EL ENMANDILADO DE LOS MACHOS CABRÍOS Y DE LOS CARNEROS.
El enmandilado es una antiquísima práctica ganadera llevada a cabo con los machos cabríos y los carneros para impedir que cubran a las cabras y ovejas respectivamente y controlar así la reproducción.
Generalizado en épocas pasadas, hoy sólo lo realizan ganaderos mayores o aquellos propietarios de rebaños muy pequeños manejados de forma extensiva tradicional.
Las cabras y las ovejas fueron domesticadas hace entre 10 y 12.000 en las montañas que bordean el llamado Creciente Fértil, extendiéndose desde allí al resto de Asia, África y Europa, llegando a la península Ibérica hace unos 7.000 años. A finales del siglo XV, ambas especies llegaron a América y posteriormente se extenderían por Oceanía.
Inicialmente, cabras y ovejas tenían un comportamiento reproductivo similar al de sus ancestros salvajes. Aún hoy, cuando son manejadas de forma totalmente extensiva o en zonas de clima frío y lluvioso, mantienen el mismo comportamiento.
Se trataba de animales poliéstricos de días cortos lo que significa que entraban en celo cuando los días se acortaban visiblemente, las temperaturas disminuían y comenzaban a producirse las primeras lluvias tras el seco y caluroso verano.
Al tener ambas especies una gestación de aproximadamente 5 meses, las crías nacían a finales del invierno o principios de la primavera, época más propicia para que las madres produjesen abundante leche favoreciendo el rápido crecimiento de las crías.
Con el paso del tiempo y gracias a la selección artificial llevada a cabo por los ganaderos y a la mejora de manejo especialmente en lo referente a la alimentación, cabras y ovejas empezaron a entrar en celo en cualquier época del año, pasando así a ser denominados animales poliéstricos permanentes.
Como decimos, esto ocurría y ocurre en zonas de clima cálido y seco ya que en zonas de clima opuesto, los animales conservan su comportamiento reproductivo ancestral.
El poliestrismo permanente en los animales domésticos, es uno de los mayores logros de la ganadería puesto que permite a los ganaderos organizar la paridera o parideras en el momento más oportuno según sus intereses económicos y según el manejo del ganado.
Cabra con cabritillos recién nacidos.
(c) Dioni Prieto Cuarto.
Pero la ventaja del poliestrismo, era y es un arma de doble filo ya que si las cabras y las ovejas permanecen durante todo el año con los machos cabríos y los carneros, pueden entrar en celo y cubrirse en cualquier época del año, produciéndose los nacimientos en épocas que, por diferentes motivos, no interesan al ganadero.
Oveja con sus corderos.
(c) Pilar Domínguez Castellano.
La solución para evitar nacimientos fuera de las parideras establecidas, es mantener a los sementales separados de las hembras.
En ganaderías intensivas, esto es fácil pero en ganaderías extensivas la cosa se complica bastante más aunque hoy en día es posible construir corrales en los que mantener encerrados a los sementales alimentándolos con piensos y forrajes mientras que las hembras salen a pastar.
Machos cabríos en un corral.
(c) Pablo Alba Gálvez.
Carneros separados de las ovejas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Tradicionalmente, especialmente con los carneros de los grandes rebaños de raza Merina, se formaban rebaños que pastaban en fincas separadas, a veces a gran distancia, de las fincas utilizadas para el pastoreo de las ovejas.
Muchos ganaderos que cuentan con esta posibilidad, siguen haciendo algo parecido actualmente.
Carneros pastando en una finca lejos de las ovejas.
(c) Abel Pache Gómez.
El problema surgía siempre en pequeñas ganaderías familiares que contaban con un reducido número de cabezas y que no disponían ni de tierras ni de infraestructuras necesarias para separar a los sementales. En muchos casos, los animales tenían que ser recluidos en un pequeño recinto de la cuadra o corral donde se encerraban las hembras y pasar allí largas temporadas sin poder moverse libremente.
Macho cabrío en un corral.
(c) Ana García y Fernando Nombela.
En ocasiones, el semental pasaba la noche encerrado en un pequeño recinto para aislarlo de las hembras y cuando estas salían a pastar, se llevaba el animal atado a algún pastizal cercano donde permanecía toda la jornada. Esto se hacía especialmente con los machos cabríos y aún hoy se hace en rebaños muy pequeños.
Para facilitar el manejo de los sementales, surgió la práctica del enmandilado, consistente en colocar un mandil o delantal de tela fuerte, cuero, esparto o lona cubriendo la parte anterior de la tripa del animal y atándose con cuerdas o correas al lomo prestando especial atención para que el mandil no toque directamente los órganos reproductores de los sementales permitiendo que la orina y otros fluidos escurran y que no queden retenidos mojando el pelo o lana con las nefastas consecuencias que esto traería al producirse heridas por la propia humedad y el calor ambiental que son foco seguro de infección.
Actualmente, existen en el mercado modernos dispositivos de materiales plásticos semejantes a los mandiles pero mucho más higiénicos y seguros.
Aunque es método pueda parecer primitivo y obsoleto, es sumamente eficaz y por ello hay ganaderos que aún lo siguen utilizando. Sigue vigente fundamentalmente cuando se trata de rebaños pequeños o manejados de forma eminentemente extensiva sin posibilidad de separar a los machos de las hembras durante el careo o pastoreo diario y durante las horas de reclusión nocturna e incluso para aquellos reducidísimos lotes de animales mantenidos para autoconsumo.
Carnero enmandilado
(c) Jaime González Llamazares.
La época para realizar el enmandilado de los machos varia en función de las costumbres de cada zona y de los intereses del ganadero como se ha dicho anteriormente.
Tradicionalmente era frecuente tanto el caso de las cabras como de las ovejas organizar dos parideras anuales: la temprana en otoño y la tardía a finales del invierno y principios de la primavera. Hoy en día se prefiere la primera con el fin de disponer de corderos y cabritos lechales para Navidad.
Cabra con cabritos recién nacidos.
(c) Adrián López Navarro.
Macho y cabra.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.
En otras ocasiones, se busca la paridera de tardía para disponer de cabritos y corderos para Pascua que, aunque en fecha variable, siempre tiene lugar a finales de marzo o en el mes de abril por lo que la paridera debe producirse en febrero-marzo. En tal caso, las hembras se cubren en otoño y los sementales se enmandilan en invierno para evitar que cubriciones que darían lugar a partos en pleno verano, época poco deseable para la paridera en el centro-sur de la península Ibérica, Baleares y Canarias debido a la escasez de pastos naturales.
Pasada la temporada de cubrición se colocan los mandiles a los sementales, aunque si todas las hembras del rebaño están preñadas, no es necesario colocar los mandiles al menos hasta que empiecen a parir.
Sin embargo, si hay hembras que no están preñadas y no interesa que lo estén en un tiempo, se colocan los mandiles.
Aunque la práctica del enmandilado vaya cayendo en desuso, merece ser recordada para que no se olvide puesto que si nuestros mayores consiguieron regular, posiblemente durante milenios, la reproducción de sus cabras y ovejas con este método, es porque tiene ciertas ventajas.
NOTA FINAL DEL AUTOR.
Recuerdo haber escuchado siempre a mi abuelo Juan García García (1927-2012) y a mi tía Nicolasa Sánchez García (1922-2012) hablar del enmandilado de los machos y de los carneros que era una práctica muy común cuando ellos eran jóvenes y que yo mismo aún pude ver en Guijo de Santa Bárbara (Cáceres), donde recuerdo ver, a comienzos del siglo XXI, machos cabríos enmandilados en la ganadería de Fidel Rodríguez Pérez.
Sin embargo, fue en 2009 cuando pude ver y fotografía al macho enmandilado que aparece en la portada de este artículo y que era propiedad de Juana González Jiménez (nacida en 1932), cabrera de la localidad abulense de Navalosa.
Tía Juana con sus cabras y el macho enmandilado.
Navalosa (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
Al tener un rebaño muy pequeño de cabras compuesto por el semental y 6 ó 7 reproductoras, resultaba imposible para tía Juana mantener el macho encerrado y alimentarle con pienso y forraje, por lo que le colocaba el mandil cuando no quería que cubriese a las cabras y así le podía sacar a pastar con ellas. Cuando tía Juana quería que el macho cubriese a las cabras, le quitaba el mandil y asunto arreglado.
Tía Juana con las cabras y el macho sin mandil (izda.)
Navalosa (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
En diversos artículos de EL CUADERNO DE SILVESTRE, entre los que pueden citarse algunos de los más leídos como el de EL MACHO CABRÍO o el de EL CARNERO, aparecieron fotos de estos animales enmandilados y entre ellas la del macho de tía Juana. Esa imagen se quedó grabada en la mente del joven ganadero ibicenco Marc Ferrer Subirana (1992), criador de ganado ovino de aptitud cárnica y de cabras de raza Eivissenca, mantenidas en régimen extensivo.
Marc con su rebaño.
(c) Can Malacosta.
A comienzos de 2026, Marc nos enviaba la fotografía que aparece a continuación:
Carnero enmandilado.
(c) Marc Ferrer Subirana.
Que un ganadero joven se haya fijado en esta antiquísima práctica ganadera tras leer uno de los artículos de mi blog, es para mí un inmenso orgullo pero creo que todos los lectores deberían valorar el gran trabajo que realiza Marc y otros ganaderos como él.
Como no podía ser de otra manera, dedico este artículo a mi buen amigo Marc Ferrer Subirana.
Técnico forestal.





















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