LAS CABRAS EN INVIERNO

Las cabras son animales muy rústicos, sobrios y resistentes que soportan sin problema alguno las bajas temperaturas pero que aguantan mal la lluvia y la humedad constantes por lo que el invierno es para ellas una época dura en muchos lugares suponiendo también un periodo de gran trabajo para los cabreros que mantienen a sus animales en explotaciones extensivas o semiextensivas.

Cabras en la nieve.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres)
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.

Como bien sabemos, España presenta una gran variabilidad climática que condiciona en buena medida la explotación del ganado caprino, que es más abundante en la mitad sur peninsular y en el archipiélago Canario que en el norte peninsular aunque siglos de selección por parte de los cabreros, han dado lugar a razas adaptadas a vivir terrenos poco propicios para la especie.

Cabras Azpigorri en un bosque un día lluvioso.
Zaratamo (Bizkaia)
(c) Ibai Menoyo  Aguirre.

En el norte peninsular, desde Galicia a Euskadi, el clima es húmedo y con temperaturas relativamente suaves durante todo el año aunque en zonas montañosas o del interior, los inviernos son bastante fríos, no siendo raras las nevadas.

Cabritas en la nieve.
Valderredible (Cantabria)
(c) Adrián López Navarro.

Verdaderamente, no es una zona idónea para la cría de cabras, pero estos animales siempre se han criado como complemento del ganado bovino y ovino llegando a constituir en algunas zonas montañosas el pilar más sólido de la economía de numerosas familias. Baste recordar que algunos de los quesos más renombrados de España como el Cabrales o el Gamoneu pueden elaborarse con mezcla de leche de vacas, ovejas y cabras.

Cabras Bermeyas.
Raza asturiana de aptitud mixta carne-leche.
(c) Santiago Álvarez Bartolomé.

Tradicionalmente, las cabras se explotaban en pequeños rebaños, a menudo integrados por todas las cabras de un pueblo o aldea que eran pastoreadas por turno por todos los propietarios en función de las cabras que poseía cada uno.

Cabras Mantrinas.
Molledo (Asturias)
(c) Adrián Sánchez Erice.

Hoy día, las cabras se agrupan rebaños de tamaño muy variable que oscilan entre unos pocos ejemplares a varias decenas de cabezas, siendo raros los rebaños que superan el centenar de cabezas salvo en zonas del interior y donde se dedican fundamentalmente a la producción de carne.

Rebaño numeroso de cabras de carne.
Valderredible (Cantabria).
(c) Adrián López Navarra.

Durante buena parte del año, las cabras pastan en el monte, a menudo custodiadas por mastines y vigiladas por los cabreros que acuden de forma periódica a comprobar el estado de los animales, especialmente en las zonas donde abunda el lobo. Cuando las cabras son sometidas a ordeño, son recogidas diariamente.

Revisando el rebaño.
Zaratamo (Bizkaia)
(c) Ibai Menoyo Aguirre.

En verano suelen ocupar los pastizales de las zonas más altas e inaccesibles que no pueden ser aprovechados por vacas, ovejas o yeguas, pero en invierno descienden a los valles donde son estabuladas durante la noche o durante todo el invierno en cuadras tradicionales o en modernas naves a semejanza de como se hace con el vacuno (ver artículo: LA NIEVE Y LOS GANADEROS)

Cabras en una cuadra tradicional.
Entrambasaguas (Cantabria).
(c) José Ortiz Pérez.

En dichos alojamientos, las cabras pueden permanecer sueltas, especialmente si son sacadas a pastar durante el día, o amarrarse a los pesebres con las tradicionales cebillas, collares especiales de madera (ver artículo: CEBILLAS Y TRASHUMANCIA).

Cabras prendidas con cebillas.
Molleda (Cantabria).
(c) Adrián Sánchez Erice.

La alimentación de las cabras se basa durante el invierno en hierba seca, paja de cereal y pienso, complementada en ocasiones con el pasto consumido en praderas y zonas bajas cercanas a las cuadras y naves.

Cabra Azpigorri junto a comederos de forraje.
Zaratamo (Bizkaia)
(c) Ibai Menoyo Aguirre.

En el caso de aquellas explotaciones en las que las cabras permanecen sueltas en el monte durante buena parte del año, se aprovecha la época invernal para realizar la paridera de forma que pueda atenderse mejor a las cabras y al mismo tiempo proteger a los cabritos en el interior de las naves.

Cabras Azpigorri en corrales individuales durante la paridera.
Dima (Bizkaia)
(c) David de Blas.

Si nos desplazamos hacia el sur y llegamos a la Meseta Norte, nos encontramos con una extensa llanura de gran altitud con un clima extremo con veranos cortos y relativamente suaves e inviernos largos y muy fríos. Se trata de una zona bastante seca, muy apropiada en principio para la cría de cabras pero al serlo también para la cría de ganado ovino, las cabras siempre se han visto desplazadas hacia la periferia de la misma ocupando las zonas más agrestes.

Cabras Serranas del Guadarrama.
Ganadería de Julián y José García Gayo.
Pascualcobo (Ávila)
(c) Esperanza de la Cruz Caselles.

Tradicionalmente, existían dos tipos de rebaños muy similares a los descritos en el norte peninsular. Por un lado estaban los rebaños comunales conocidos como dulas o veceras y por otro los rebaños formados por varias decenas e incluso centenares de cabezas. 

Cabras de Las Mesetas.
Olombrada (Segovia)
(c) La Dula de las Mesetas.

Los rebaños de mayor tamaño, eran explotados de forma extensiva siendo encerrados durante la noche en invierno en sencillas edificaciones que con el paso del tiempo se transformaron en modernas naves.

Cabras de las Mesetas en pastoreo.
Riocabado (Ávila)
(c) Sebastián Hernández.

Aunque las cabras podrían sobrevivir al invierno de la Meseta al aire libre, su producción se vería mermada, especialmente en el caso de aquellos destinados a la producción lechera por lo que se recurre a la estabulación nocturna e incluso diurna en las jornadas más crudas del invierno, complementando la alimentación de las cabras con forrajes desecados y piensos.

Cabritas de Cabra de las Mesetas complementando su alimentación.
Olombrada (Segovia)
(c) La Dula de las Mesetas.

En el Sistema Central las cabras fueron siempre muy numerosas y hoy en día todavía tienen cierta importancia si bien su censo ha disminuido mucho en las últimas décadas. Se trata de una zona con clima de montaña siendo los inviernos muy largos y fríos en la vertiente norte y más suaves en la vertiente sur donde al mismo tiempo son mucho más lluviosos.

Cabras en la vertiente sur del Sistema Central.
Candeleda (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.

Existían grandes diferencias en el manejo del ganado caprino en ambas vertientes de la Cordillera pues mientras que en el norte predominaban los rebaños de menor tamaño que a menudo constituían un complemento del ganado vacuno y ovino salvo en ciertos pueblos donde el caprino era especialmente numeroso, en la vertiente sur constituyeron durante siglos el principal pilar económico de gran número de familias que tenían rebaños de gran tamaño. Como en las zonas anteriormente estudiadas (norte y Meseta norte), los rebaños comunales fueron muy comunes hasta bien entrado el siglo XX.

Cabras Guisanderas.
Guisando (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.

En la vertiente norte, los rebaños solían ser estantes, pastando durante la mayor parte del año en las proximidades de los pueblos y encerrándose durante la noche y especialmente en invierno en los corrales anexos a las viviendas donde solía haber pequeñas edificaciones conocidas como casillos destinadas específicamente al ganado menor. Ocasionalmente, algunos rebaños trashumaban a la vertiente sur del Sistema Central.

Pequeño rebaño de cabras.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.

En la vertiente sur, donde los rebaños solían ser de mayor tamaño, se explotaban en régimen trasterminante entre las zonas bajas y medias ocupadas durante gran parte del año y los pastos de altura ocupados en verano o en régimen trashumante pasando el verano en las zonas altas de la vertiente norte.

Cabras Veratas en verano.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

Actualmente, los escasos rebaños de la vertiente norte y los rebaños de la vertiente sur, siguen un régimen de explotación estante saliendo a pastar siempre que es posible y pasando la noche a cubierto en edificaciones que van desde las tradicionales majadas a modernas naves especialmente en el caso de los rebaños de aptitud lechera y mayor producción.

Juana González Jiménez con sus cabras.
Navalosa (Ávila)
(c) Silvestre de la Calle García.

La alimentación de las cabras, como en las regiones anteriores, se suplementa en las majadas o en las naves con forrajes desecados y pienso. Es cada vez más frecuente que en las jornadas más crudas del invierno, especialmente en días de lluvia o cuando tienen lugar intensas nevadas, las cabras permanezcan estabuladas hasta que mejoran las condiciones atmosféricas.

Cabras Veratas en el interior de una nave.
Ganadería de Juan Manuel Rodríguez Sánchez.
Jaraíz de la Vera (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Como los inviernos aquí son bastante lluviosos, sobre todo en la vertiente sur, se trata de conseguir siempre que la paridera tenga lugar en otoño y a finales del invierno con el fin de evitar las semanas más crudas ya que, aunque las cabras no son tan sensibles al frío, los cabritos sí que lo son.
En el pasado, la paridera principal tenía lugar a finales del invierno pero hoy se realiza a finales de otoño debido a que los cabritos se venden mejor, quedando la paridera de finales de invierno o tardía reservada a las hembras jóvenes.

Cabritos de raza Guisandera en el interior de una nave.
Guisando (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.

Más hacia el sur, en plena Meseta Sur, los rebaños de cabras son bastante numerosos, especialmente en zonas de sierra ya que en las zonas llanas y en las dehesas tienen que compartir el espacio con otras especies como ovejas, vacas o cerdos.

Cabras en la dehesa extremeña.
(c) Dionisio Prieto Cuarto.

Tanto las dehesas y sierras extremeñas como las extensas llanuras manchegas, son ideales para la cría de cabras, si bien ocurre algo parecido a lo que decíamos al hablar de la Meseta Norte pues al ser una zona excelente para el cultivo y para la cría de otras especies ganaderas, las cabras suelen ocupar las tierras más pobres.

Cabras de raza Malagueña en una llanura manchega.
Portillo de Toledo (Toledo).
(c) Ana García y Fernando Nombela.

A esta zona, especialmente a las áreas adehesas, acudían en invierno gran número de rebaños del Sistema Central  debido a que las lluvias son menos frecuentes y las temperaturas más benignas. Sin embargo, hoy en día, son muy pocos los rebaños que realizan estos desplazamientos.

Cabras trashumantes.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Tradicionalmente, muchos rebaños permanecían todo el año al aire libre pero hoy en día suelen alojarse durante la noche y especialmente en invierno en naves. Las cabras salen a pastar durante todo el año pero en días de lluvia, especialmente cuando se trata de rebaños lecheros de gran producción, es frecuente que los animales permanezcan todo el día en las naves.

Cabras en el interior de una nave.
Perales del Puerto (Cáceres).
(c) Quesería El Rañal.

La alimentación de las cabras se complementa más en verano que en invierno ya que, al contrario que ocurre en el norte peninsular, los pastos suelen agostarse o secarse en verano siendo necesaria la administración de pienso para mantener la producción lechera. Muchos cabreros, sin embargo, organizan el calendario anual de partos para no tener que ordeñar en verano.

Cabras complementando su alimentación en verano.
Acehúche (Cáceres)
(c) Gonzalo Lorenzo Gómez.

La paridera tenía lugar en esta zona a finales del invierno pero hoy en día gracias a las mejoras de manejo, suele adelantarse al menos en una parte del efectivo buscando los mejores precios de los cabritos en torno a la navidad por lo que los cabritos suelen nacer en otoño aunque el clima más seco y benigno hace que no preocupen excesivamente los partos invernales.

Cabritillos en el interior de una nave.
(c) Dionisio Prieto Cuarto.

Algo similar por su posición geográfica, ocurre en las Islas Baleares donde, aunque escaso, el ganado caprino tiene cierta importancia en el norte de Mallorca, donde hay incluso poblaciones asilvestradas (boc balear) y en las islas de Ibiza y Formentera.

Cabras en Formentera.
(c) Can Eulogio. María Ferrer.

El invierno en estas dos últimas islas, es muy benigno y las cabras disponen de abundantes pastos por lo que no es necesario complementar su alimentación salvo en el caso de los rebaños o ejemplares de alta producción.

Cabra Eivissenca.
Sant Carles de Peralta (Eivissa)
(c) Can Malacosta. Marc Ferrer Subirana.

Andalucía es la comunidad autónoma con mayor número de cabras, distribuyéndose por la periferia del territorio ocupando las sierras y zonas más agrestes donde el ganado bovino y ovino tiene una menor importancia.

Cabras Payoyas.
Almargen (Málaga)
(c) Francisco Racero López.

Los inviernos, salvo en las zonas de gran altitud, son bastante benignos en cuanto a las temperaturas si bien en ciertas zonas como la Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema las lluvias son verdaderamente intensas por lo que las cabras deben disponer de albergues adecuados para pasar la noche a cubierto.

Cabras Payoyas.
Gaucín (Málaga).
(c) Juan José Calvente Cózar.

Canarias, pese a su reducida extensión, cuenta con un censo caprino verdaderamente elevado, distribuyéndose las cabras de manera desigual por todo el Archipiélago pero teniendo mayor importancia en las islas orientales y en las zonas sureñas y más secas del resto de islas.

Cabras en Canarias.
Tenerife.
(c) Pedro Antonio González Carrillo.

Aquí, el clima es siempre suave y al vivir las cabras en zonas donde las precipitaciones son escasas, a menudo ni siquiera precisan refugio alguno, permaneciendo siempre al aire libre o en sencillos cobertizos.

Cabras Tinerfeñas.
Tenerife.
(c) Pedro Antonio González Carrillo.

Su alimentación, aunque basada en los recursos naturales, suele complementarse durante gran parte del año por ser cabras de elevada producción lechera. Es sin embargo el invierno la época en la que el ganado caprino canario necesita menor suplementación.

Cabras en pastoreo en Tenerife.
(c) Pedro Antonio González Carrillo.

Hemos realizado un repaso bastante rápido por toda España conociendo el manejo llevado a cabo en invierno por los cabreros que mantienen a sus rebaños de forma extensiva. Lógicamente, aquellos que mantienen a sus cabras estabuladas durante todo el año, no tienen que preocuparse por los rigores invernales.

Cabras en pastoreo.
Alburquerque (Badajoz).
(c) Abel Pache Gómez.

Terminamos este artículo con el testimonio de dos cabreros naturales de la localidad cacereña de Guijo de Santa Bárbara.
Isidro Pérez Jiménez, ya jubilado, mantiene algunas cabras en la localidad de Talayuela (Cáceres) y nos cuenta cómo era el manejo de las cabras en décadas pasadas en Guijo:

"Antiguamente los inviernos eran muy duros porque llovía y nevaba mucho. Recuerdo que en el invierno del año 78 al 79 estuvo lloviendo desde principios de noviembre hasta finales de enero y las cabras casi no podían salir de los corrales.
Un invierno lluvioso era lo peor para los cabreros y para las cabras porque antes no se las echaba nada de pienso ni de paja. Muchas veces, si el tiempo  estaba tan malo que las cabras no podían salir y comer nada fuera, se las echaban las peladuras o vainas de las habas para que por lo menos aguantasen algo.
Los cabreros siempre decíamos que para que las cabras funcionen, en enero tienen que caer treinta heladas y para eso no tiene que llover ni una gota."

Isidro Pérez Jiménez con sus cabras.

Alejandro Torralvo Gutiérrez es un joven cabrero nacido en 1998 que mantiene más de 300 cabras de raza Verata en Guijo de Santa Bárbara. Nos cuenta cómo se organiza él en la actualidad, siendo el último cabrero importante de la localidad:

"Los tiempos han cambiado. Es verdad que no nieva tanto como antes pero los inviernos siguen siendo muy lluviosos. En días de mucha lluvia o cuando está todo mojado, yo prefiero dejar a las cabras encerradas y que coman pienso y paja. Es mejor para ellas.
Antes no quedaba más remedio que salir todos los días y se pasaban muchas penurias pero es que no había paja ni pienso ni se podía comprar. Hay que adaptarse a los tiempos porque este oficio es muy duro y hay que intentar hacer fáciles las cosas."

Alejandro Torralvo Gutiérrez con sus cabras un día de invierno.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

NOTA FINAL DEL AUTOR.
Aunque los lectores habituales de EL CUADERNO DE SILVESTRE lo saben de sobra, me gusta recordad que, como cuento en el artículos como CON RAÍCES CABRERAS o ¿CABRERO SI CABRAS?, no nací ni me crie entre cabras pero sí que soy nieto de cabreros a los que oí, y por suerte aún oigo puesto que me queda aún una abuela que fue CABRERA TRASHUMANTE, hablar mucho de las cabras. Fue especialmente mi abuelo JUAN GARCÍA GARCÍA quien más habló de las cabras.

Juan García García.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Recuerdo una frase que siempre decía y que está muy relacionada con el manejo de las cabras en invierno. De hecho, utilicé dicha frase para titular un artículo publicado hace justamente un año: AGUA DE  ENERO LLENA EL CUBO DEL CABRERO Y VACÍA EL DEL CABRERO.
Esta frase expresa lo negativas que son las lluvias en el frío mes de enero para las cabras especialmente para las cabras tempranas que son aquellas que realizan la paridera en los meses otoñales y comienzan a ordeñarse cuando se venden los cabritos para Navidad. Si no se disponía de buenos corrales y las cabras se mojaban, su producción de leche descendía muchísimo y si el tiempo no mejoraba, no lograban recuperarla.

Puri Castañares Vidal ordeñando una cabra.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Familia Pérez Castañares.

Quiero que este artículo sirva de sencillo pero sincero homenaje a todos los cabreros que en invierno, como hicieron en la familia de mi abuelo Juan hace mucho tiempo, mantienen sus cabras en sistemas extensivos. 

Eva y Marc Ferrer Subirana.
Cabreros de Ibiza.
(c) Can Malacosta.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico Forestal.

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