UNA TARDE CON UN CABRERO VERATO
La comarca de La Vera se encuentra situada al noreste de la provincia de Cáceres en las estribaciones meridionales de la vertiente sur de la Sierra de Gredos, habiendo sido siempre una tierra de cabras y de cabreros que dio origen y nombre a una raza caprina autóctona: La Verata.
Pero actualmente, pocos cabreros quedan en esta comarca y menos aún son los que mantienen rebaños o piaras de cabras de raza Verata. Uno de ellos es Juan Manuel Rodríguez Sánchez, que tiene su explotación ganadera en Jaraíz de la Vera.
Manu con sus cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Juan Manuel Rodríguez Sánchez, conocido por todo el mundo como Manu, proviene de una larga saga de cabreros trashumantes cuya historia relatamos en el artículo titulado MANU: LEGADO CABRERO publicado hace algún tiempo en este blog.
Manu con sus cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Manu mantiene desde hace años su piara de cabras en la Dehesa de Jaraíz de la Vera cuyos pastos comparte durante gran parte del año, especialmente en invierno y primavera, con vaqueros trasterminantes de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) que acuden con sus vacas en busca de un lugar abrigado y con pastos frescos cuando la Sierra de Jaranda de Guijo de Santa Bárbara se cubre de nieve.
Cabras de Manu.
Al fondo, la Sierra de Jaranda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Las cabras que forman este rebaño, piara como se dice en La Vera, de unas 250 cabezas, son de raza Verata, autóctona de esta comarca cacereña desde la que se extendían a comarcas vecinas como el Valle del Jerte y el Campo Arañuelo en Cáceres, los valles de los ríos Tiétar y Tormes en Ávila y el noroeste de la provincia de Toledo.
Cabras Veratas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Cabras Veratas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
En épocas pasadas, se distinguían dentro de la raza Verata diferentes subtipos y variedades debido al mayor aislamiento genético entre los rebaños de diferentes poblaciones.
Así, en los pueblos de la llama Vera Alta como Madrigal de la Vera, Villanueva de la Vera o Valverde de la Vera y en la localidad abulense de Candeleda y su anejo El Raso, se encontraba la cabra Verata propiamente dicha que era de tamaño medio a grande y capas oscuras que variaban entre el cárdeno, el caoba y el negro con diversas degradaciones y que se había visto influenciada por la cabra Guisandera llegada a a la zona debido a las migraciones de los cabreros guisanderos que fueron obligados a dejar su pueblo por las repoblaciones de pino resinero.
Por el contrario, en la zona de Losar de la Vera, Guijo de Santa Bárbara o Tornavacas, se criaba la cabra denominada popularmente como Losareña, de tamaño más bien pequeño, cuernos cortos y capas muy variadas siendo la piara del legendario tío Paulino en Jerte-Tornavacas la última de este tipo.
Cabras de tío Paulino.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Cabras de Manu.
(c) Silvestre de la Calle García.
Tras días de intensas lluvias, la tarde del jueves 26 de febrero de 2026, visitamos a Manu en su explotación, esperándole en las proximidades de la majada hasta que llegase con las cabras del pastoreo o careo diario. Durante las pasadas semanas y pese a que el tiempo estaba frío y lluvioso, Manu salió diariamente con sus cabras de la majada demostrando el carácter luchador de los cabreros para quienes sus cabras son lo primero.
Las cabras de Manu durante el careo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Los días más largos y las temperaturas más elevadas van favoreciendo el desarrollo de la vegetación tras los fríos invernales. La hierba comienza a crecer permitiendo la alimentación de las cabras aunque estas son más dadas a consumir alimentos fibrosos como los rebrotes de los numerosos arbustos de la dehesa.
Aún así, para garantizar su buen estado de salud y mantener la producción lechera elevada, Manu complementa en la majada la alimentación de las cabras con abundante pienso.
Cabras descansando.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Pese a caminar rápido en dirección a la majada atraídas con el pienso, en cuando Manu y su fiel perro carea se pararon en la pradera, las cabras supieron que debían parar.
Como experto cabrero, Manu colocó la garrota o cayada ligeramente inclinada y se apoyó sobre ella. Quien se haya criado en una casa o pueblo ganadero, habrá visto esta imagen miles de veces siendo especialmente común cuando se juntaban dos o más ganaderos al atardecer y comentaban los sucesos del día mientras su ganado descansaba.
Manu junto a las cabras.
(c) Silvestre de la Calle García.
En cuanto Manu se incorporó y dio un silbido, las cabras se levantaron y comenzaron a marchar hacia la majada. Animales inteligentes como pocos, las cabras conocen perfectamente el camino hacia la majada pero cuando van por el campo siempre procuran caminar detrás del cabrero y no perderlo de vista pues saben que así les alertará ante cualquier peligro. Los perros, por su parte, suelen caminar detrás de la piara controlando la presencia de posibles depredadores.
Pero conforme se iban acercando a la majada, las cabras aceleraron la marcha y no dudan en adelantarse al cabrero, ya que saben que durante el día pocos depredadores se atreven a acercarse a las inmediaciones de la majada, además de contar con el reclamo del pienso.
Bajando por una pequeña loma, resultaba impresionante ver a las cabras de Manu como un auténtico bosque de cuernos caminando veloces hacia la majada.
Manu camino de la majada.
(c) Silvestre de la Calle García.
Pero más allá de la imagen, hay que describir el armonioso sonido de los cencerros o campanillos, colocados no por capricho sino para dar cohesión al rebaño y para que los animales extraviados entre el matorral puedan ser localizados por el cabrero y puedan seguir el camino a la majada escuchando los campanillos de sus compañeras.
Existen multitud de tipos de campanillos que debidamente colocados y afinados dan lugar a un sonido característico de cada piara denominado alamabre. Manu utiliza piquetas de 5 reales y campanillas chicas, propio de los cabreros Bellosos antes mencionados.
Cabras camino de la majada.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Al llegar aquella tarde a la majada, las cabras ya encontraron los comederos llenos de pienso para complementar su alimentación.
Dentro de una nave techada, abrigada, con suelo seco y comida abundante, estas cabras responden con una producción lechera elevada garantizando así la rentabilidad de la explotación.
Mientras las cabras comen, Manu y su novia Judith Bermejo Blázquez, de la localidad de Aldeanueva de la Vera y descendiente de familias cabreras tan importantes como Los Chirilos y Los Roques, aprovechan para separar cabras, amamantar a los cabritos, revisar al ganado etc...
Manu y Judith.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Por el interior de la majada correteaban algunos cabritos. Son los que quedan tras la venta de la última gran partida de cabritos tardíos que fueron vendidos y cargados hace tan solo unos días. Estos cabritos tienen que ser cuidados con mimo y vigilar que mamen correctamente.
Dando de mamar a un cabrito.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Manu realiza un sencillo pero eficiente control de las parideras de las cabras con el simple procedimiento de mantener a los machos cabríos encerrados en un amplio corral cuando no quiere que las cabras cuando no interesa que las cabras se tomen, cubran o apareen.
Machos cabríos.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
A MODO DE EPÍLOGO.
Siempre resulta grato visitar en La Vera una explotación extensiva de ganado caprino y más aún si los animales pertenecen a la raza autóctona de la comarca, pero más grato aún es visitar explotaciones como la dirigida por esta joven pareja de ganaderos que luchan por continuar con el oficio de sus antepasados y manteniendo una raza autóctona con gran alegría e ilusión siendo conscientes de las muchas dificultades que ello conlleva no por la dureza del oficio en sí sino por problemas como el bajo precio de los productos en origen, los costes de producción cada vez más elevados, las normativas sanitarias y la asfixiante burocracia que, en ocasiones y como dice el propio Manu hacen que "se te quite la ilusión".
Esperemos que Manu pueda seguir muchos años con las cabras y junto a Judith para que les podamos visitar muchas veces y publicar artículos sobre ellos en EL CUADERNO DE SILVESTRE.



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