GANADERÍA, VERANO Y TURISMO.
Durante el verano, muchos pueblos cuya economía se basa fundamentalmente en la ganadería, reciben la visita de aquellos que, en su día se marcharon del pueblo en busca de una vida mejor o de los descendientes de estos así como de numerosos turistas que acuden a pasar uno o varios días en el pueblo.
El ganado, base como decimos de la economía de muchas familias o criado simplemente para autoabestecimiento por otras, se convierte para muchos en una molestia.
Vaca Tudanca.
(c) Miguel Alba Vegas.
Más que para producir y vender productos, estos animales se criaban para el abastecimiento familiar aunque siempre se vendían algunos excedentes para contribuir a mejorar la modesta economía familiar.
Tía Juana con sus cabras.
Navalosa (Ávila).
(c) Familia González.
Estos animales permanecían en la cuadra, situada en muchos casos en la planta baja de la vivienda o en un edificio contiguo, aunque también podía estar algo más alejada de la misma pero normalmente dentro del casco urbano con el fin de poder atender fácilmente a los animales incluso durante la noche si era necesario.
En muchos casos, las casas contaban con un amplio cercado anexo, conocido como corral, desde el que se accedía tanto a la vivienda como a las cuadras y en el que los animales pasaban el tiempo cuando no estaban pastando en el campo o trabajando.
Casa típica castellana con corral delantero.
Barajas (Ávila).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
A nadie le molestaban los olores ni los ruidos del ganado por considerarlo algo natural que todo el mundo tenía en su casa. No molestaba el olor a estiércol fresco que luego sería utilizado como valioso abono, ni el canto de los gallos al amanecer, el rebuzno de los burros especialmente durante la primavera cuando olían a las yeguas y burras de corrales vecinos, el sonido de los cencerros de vacas, cabras y ovejas, el ladrido de los perros o los lastimosos maullidos de los gatos en época de celo.
Gallo cantando.
(c) Silvestre de la Calle García.
Cada mañana, los labradores salían de los corrales con sus caballerías o sus yuntas de vacas y bueyes camino del campo, recorriendo para ello las calles del pueblo donde no era raro que los animales defecasen. Parada obligada era la fuente para que estos animales abrevasen, ya que durante la noche o antes de salir de casa, no habían podido hacerlo debido a que no todas las casas disponían de pozos.
Uñendo o unciendo la yunta para irse a trabajar.
Barajas (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
Seguidamente, quienes quedaban en casa, que solían ser las mujeres, los niños y los viejos, ordeñaban a los animales de leche, daban de comer a los cerdos, atendían a las gallinas...
En muchos lugares con las vacas lecheras, las cabras, las ovejas e incluso los cerdos, además de con el ganado de labor antes citado cuando no estaba trabajando, se formaban rebaños comunales que eran pastoreados por turno o por pastores asalariados, recorriendo estos animales las calles del pueblo para salir a pastar a los ejidos y pastos comunales situados por regla general en las proximidades de la población, regresando al atardecer.
Cabras en Pozanco (Ávila).
(c) Miguel Alba Vegas.
Nave para la estabulación invernal de ganado vacuno.
(c) Carlos Fidel Vejo.
No obstante, muchas personas mayores o que mantenían ganado para autoabastecerse como algunas cabras, alguna vaca lechera, los cerdos para la matanza, las gallinas, etc...siguieron teniendo estos animales en las cuadras y corrales situados dentro del casco urbano para poder atenderlos con facilidad o simplemente porque no tenían sitio fuera del pueblo ni su economía les permitía construir una nave.
Pequeño rebaño de cabras en un corral familiar.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
Corral familiar.
(c) Javier Bernal Corral.
Los médicos de los pueblos comenzaron a decir que el ganado era un foco de infección dentro de los pueblos y los alcaldes también empezaron a decir que las cuadras debían eliminarse aunque sería a raíz de las normativas sanitarias a nivel nacional y europeo cuando el ganado fue eliminado de los pueblos, obligando a los ganaderos a mantenerlo a una distancia prudencial del núcleo urbano.
Cabras a las afueras de Casas de Millán (Cáceres).
(c) Dioni Prieto Cuarto.
Aparentemente, así estaría solucionado el problema, pero durante décadas y hasta la actualidad, las quejas han continuado.
Molestan los gallos que cantan en los huertos situados a las afueras del pueblo, los cencerros de las vacas, yeguas, cabras y ovejas que pastan en prados cercanos, el ganado que cruza las calles del pueblo un par de veces al año para ir a los pastos de invierno y verano y viceversa, el ganado que transita por carreteras trazadas sobre antiguas vías pecuarias...
Todos estos animales generan ruido, malos olores, moscas....
Vacas cruzando las calles de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Silvestre de la Calle García.
La gente no puede caminar libremente por el monte ni llevar a sus perros sueltos porque, según algunos, el ganado pasta sin vigilancia y sin control alguno argumentando que el monte es de todos sin saber en muchos casos que gran parte de los montes son privados pero que no se restringe el paso por ellos cumpliendo unas normas básicas.
Vacas Casinas.
(c) Carlos Fidel Vejo.
Por supuesto, otro gran problema para muchos son los perros ganaderos que van sueltos con el ganado mientras que se obliga a los visitantes y turistas a mantener a sus perros de compañía atados y bajo control. No comprenden algunos que los perros ganaderos son auxiliares de trabajo y que, además de conducir al ganado siguiendo las órdenes de su dueño, lo protegen de cualquier potencial amenaza como puede ser un perro extraño que se acerque al ganado y especialmente a las hembras que están criando o a los sementales.
También molesta el ganado que transita cerca de ríos y cursos de agua donde hay zonas de baño porque ensucian el agua y genera los mismos problemas que en los pueblos por lo que se dice que los ganaderos deberían mantener a sus animales alejados de dichos lugares.
Vacas cruzando una garganta por un puente.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Hasta tal nivel llegan las quejas, que algunas veces los supuestos afectados no se quejan directamente a los ganaderos porque dicen que no les hacen caso y entonces acuden a las autoridades locales que, en muchos casos, aceptan tales quejas y toman medidas como ordenar que todos los ganaderos quiten los cencerros a sus vacas y yeguas cuando pasten a una determinada distancia de la población especialmente durante la noche, que no transiten por las calles del pueblo con sus animales, que eliminen los gallos de los corrales o gallineros situados junto al pueblo, que recojan y controlen a sus perros durante la noche para que no ladren...
Vacas por las calles de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Silvestre de la Calle García.
¿Cuál es la solución entonces? ¿Expulsar a los ganaderos u obligarles a cambiar sus rutinas y costumbres seculares? ¿No permitir la llegada de visitantes y turistas que también generan beneficios económicos a los pueblos durante la temporada estival?
Como en todo, en el término medio está la virtud pero es verdad que, en este caso, los ganaderos pueden modificar ciertas costumbres pero otras no pueden cambiarse.
Rebaño de cabras por una carretera.
(c) Ibai Menoyo Aguirre.
Todos debemos poner de nuestra parte y aceptar que ciertos SONIDOS Y OLORES son propios del pueblo como hay otros que son propios de la ciudad. Es inevitable que los gallos canten al amanecer, que los perros ladren o que los cencerros suenen pues estos últimos se colocan precisamente para eso, para controlar según su sonido la posición y el estado del ganado en general y de cada animal en particular en todo momento.
Desde EL CUADERNO DE SILVESTRE animamos a los turistas y visitantes a que disfruten de estos sonidos y olores como lo hicieron sus ancestros y como lo hacemos los que pasamos todo el año viviendo y luchando para que nuestros pueblos no desaparezcan.
Técnico forestal.














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