TIEMPO DE CABRITOS Y DE CORDEROS
Las cabras y las ovejas domésticas pueden parir en cualquier época del año, si bien en épocas pasadas los partos se concentraban en el otoño (paridera temprana) y en la primavera (paridera tardía) siendo esta última la más importante para ambas especies a lo largo de la historia.
Cabra Eivissenca con cabrito recién nacido.
Sant Carles de Peralta, Santa Eùlaria des Riu, Eivissa (Illes Balears)
(c) Marc Ferrer Subirana.
Ambas especies, descienden de caprinos y ovinos que aún viven en estado salvaje en las montañas de Oriente Medio donde fueron domesticadas casi simultáneamente, aunque fueron las cabras hace unos 11.000 años las primeras en ser domesticadas culminando plenamente la domesticación de unas y otras unos milenios más tarde, extendiéndose posteriormente al resto de Asia, África y Europa, llegando a la península Ibérica hace unos 7.000 años.
Cabra Veratas.
Ganadería Alejandro Torralvo Gutiérrez.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Aunque se trata de especies completamente distintas y con un comportamiento bastante diferente, la reproducción es similar en ambas especies lo que permite tratarlas en un mismo artículo.
Los caprinos y ovinos salvajes de todo el mundo, viven en zonas de clima cálido, templado e incluso frío de Europa, Asia, África y América del norte estando ausentes en América del Sur y Oceanía.
Todos ellos habitan en zonas secas y montañosas siendo, reproductivamente hablando, animales poliéstricos de días cortos, lo que significa que entran en celo en el otoño cuando los días son sensiblemente más cortos. Tras 5 meses de gestación, las crías vienen al mundo en primavera cuando las temperaturas son más suaves y la disponibilidad de alimento es mayor.
Uno de los mejores ejemplos de caprino salvaje lo tenemos, por su cercanía, en la cabra montés ibérica.
Al ser los caprinos y ovinos domésticos animales que durante miles de años dependieron esencialmente del pastoreo para su alimentación, su comportamiento reproductivo apenas cambió y, aún hoy, en zonas frías y lluviosas las hembras tienden a ser poliéstricas de días cortos. A este sistema podríamos referirnos como ley natural ya que el ganado se reproduce siguiendo el mismo patrón que los animales salvajes.
Esto se aprecia aún hoy en razas primitivas o antiguas como la oveja Latxa y en el ganado sujeto a un régimen de explotación extensiva estricta.
Oveja Latxa con su cordero.
Santiurde de Toranzo (Cantabria)
(c) Víctor Fernández Sainz / Ganadería La Lera.
Con el paso del tiempo y gracias a la selección artificial llevada a cabo por los ganaderos y a las mejoras de manejo sobre todo en lo relativo a la alimentación y al alojamiento durante el invierno en los climas más rigurosos, se consiguió obtener hembras con un comportamiento reproductivo conocido como poliestrismo permanente, entrando en celo en cualquier época del año.
Esto permite que los ganaderos decidan el momento en el que quieren que sus cabras y ovejas realicen el parto. Para ello, programan las cubriciones o realizan la inseminación artificial de las hembras 5 meses antes de la fecha de parto deseada ya que esa es la gestación de cabras y ovejas.
En zonas cálidas o templadas y cuando se trata de explotaciones más bien pequeñas o no profesionales, los ganaderos dejan que tanto los machos cabríos como los carneros permanezcan todo el año con el rebaño por lo que las hembras se cubren en cualquier momento aunque los partos tienden a concentrarse en invierno y a comienzos de la primavera. Este sistema se conoce como monta continua.
Esto se debe a que, aunque ovejas y cabras sean prácticamente poliéstricas permanentes, la actividad sexual es mayor en el otoño por lo que, si la intervención humana es mínima y el ganado está sometido a un régimen de explotación extensivo con largas estancias a campo y escasa suplementación, los animales mantienen un comportamiento reproductivo "salvaje".
En explotaciones profesionales, los ganaderos controlan en todo momento la reproducción. Lo más sencillo es recurrir a la separación temporal de los machos cabríos y de los carneros de las hembras de sus respectivas especies, encerrándolos en recintos separados o, en el caso del ganado extensivo, manteniendo a los primeros en corrales adecuados y permitiendo que las hembras sigan saliendo a pastar al campo.
Machos cabríos Veratos separados de las cabras.
Ganadería Juan Manuel Rodríguez Sánchez.
Jaraíz de la Vera (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Cuando esto no es posible, se recurre al enmandilado de machos cabríos y de carneros, práctica cada vez menos usual consistente en colocar un mandil de tela, cuero, esparto, lona, plástico... atado al lomo y a la tripa del animal para impedir la cubrición. La práctica del enmandilado es cada vez menos frecuente siendo realizada por ganaderos de edad avanzada o por jóvenes que luchan por conservar vivas las antiguas tradiciones de sus mayores.
Carnero enmandilado.
Sant Carles de Peralta, Santa Eùlaria des Riu, Eivissa (Illes Balears)
(c) Marc Ferrer Subirana.
Cuando el ganadero lo considera oportuno, reúne a machos y hembras o procede a la retira del mandil permitiendo así que se produzcan los apareamientos o cubriciones.
Realmente, algo parecido ocurre en los caprinos y ovinos silvestres ya que machos y hembras forman rebaños separados que únicamente conviven durante la época de celo.
Macho cabrío y cabra de raza Verata.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.
Si machos y hembras han permanecido juntos durante todo el año, se corre el riesgo del llamado hermanamiento por el cual los machos pierden el interés sexual por las hembras durante algún tiempo aunque el instinto suele imponerse.
Carnero y ovejas de raza Merina.
Alburquerque (Badajoz)
(c) Abel Pache Gómez.
Cuando ambos sexos han estado separados, las cubriciones suelen comenzar a los pocos días tras la unión aunque para favorecer esto suele recurrirse a distintos métodos como mantener a las cabras u ovejas en pastizales pobres o bien reducir su alimentación para comenzar a sobrealimentarlas al juntarlas con los machos cabríos o los carneros y que de esta forma salgan rápidamente en celo.
Con este sistema se "engaña" a los animales con la ley natural, ya que asocian la menor cantidad de alimento con la carestía del verano en la naturaleza interpretando el cambio a una alimentación más abundante con la mayor disponibilidad de pasto tras las lluvias otoñales, favoreciendo así la entrada en celo de las hembras.
Carnero y oveja de raza Latxa.
Santiurde de Toranzo (Cantabria)
(c) Víctor Fernández Sainz / Ganadería La Lera.
En la actualidad puede recurrirse a diversos tratamientos hormonales para favorecer la ovulación de ovejas y cabras en momentos poco propicios desde el punto de vista natural aunque en la mayor parte de España, esto no es necesario. Únicamente en explotaciones intensivas o en zonas extremadamente frías y lluviosas, se lleva a cabo en ocasiones.
Explotación lechera de Cabra de las Mesetas.
Riocabado (Ávila)
(c) Sebastián Hernández.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, el ganadero puede organizar varias parideras a lo largo del año y planificar la reproducción para que las hembras realicen un parto anual cuando se trata de sistemas extensivos o en el caso de hembras de alto rendimiento destinadas a la producción lechera o bien realizar 3 partos en 2 años cuando el objetivo productivo es la obtención de cabritos y corderos lechales y/o la producción lechera con animales de rendimiento medio y bajo.
Corderos.
(c) Daniel Muñoz Sánchez.
En la actualidad, la producción de carne de cabrito y cordero tiene una gran importancia tanto para las explotaciones destinadas a la producción de carne como de leche pues aunque en el caso de estas últimas el principal objetivo es la producción de leche, las crías adquieren un alto valor que supone un importante complemento para la explotación.
Aunque se organicen varias parideras a lo largo del año, las dos parideras clásicas, aludidas en la introducción de este artículo, que son la temprana (octubre-noviembre) y la tardía (marzo-abril), siguen siendo muy importantes para los ganaderos tanto por la gran demanda que hay al terminar la primera de ellas como por las facilidades de cría que ofrece la segunda.
Los cabritos nacidos en una y otra paridera son siempre vendidos como lechales con 30-45 días siendo criados exclusivamente con leche materna. Son muy demandados en Navidad y menos en Pascua. El resto del año la demanda de carne de cabrito lechal decrece ostensiblemente y como estos animales no pueden ser cebados del mismo modo que se hace con los corderos, los ganaderos prefieren no realizar parideras extra más allá de la temprana y la tardía.
Los corderos pueden ser vendidos en las mismas fechas como lechales alimentados exclusivamente con leche materna (30-45 días) o como recentales en Castilla y Extremadura (90 días) complementando su alimentación con pasto o pienso o bien como ternascos en Aragón (70-90 días) criados con leche materna y pienso.
Si no se venden en esos intervalos de tiempo, son cebados o engordados en cebaderos industriales hasta que cumplen los 120 días, siendo alimentados con pienso desde el destete con 30-45 días hasta el momento de su venta y sacrificio. Estos corderos son similares a los tradicionales pascuales si bien el pascual original tenía más edad y era criado con pasto y leche materna alcanzando a menudo pesos superiores a los de la propia madre.
La producción de chivos y corderos pastencos de 4-5 meses y criados a base de leche materna y en pastoreo con la madre es cada vez menos frecuente y menos aún lo es la producción de machos castrados de ambas especies con edades de 8-12 meses e incluso más. Estos animales fueron muy comunes en épocas pasadas precisamente cuando las cabras y ovejas parían principalmente en primavera.
Cabra y cabrito en pastoreo.
Dima (Bizkaia).
(c) David de Blas.
A la hora de fijar la paridera o parideras, nadie mejor que el propio ganadero sabe cuándo debe hacerlo en función de sus intereses a la hora de comercializar los cabritos y/o corderos y de ordeñar o no a las cabras y/u ovejas y teniendo en cuenta factores como la climatología, las instalaciones, la disponibilidad y aprovechamiento de los recursos naturales, la posibilidad de complementar la alimentación del ganado con piensos...
Oveja con dos corderos comiendo pienso.
Sant Carles de Peralta, Santa Eùlaria des Riu, Eivissa (Illes Balears)
(c) Marc Ferrer Subirana.
Por ejemplo, cuando se está redactando este artículo, en marzo de 2026, muchos ganaderos de ovino y caprino se encuentran en plena paridera con el objetivo de disponer de corderos y cabritos lechales para ser vendidos en fechas próximas a la Pascua cuando, aunque menos que en Navidad adquieren buenos precios en el mercado.
Las intensas lluvias de las pasadas semanas hacen que el pasto esté creciendo de forma abundante en zonas templadas lo que favorece la alimentación de cabras y ovejas sin prácticamente suplemento alimenticio alguno.
En el caso del ganado lechero, cuando las crías sean retiradas dentro de pocas semanas, las madres podrán ser sometidas a ordeño durante toda la primavera sin necesidad de recibir hasta el verano una cantidad significativa de pienso que comenzará a ser administrado cuando el pasto comience a escasear para garantizar la producción lechera.
Ordeñando una cabra.
Acehúche (Cáceres).
(c) Gonzalo Lorenzo Gómez.
De hecho, en épocas pasadas, el ordeño de cabras y ovejas en la mayoría de lugares de España y especialmente en el sur y suroeste peninsular, se reducía a los meses primaverales, destinando la leche a la elaboración de queso que se consumía fresco o se curaba y/o conservaba en aceite para el resto del año. naciendo así dichos populares como el queso de abril para mí, el de mayo para mi amo y el de junio para todo el mundo.
Por el contrario, otros ganaderos prefieren realizar la paridera principal en otoño con vistas a los mejores precios de cabritos y corderos en fechas próximas la Navidad y, en el caso del ganado lechero, especialmente caprino, poder prolongar el ordeño durante todo el invierno y la primavera y suspenderlo en verano para no tener que suplementar al ganado y dar a las hembras el suficiente descanso antes de la nueva lactación.
Cabra del Asón con dos cabritos recién nacidos.
Valderredible (Cantabria).
(c) Adrián López Navarro.
Por regla general, se organizan al menos dos parideras al año para que las hembras que no hayan parido en la primera de ellas (paridera temprana) o que hayan abortado o perdido a la cría o crías por cualquier circunstancia, puedan tener una segunda oportunidad en la segunda paridera (paridera tardía). Puede darse el caso de que algunas hembras lleguen a parir a comienzos de la paridera temprana y a finales de la paridera tardía.
El realizar dos parideras permite también reducir la carga de trabajo de los ganaderos ya que se debe prestar atención a todas las hembras por si presentan alguna dificultad a la hora del parto y vigilar que durante el periodo de lactancia todos los cabritos y corderos se críen en buen estado alimentando con biberón o con máquinas nodrizas a aquellos que no pueden ser criados por sus madres por diversos motivos.
También permite este sistema reducir las bajas ocasionadas por enfermedades, climatología adversa como temporales de lluvia y nieve, ataque de depredadores como el zorro, etc.
La realización de dos o más parideras es especialmente importante también para que las hembras jóvenes no se cubran ni demasiado pronto con el consiguiente riesgo para su futuro desarrollo ni demasiado tarde comprometiendo así la rentabilidad de la explotación. Como norma general, cuando están sometidas a un buen manejo, las ovejas y cabras realizan el primer parto hacia los 12 meses de vida aunque algunas pueden realizarlo a los 10 e incluso antes por lo que se cubren por primera vez a partir de los 5-7 meses aunque no es conveniente que lo hagan tan pronto, especialmente en explotaciones extensivas, y esperar hasta los 10-12 meses para que realicen el primer parto hacia los 15-17 meses pero nunca más tarde de esa edad.
Todo lo dicho se aplicaría a explotaciones en las que las cabras y ovejas, salvo excepciones, realicen un parto anual, es decir, que presenten un intervalo entre partos de aproximadamente 12 meses, algo habitual en explotaciones extensivas, en aquellas asentadas en zonas frías y lluviosas o en explotaciones lecheras intensivas. Sin embargo, en la mayoría de explotaciones se lleva a cabo un proceso más intensivo aprovechando el poliestrismo permanente ya aludido, obteniéndose 3 partos en 2 años, lo que equivale a que las hembras realicen un parto cada 8 meses aproximadamente.
Oveja con sus dos corderos.
Montehermoso (Cáceres).
(c) Alexis Ávila Pulido.
Todo este manejo reproductivo y la organización de parideras puede parecer complejo, pero como ya ha quedado anotado, basta con separar o enmandilar periódicamente a los sementales y formar dos o más lotes de hembras y juntar a los primeros con las hembras deseadas cuando se estime oportuno para disponer de cabritos y corderos cinco meses más tarde.
Corderos en el campo.
Sant Carles de Peralta, Santa Eùlaria des Riu, Eivissa (Illes Balears)
(c) Marc Ferrer Subirana.
NOTA FINAL DEL AUTOR.
Este artículo, que espero que haya sido del agrado de los lectores, viene a complementar a esos dos grandes artículos que son LA PARIDERA DE LAS CABRAS y LA PARIDERA DE LAS OVEJAS en los que se trata de manera independiente la reproducción de cada especie los cuales al mismo tiempo van íntimamente ligados a los artículos de EL MACHO CABRÍO y EL CARNERO.
Todos ellos pueden ser consultados por el lector que lo desee.
También quiero que este artículo sirva de homenaje a los ganaderos que colaboran en él como por ejemplo Marc Ferrer Subirana, Alejandro Torralvo Gutiérrez, Daniel Muñoz Sánchez, Víctor Fernández Sainz, Pilar Domínguez Castellano, Ibai Menoyo Aguirre, Gonzalo Lorenzo Gómez, Juan Manuel Rodríguez Sánchez, Abel Pache Gómez, Sebastián Hernández, David de Blas, Dionisio Prieto Cuarto, Adrián López Navarro, Alexis Ávila Pulido así como al fotógrafo Alonso de la Calle Hidalgo.
Pilar con una oveja y un cordero.
Brozas (Cáceres).
(c) Pilar Domínguez Castellano.
Y como siempre que escribo de cabras y ovejas, quiero dedicar este artículo a otros muchos cabreros y pastores que me ayudan y han ayudado a lo largo del tiempo de una u otra forma, teniendo siempre especialmente presentes a aquellos que ya no están como mi abuelo Juan García García, tío Pivo (Primitivo Torralvo García) o tío Paulino.
Técnico forestal.




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