestiones y valiéndose de sus contactos para conseguir que un camino vecinal moderno y seguro uniese a Guijo y Jarandilla.
El Camino Real era el más corto y recto pero sus lodazales y pendientes lo hacían impracticable por lo que Antonio propuso trazar un camino que discurriese más o menos paralelo al cordel utilizado por los ganados trashumantes para ir y venir de las dehesas veratas y del Campo Arañuelo.
Por fin, en 1886, consiguió que eso se hiciese realidad, cediendo para ello y de forma totalmente desinteresada, parte de su finca de La Viruela la cual desde ese momento quedó dividida en dos partes, una más escabrosa en la zona alta y otra más productiva y aterrazada mediante bancales o naves en la inferior.
Esta sigue siendo la carretera utilizada a diario por los guijeños aunque 90 años más tarde se construyese la carretera nueva o de Aldeanueva, precisamente gracias a las gestiones llevadas a cabo por Antonio Leandro de la Calle Jiménez (1924-2022), tataranieto de Antonio.
Vacas llegando a Guijo por la carretera justo tras atravesar lo que fue la finca de La Viruela.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Con motivo de la construcción de la carretera, Don Emilio Castelar y Ripoll visitó el pueblo de Guijo de Santa Bárbara y quiso entrevistarse con Antonio protagonizando una curiosa anécdota recordada durante muchos años por quienes la contemplaron. Al saludar a Don Emilio, Antonio se quiso quitar el sombrero pero el señor Castelar le dijo:
- No, don Antonio. Soy yo quien debe quitarse el sombrero ante usted por ser Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.
El 23 de enero de 1898, triste año para España, Antonio falleció en una pequeña alcoba de su casa situada en la Calle del Monge. Lo acompañaban sus bisnietos Emilio de la Calle Esteban y Marceliana Jiménez Esteban.
Antonio marchó con la satisfacción de haber conseguido en gran medida sus grandes proyectos de vida al haber conseguido que Guijo de Santa Bárbara tuviese una escuela y un camino vecinal (carretera) dignos.
Los restos mortales de Antonio, junto a los de su esposa, reposan en la Ermita que él mismo mandó construir y que está dedicada a Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Navalmoral de la Mata y patrona de las mujeres de Guijo de Santa Bárbara.
Sus descendientes, muchos de los cuales siguen viviendo aún en Guijo de Santa Bárbara, fueron ganaderos y agricultores y el tren de Navalmoral de la Mata supuso para ellos una gran alternativa para dar salida a los productos agropecuarios, especialmente terneros y novillas que eran vendidos en San Andrés y comprados en Navalmoral por tratantes con destino a toda España tanto para su sacrificio como para vida.
Antonio Leandro de la Calle Jiménez (1924-2022), ya mencionado más arriba, fue cartero rural de Guijo de Santa Bárbara durante 39 años además de ser vaquero durante décadas. En los años 40 y 50 del siglo XX, cuando aún no se había generalizado el transporte en camiones, bajó muchas veces a vender chotos y novillas a Navalmoral abandonando completamente la peligrosa ruta serrana que llevaba a El Barco de Ávila, donde en el mes de octubre se celebraba una de las ferias ganaderas más importantes de toda España.
La esposa de Antonio, Visitación Hidalgo Burcio, nació en Navalmoral de la Mata el 14 de diciembre de 1929 aunque se trasladó a Guijo de Santa Bárbara tras los bombardeos de 1937, aunque durante varias primaveras volvieron a las dehesas del Campo Arañuelo trashumando con su piara de cabras cuando no había carreteras ni puentes y el río Tiétar se seguía cruzando en una barca.
Nos cuenta lo siguiente:
"Mi padre siempre decía que cuando era chico, era un acontecimiento ver llegar al tren a Navalmoral y que toda la gente y sobre todo los niños salían al encuentro. En el tren se traían a Navalmoral muchas cosas de fuera y la gente de Navalmoral y de los pueblos podía vender más ganado que antes porque ya se podía llevar a todos sitios en el tren. Sin el tren, la vida en Navalmoral habría sido muy distinta."
Visitación Hidalgo Burcio.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Hoy en día, las vías de comunicación han mejorado notablemente en el norte de Extremadura si bien el transporte de productos agropecuarios se realiza el camiones al facilitar mucho la logística puesto que estos vehículos pueden llegar al más apartado de los pueblos como es el caso de Guijo de Santa Bárbara, donde llegan cada día camiones de reparto a las tiendas y bares de la localidad así como otros de suministro de alimento para el ganado. También llegan periódicamente los camiones que desde las propias explotaciones o desde la cooperativa dan salida a los productos agropecuarios, desde cabritos a arándanos. Todo esto, se lo debemos agradecer en gran medida a ANTONIO JIMÉNEZ GARCÍA, EL ABUELO VIEJO.
Chotos en un cebadero, una de las principales fuentes de riqueza de Guijo de Santa Bárbara.
(c) Silvestre de la Calle García.
Respecto al tren que une Madrid y Lisboa y que pasa por Navalmoral, diremos que se destina al transporte de viajeros que pueden llegar fácilmente a la capital del Campo Arañuelo con sus coches o en autobús.
No entramos ya en este artículo, por quedar fuera de los objetivos de este blog, en temas polémicos como el funcionamiento de los trenes ni por las obras que se están llevando a cabo en Navalmoral de la Mata.
Lo que nos interesa aquí es que UN PASTOR luchó para que el tren pasase por el norte de Extremadura.
Los artículos de EL CUADERNO DE SILVESTRE no se escriben de un día para otro sino que llevan tras de sí un gran trabajo de documentación que requiere muchas horas, días, semanas e incluso meses. Este artículo de EL TREN DEL PASTOR fue programado hace ya varias semanas.
Soy consciente de que no es el mejor momento para publicar un artículo sobre trenes pocos días después de la terrible tragedia de Adamuz (Córdoba) por lo que me solidarizo con las familias de las víctimas de tan fatídico accidente.
Bibliografía y fuentes consultadas.
De la Calle García, S; De la Calle Hidalgo R, y De la Calle Hidalgo, A. (2016). Antonio Jiménez García. El Abuelo Viejo.
Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara.
.jpg)





.jpg)











.jpg)








.jpg)



Comentarios
Publicar un comentario