LA RAYA DE PRIMAVERA

Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) es un pueblo cuyos vecinos han basado su economía a lo largo de los siglos en la ganadería y la agricultura, teniendo especial importancia la primavera de estas dos actividades y obligando a los ganaderos a realizar un gestión eficiente de los recursos para garantizar la supervivencia y producción del ganado pero conservando al mismo tiempo el entorno. Para ello, eran fundamentales medidas como la raya de primavera que delimitaba la zona en la que el ganado no podía pastar durante esa estación con el fin de reservar pastos para el verano.

Cabras pastando en primavera.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.

El documento más antiguo que se conserva sobre la gestión de pastos en esta localidad, está fechado en 1468 cuando los vecinos de la aldea de El Guijo pidieron al Señor de Jarandilla que les señalase un coto de pastos que no pudiera ser aprovechado por los ganaderos de Jarandilla a no ser que sobrase pasto.

Cabras pastando.
Al fondo, Guijo de Santa Bárbara.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Cuando Guijo, tomando ya el nombre de Guijo de Santa Bárbara, se independizó de manera definitiva de Jarandilla en 1816 tras haberlo intentado previamente en 1708 y 1812, tuvo término municipal independiente dividido en tres partes:
- Baldío de Jaranda: Propiedad de la Comunidad de Pueblos de Plasencia (antiguo Sexmo de Plasencia).
- Dehesa Boyal: Propiedad de los Propios o vecinos de la Villa de Guijo.
- Parcelas particulares.

Pimesaíllo, Baldío de Jaranda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Tras la desamortización de Madoz, El Baldío y la Dehesa pasaron a manos del Estado siendo posteriormente subastados.
El Baldío fue adquirido por Antonio Jiménez García en 1859 mientras que la Dehesa se dividió en 5 lotes para facilitar su venta siendo adquiridos tres de ellos (Los Guatechos, Las Umbrías y la Lanchuela) por José García de Aguilar y Domínguez en 1865 y los dos restantes (Las Arguijuelas y El Cuchillar) por Antonio Modesto Jiménez Santos en 1866.

El Hornillo, El Cuchillar.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Los cinco lotes que componían la Dehesa Boyal volverían a fusionarse en 1867 para, tras ser cedidos a vecinos del pueblo, componer una sola fina conocida como Dehesa Sierra de Jaranda a la que se fusionaría el Baldío  de Jaranda, también cedido a vecinos del pueblo, en 1896.
Todo esto lo contamos con más detalle en el artículo 31 DE OCTUBRE...DE 1875 publicado en este mismo blog.

Macho montés con la Portilla de Jaranda al fondo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Es precisamente con la creación de la Dehesa Sierra de Jaranda cuando comienza a dejarse constancia escrita de la organización del pastoreo de las distintas especies ganaderas a lo largo del año en el término municipal de Guijo de Santa Bárbara, surgiendo así la denominada raya de primavera.

Cabras pastando en primavera.
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

El año ganadero se divide en Guijo de Santa Bárbara tradicionalmente en tres estaciones cuyo comienzo y final puede variar en función de la climatología y la disponibilidad de pastos. Dichas estaciones son conocidas como invierno, primavera y agostadero, englobando esta última los meses de verano y otoño aunque en ocasiones se fijaba una cuarta estación conocida como otoñada.

Cabras pastando en otoño.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El objetivo del señalamiento o establecimiento de la raya de primavera era reservar para el agostadero los pastos situados al norte de dicha raya y que pudieran ser aprovechados por el ganado estante que permanecía todo el año en el pueblo y que estaba integrado fundamentalmente por cabras, caballerías de labor y vacas de yunta y por el ganado trashumante o trasterminante, fundamentalmente vacas, que pasaban la primavera en las dehesas de la Vera y el Campo Arañuelo.

Vacas en la dehesa.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Se utilizaban canchales (grandes rocas), vaeras o pasos en gargantillas y arroyos, puentes, porteras e incluso fincas y corrales particulares para señalar la raya que era establecida por los Administradores de la Sierra en base a sus conocimientos y comunicada a los ganaderos mediante bando público.

Vacas bajando de la Sierra.
Al fondo, el Canchal de Majagrande.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Para que dicha raya se respetase, la Sierra tenía contratado un guarda que multaba o penaba a todos aquellos ganaderos que no cumpliesen con lo establecido, pasándose de la raya como suele decirse coloquialmente.
La multa o pena ascendía a un real y medio por cada 25 picos (animales) de ganado menor (cabras y ovejas) y a un real por cada cabeza de ganado mayor (vacas y caballerías) pagando el doble si reincidían.

Placa del guarda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La primera raya de la que se tiene constancia, fue fijada el 6 de septiembre de 1871 y era la siguiente:

"En la parte alta a ras de las fincas del Badío, El Cuchillar y las Arguijuelas".

Esta raya, que era ligeramente más alta que las posteriores, dejaba libres durante la primavera Los Guatechos, Las Umbrías y la Lanchuela reservando para el agostadero los extraordinarios pastizales de las tres fincas de mayor tamaño.

Terrenos de La Lanchuela.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Inicialmente, la raya era la misma para todo tipo de ganados. Los propietarios de vacas, caballerías (caballos, mulos y burros), cabras, ovejas e incluso cerdos, debían respetar la raya sin excepción.
Con el tiempo se trazaron rayas según las especies, la aptitud productiva de los animales e incluso en función de las razas como veremos más adelante.

Jacinto Torralvo Sánchez con las cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Aquella primera raya afectaba única y exclusivamente a terrenos de la Sierra, no encontrándose dentro del terreno acotado ninguna finca o corral para el alojamiento nocturno del ganado pero posteriores rayas sí que empezaron a afectar a fincas y corrales situados a gran altitud y enclavados dentro de la Sierra, lo que fue siempre una fuente de conflictos entre propietarios, ganaderos y accionistas y administradores de la Sierra.

Cerca de Procartas, finca más alta del término municipal.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Ya en 1873 se fijó una raya para caballerías y vacas de yunta o trabajo que comenzaba en el paraje de La Cuerda continuaba hasta las Ventosas Bajas, a Miguel García (al lado del Charco del Trabuquete), el Cerro y la Navilla.

La Cuerda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En 1877 se tomó la decisión de que ninguna vaca pudiese pastar en la Sierra entre el día de San Marcos (25 de abril) hasta San Juan (24 de junio) salvo que fuesen vacas de yunta o domadas, en cuyo caso deberían respetar la raya ya citada.

Labrador con yunta de vacas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

No hubo grandes problemas hasta que el día 15 de diciembre de 1927 los Administradores de la Sierra establecieron una raya, sumamente detallada, que impedía el pastoreo a numerosos cabreros en las proximidades de sus corrales. La raya era la siguiente:

"Desde la Cruz del Fraile al Chaparralillo, a la vaera del Jelecharón, a la trocha del medio de Las Pedrizas, a la bajera del Collao del Cambronal, a la fuente El Aprisco, a la trocha del Ramo del Berceal, al Collao de las Baldosillas, al portillo de La Estaca, collao de Majita Vejera, por bajo del Canchal del Águila a la Cumbrecilla del Chaparral, a la Cerca de Las Estajuelas, trocha abajo al Collaíllo Los Serranos, a las alegas de Mingojimeno, pared debajo de la Cerca de Los Cesteros por debajo de Las Dueñas, al collado del Piornal y a la fuente de La Galijarda.

Corral de Las Dueñas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Beneficiaba esta raya a los vaqueros pero causaba grandes perjuicios a los cabreros que tenían que concentrar en muy poco terreno las más de 3.500 cabras censadas en aquella época.
Por ello, mientras los Administradores estaban reunidos en el salón de sesiones del ayuntamiento, los cabreros y cabreras se congregaron en la plaza, acudiendo armados con garrotas, navajas, cuchillos, tijeras y todo lo que pudieron encontrar, amenazando con derribar la puerta del ayuntamiento.

Ayuntamiento viejo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Ante tal situación, algunos vecinos fueron a llamar al párroco D. Gregorio María Cruz Aparicio que abriéndose paso entre los enfurecidos cabreros, se puso en la puerta del ayuntamiento y comenzó a gritar:

¡El que quiera entrar, que me aparte a mí primero!

Los cabreros, que no se atrevían a ir contra el párroco por ser quien era y por su más que recio y conocido carácter, decidieron marcharse. Cuando el cura logró abrir el ayuntamiento, los asustados Administradores, todos vaqueros, habían saltado por una ventana trasera y escapado por los tejados de las casas contiguas.

Don Gregorio María Cruz Aparicio.
(c) Fotografía cedida por Esperanza Cruz Jiménez.

Al año siguiente, estuvo a punto de repetirse la misma escena, pero los Administradores, tras señalar exactamente la misma raya que el año anterior, añadieron en el documento lo siguiente:
"Dependiendo del tiempo se respetará la siguiente raya: Desde la Maleza al regajo de Los Mulos, al canchal del Acarraero, al Collao Alto (donde se encuentra hoy El Refugio), al collao Majita Vejera, a la Junta del Campanario, al Biezo, a la Chorrera de la Cayá, al Collaíllo de Peñacachá, trocha de Riscosombrero y a las Tres Cuerdas.

Cabras en Collao Alto.
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

Esta segunda raya, ampliaba considerablemente el terreno de pasto, permitiendo que los cabreros dispusiesen de más recursos durante unos meses muy duros, ya que, salvo en contadas excepciones, no disponían de fincas particulares para sembrar forraje alguno o recoger heno, dependiendo las cabras para alimentarse de lo que el campo ofrecía.

Cabras en El Biezo.
(c)  Juan Antonio Rodríguez Vidal.

La conflictiva raya señalada en 1927, junto con la posible raya señalada en 1928 para años en los que el tiempo lo permitiese, se mantuvieron más o menos estables durante mucho tiempo.
Algunos años, como ocurrió en 1933, se mantenía la raya para cabras pero se establecía una raya diferente para las caballerías como la siguiente:

Desde El Esperón al Erizo, Majaílla el Cuesto, la Cigüena, Vaera del Toril, Veguilla la Peña, bajera de la Cerca de Las Peñas a la bajera de la Cerca de Las Umbrías, Vaera de Los Vaíllos, Collao El Pájaro, Vaera de Tocino, La Ciguta, bajera de Los Migueles, Collao Cimero, Vaerilla Las Vacas, Majaita Lobera, Trocha de Calatrava a la Linde de Aldeanueva.

El Pájaro.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En ocasiones, se permitía al ganado pastar libremente sin respetar raya alguna como ocurrió en 1934 pero tomando medidas como la prohibición de que pastase cualquier vaca en la Sierra durante la primavera, ya no quedaban vacas de yunta, ni ovejas en ninguna estación del año.

Cabras en la sierra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las caballerías, tanto mayores (caballos y mulos) como menores (burros), tenían una gran importancia para los vecinos de Guijo de Santa Bárbara al ser fundamentales como animales de trabajo. La mayoría de las familias compaginaban la actividad ganadera con la agricultura tanto para autoconsumo como para la venta de ciertos productos. Los ganaderos que no se dedicaban al cultivo de la tierra, necesitaban también caballerías para bajar la leche o el queso hasta el pueblo.

Gonzalo Vicente trillando cebada en la Era de Abajo del Llano.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Por ello, a la hora de trazar la raya de caballerías, se tenía en cuenta que estos animales dispusiesen siempre de buenos pastos cercanos al pueblo y a los corrales, beneficiando siempre a las caballerías de labor o domadas respecto a las cerriles, que solían ser yeguas dedicadas únicamente a la crianza.

Yegua cerril con su potrillo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La raya se establecía a comienzos de la estación de primavera, que en principio variaba entre el 19 de marzo y el 25 de abril para luego quedar fijada el 21 de marzo de manera definitiva, y no se abría hasta el día 24 de junio, en el que las vacas subían desde las dehesas donde habían pasado parte del invierno y la primavera.
Únicamente en casos muy excepcionales, la raya se abría antes, como ocurrió en 1939 debido a una epidemia de gripe que asoló las dehesas de La Vera y el Campo Arañuelo.

Vacas en la Plaza de Toros.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Cada año, los administradores se reunían a finales del otoño o principios del invierno para comenzar a valorar la posibilidad de modificar o no la raya en función de la disponibilidad de pastos al sur de la misma o del número de cabezas, cabras y caballerías como hemos dicho. 
Pero en 1950 se produjo un hecho que obligó a cambiar la raya pues se permitió de nuevo el pastoreo de ovejas en la Dehesa Sierra de Jaranda lo que llevó a los administradores a señalar la siguiente raya:

Desde la Portilla del Cimbrón al Biezo, a la gargantilla del Campanario por la Vuelta del Jocino, por la cabeza a la Cueva del Manzanar, umbría arriba a la Fuente de Las Monaíllas hasta el Pareón. Desde las Cruceras al Guijarro de la Umbría, al canchal de Los Cesteros, a la cerca del Piornal, al Picorzo y a la lanchera del Esperón.

Cueva del Manzanar.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La raya anterior era ligeramente más alta que la habitual e incluso más que la de 1928. Un año más tarde, en 1951, la situación que atravesaba el ganado guijeño debido a la nevada más grande de la que hay registros, obligó a modificar la raya, dividiendo esta vez la raya en varias secciones:

Desde la Vaera de Los Chorros gargantilla arriba al Toril de Marceliana Jiménez, hasta la Chorrera de los Poyales, a Cabezamesá, a Collao Alto. 
Por la otra parte, desde la Vaera del Biezo gargantilla arriba al Canchal de Majagrande. 
Por poniente, desde el Canchal de los Paleros al Majal de Calatrava, a la Navilla, al Chaparralillo, al Corotillo de Praocartas y hasta las Tres Cuerdas.

Corral de El Toril de Marceliana Jiménez.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Se acordó que la estación de primavera empezaría a comienzos de marzo y terminaría la última semana de junio según tiempo y pastos mientras que el agostadero empezaría al terminar la primavera y finalizaría el 30 de noviembre para dar así inicio al invierno.
Así mismo, se acordó que los ganaderos debían tener la correspondiente papeleta de pastoreo para que el guarda pudiese ver el ganado que les había sido contado en caso de tener que multar al ganadero por pastar en terrenos no permitidos, siendo el 50% del importe de la multa para el guarda y el resto para la Sierra.

Vacas en Collao Alto.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Durante los años 50, la raya se modificó levemente y en pocas ocasiones, pero en 1959 tuvo lugar un hecho verdaderamente curioso. Tras años en los que no se había permitido el pastoreo de vacas durante la primavera en la Sierra ya que habían desaparecido las vacas de yunta, se comenzó a permitir el pastoreo de vacas de raza Frisona, conocidas localmente como suizas, señalando una raya específica para ellas independiente de la de las cabras y caballerías:

Desde la gargantilla del Toril a la linde con Losar, abierto. Desde la colada de los Zahurdones al Cirvunal, al Portillo de las Estajuelas, gargantilla abajo hasta Tocino, continuando hacia Revientazaque y girando allí hacia poniente hasta Vaerilla las Vacas, la Navilla y cerrando en la Fuente de Calatrava.

Vaca suiza.
(c) Silvestre de la Calle García.

Tras casi un siglo fijando rayas y después de tres décadas del famoso episodio de 1927, la raya para las cabras quedó más o menos establecida llegando algunos años, dependiendo del pasto y del tiempo como se solía decir, a suprimirse, permitiendo el libre pastoreo de este ganado en toda la sierra

Cabras pastando en la sierra.
Arriba, El Refugio (Collao Alto).
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

La raya para vacas y caballerías se revisaba todos los años y se modificaba o no dependiendo de los condicionantes ya expuestos, aunque no variaba prácticamente nada. Por ejemplo, en 1976 se señaló la siguiente raya para estas especies:

Desde la Galijarda al Picorzo, a la esquina del Helechar de Marcelino de la Calle, por debajo del Canchal de los Guijos al charco del Majal del Toril, al corral de Felipe de la Calle, por debajo de la finca de Julián Pobre, al Cirvunal, a La Morata, al Portillo de los Lancherales, a la cuerda de La Rapilla, al puente Tocino, trocha de Las Cañaejas, esquina de Los Migueles, a Vaerilla las Vacas, a la Navilla y a la Cruz del Fraile.

Corral de Felipe de la Calle en El Toril.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Durante las dos décadas siguientes, se siguió haciendo lo mismo. Cada invierno, los administradores se reunían y valoraban la situación para cambiar o no la raya aunque, salvo casos verdaderamente excepcionales, no se modificaba, echando bando al comenzar la estación de primavera para que los ganaderos recordasen que debía respetarse la raya.

Caballos pastando en la sierra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las vacas eran bastante fáciles de controlar aunque, a finales de la primavera algunas, comenzaban a buscar los pastos más altos y en ocasiones se pasaban de la raya. Las caballerías, en cambio, eran bastante más difíciles de controlar por lo que se acostumbraba a trabarlas o manearlas con una traba o manea, que era una pequeña cadena que unía las dos patas delanteras o manos impidiendo que el animal caminase largas distancias.

Detalle de las manos de un caballo trabado.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Respecto a las cabras, era muy fácil que respetasen la raya puesto que rara vez pastaban solas, permaneciendo durante todo el día acompañadas por el cabrero y sus perros, regresando cada noche a dormir a los corrales. 

Juan Antonio Rodríguez López con las cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En 1998 se acordó fijar una raya definitiva que no volvería a modificarse. Tras estudiar detenidamente la situación, los administradores del momento, siguiendo el consejo de antiguos administradores y ganaderos, señalaron la siguiente raya:

Empieza en la Galijarda, al Picorzo, por debajo de los Helechares y del Canchal de Los Guijos, al Majal del Toril, por debajo de la finca de Felipe de la Calle, por La Cuerda, al Cirvunal, a La Morata, al Portillo de Los Lancherales, a la cuerda de La Rapilla, al puente Tocino, por la Trocha de las Cañaejas, a la esquina de los Migueles, a Vaerilla las Vacas, a La Navilla y cerrando en la Cruz del Fraile.

Vacas cruzando la garganta Jaranda por el Puente Tocino.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Poco, por no decir nada, cambiaba esta última raya respecto a la señalada en 1976.
Sin embargo, ante la petición del ganadero Teodoro Pérez Vidal que tenía las cabras en el corral de La Ciguta, en 2001 se modificó ligeramente la raya:

Desde los Lancherales del Esperón, al Collao del Erizo, Majaita El Cuesto, al Guijarro de la Vaera del Toril, por debajo de la finca de Felipe de la Calle, por la Colá de los Zahurdones al Cirvunal, a la Morata, al Portillo de los Lancherales, al Collaíllo el Pasto de Abajo, a la portera de Miguel García (portera del Camino de Castilla justo antes de llegar al Trabuquete), al Cerrillo Pepe, a los Migueles, a Vaerilla las Vacas, a la Navilla, a Los Zorros y cerrando en la Cruz del Fraile.

Cabras de Teodoro Pérez Vidal "Serrano" en La Ciguta.
(c) Puri Castañares Vidal.

Desde entonces, la raya de primavera no se ha modificado. La única piara de cabras de cierta importancia, perteneciente a Alejandro Torralvo Gutiérrez, y las escasas vacas y caballerías que pastan en la sierra durante la estación de primavera, lo hacen respetando la raya habitual como se viene haciendo desde 1871, aunque es posible que incluso antes de esa fecha, el Ayuntamiento o los propios ganaderos fijasen de manera consensuada una raya para gestionar de manera más eficiente el aprovechamiento de los pastos.

Cabras pastando.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.


AGRADECIMIENTOS.
Quiero dar las gracias por su inestimable colaboración a Alonso de la Calle Hidalgo, mi padre, que durante más de un cuarto de siglo fue Administrador de la Dehesa Sierra de Jaranda, ejerciendo los cargos de secretario y en los últimos años también de contador, preocupándose de investigar todo sobre la historia de la misma lo que sirvió para que entre los dos publicásemos en 2018 el libro LA DEHESA SIERRA DE JARANDA que ha sido utilizado como bibliografía para este artículo.

Alonso de la Calle Hidalgo.

También quiero dar las gracias a los muchos ganaderos y administradores de la Sierra con los que he hablado de este tema de la raya de primavera a lo largo del tiempo como por ejemplo mi abuelo Juan García García, ganadero administrador de la Dehesa Sierra de Jaranda durante 30 años.

Juan García García.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista de la Villa de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).

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