EL GUIJO: TIERRA DE LOBOS

Guijo de Santa Bárbara es un pequeño pueblo situado en la comarca de La Vera, al noreste de la provincia de Cáceres y en las estribaciones occidentales de la vertiente sur de la Sierra de Gredos.
El lobo ibérico formó parte de la fauna guijeña hasta los años 60 del siglo XX, momento en el que desapareció debido a la caza y a la alteración de su hábitat, habiendo vuelto a recolonizar las sierras del municipio en los últimos años.

Guijo de Santa Bárbara.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El lobo ibérico (Canis lupus signatus) pobló en otro tiempo la mayor parte de la península Ibérica. Carnívoro estricto, el lobo se alimenta fundamentalmente de grandes mamíferos como ciervos, corzos, jabalíes...pero cuando estas presas escasean o cuando habita en regiones de alta densidad ganadera, sus principales presas pasan a ser las ovejas, las cabras, los terneros, los potros...
Esto genera graves conflictos entre la Administración y los conservacionistas de un lado y los cazadores y ganaderos de otra.

Lobo Ibérico.
(c) Javier Bernal Corral.

Pese a ser perseguido y cazado durante miles de años utilizando todo tipo de trampas y armas de fuego en los últimos siglos, el lobo logró sobrevivir hasta que en el siglo XIX comenzó a generalizarse el uso de potentes venenos, lo que, junto con las alteraciones de su hábitat, hizo que el lobo desapareciese de gran parte de la Península, quedando relegado a algunas zonas del noroeste siendo su gran refugio la zamorana Sierra de La Culebra.

Corral de lobos.
La Garganta (Cáceres).
(c) José María Benítez Carroza.

Pero centrémonos en el lobo en Guijo de Santa Bárbara, en cuya agreste sierra habitó el lobo durante siglos. El testimonio escrito más antiguo que habla específicamente de la presencia de este cánido en la localidad, lo encontramos en el llamado Manuscrito del Seminario, fechado hacia el año 1845. En este interesantísimo documento leemos lo siguiente:

"Hay caza de perdices, corzas, lobos, zorras, jabalíes y cabras monteses".

Algo parecido dirá en 1902 en su obra Estudio Clínico de la Fiebre Tifoidea precedido de la Topografía Médica de la Villa el médico D. José González Castro al hablar de la fauna guijeña:

"Existen el lobo, el zorro, la garduña, el gato montés y la cabra montés..."

Cabras monteses.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Como era de esperar, donde más datos se encuentran sobre los lobos es en los archivos de la Dehesa Sierra de Jaranda, la finca más extensa de todo el término municipal con casi 3.000 hectáreas de superficie y que ocupa toda la zona media-alta del municipio, destinándose al aprovechamiento ganadero y cinegético.

Arca donde se guardan los archivos de la Dehesa Sierra de Jaranda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En 1869, los Administradores de la Sierra decidieron nuez vómica (Strychnos nux-vomica), fruto de un árbol que crece en Asia y cuyo principal alcaloide es la estricnina, el más potente de todos los venenos utilizados en España para combatir al lobo.
Aunque conocida en España desde 1788, la estricnina no consiguió ser aislada hasta principios del siglo XIX en Francia, siendo un polvo cristalino, inodoro y amargo que llegó a utilizarse como medicina pero que posteriormente comenzó a utilizarse como veneno.
Con este polvo se envenenaban trozos de carne o huesos que se distribuían por las zonas donde había lobos. 
4 guijeños se encargaron en aquella ocasión de distribuir el veneno, que tuvo un coste de 139 reales.

Gancho de la carnicería municipal de Guijo de Santa Bárbara.
(c) Silvestre de la Calle García.

Hasta entonces, dado que los guijeños no poseía escopetas ni otras armas de fuego, los lobos se intentaban cazar con lazos y cepos. Sin embargo, estos animales son muy listos y pocas veces caían en tan primitivas trampas que sí que eran efectivas para los zorros, los tejones y otros pequeños animales.

Cepo.
(c) Silvestre de la Calle García.

La forma más efectiva que tenían los ganaderos guijeños de cazar lobos, era el expolio de camadas. Si se lograba capturar uno o varios lobeznos vivos, la Administración Pública pagaba generosas recompensas aunque en el caso concreto de Guijo de Santa Bárbara la propia Administración de la Dehesa Sierra de Jaranda gratificaba a quien lograse tal hazaña, como ocurrió en 1871 cuando el cabrero Román Castañares Pobre logró cazar un lobezno, recibiendo por ello 11 reales.

Cabrero con las cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Posteriormente, algunos cabreros lograron hacerse con escopetas siendo famoso Domingo Pérez "El Zorra" quien cazaba cabras monteses y de cuando en cuando también algún lobo. Tenía tío Domingo una escopeta de aquellas que se cargaban por arriba y un pequeño morralito para los perdigones con un cuerno para guardar la pólvora y una pequeña medida para esta hecha de cuerno de cabra montés.

Morralillo de caza.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Sin embargo, los que más combatieron al demonio lobuno fueron ni más ni menos que dos párrocos guijeños. 
El primero de ellos fue don Juan Mateos Muñoz, natural de La Zarza (Ávila) y párroco de Guijo entre 1879 y 1909. Tal era su afición por la caza, que en cierta ocasión se movió algo entre las escobas y disparó pensando que era un lobo. Cuando vio lo que había matado, se dio cuenta que era una cabra, lo que le valió el apodo de "El Cura Matacabras".

Cabra Verata.
(c) Silvestre de la Calle García.

El segundo de ellos fue don Gregorio María Cruz Aparicio, natural de Jerte (Cáceres) y que además de ser párroco de Guijo entre 1913 y 1929, fue secretario de la Dehesa Sierra de Jaranda. Gran gastrónomo, experto catador de vinos y hombre de mentalidad muy liberal, don Gregorio dejada la sotana en casa y vestido con camisa y pantalón se iba acompañado de su perra Pacha a cazar perdices y lo que apareciese, matando varios lobos.

Don Gregorio María Cruz Aparicio.
(c) Fotografía cedida por Esperanza Cruz Jiménez.

Aunque pueda parecer poco efectivo, durante los años en los que tío Domingo "El Zorra", don Juan y don Gregorio combatieron activamente a los lobos, la población de estos cánidos descendió notablemente y, aunque los ataques al ganado se seguían produciendo, se notó que en los años 20 había menos lobos que en épocas pasadas.

Julián Leal con las cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Pero en las décadas siguientes, cuando se produjo un gran aumento de la población humana y del censo ganadero, la población de lobos creció exponencialmente hasta el punto de que en la década de 1940 los ataques, especialmente al ganado mayor, eran cada vez más frecuentes.

Vacas en Collao Alto.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Los cabreros encerraban cada noche durante gran parte del año a su ganado en los corrales dejando a los perros vigilando a las cabras durante toda la noche y pernoctando ellos en ocasiones en casillas contiguas a los corrales. De ese modo, era muy difícil que los lobos atacasen a las cabras.

Cabras en Corral Viejo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En verano, aunque las cabras dormían en majales al aire libre en la sierra, los cabreros y sus familias permanecían en chozas situadas junto a los mismos por lo que era difícil que se produjesen ataques.

Flora Sánchez vaquero y sus hijos en un majal en Pimesaíllo con las cabras.
(c) Familia Torralvo.

Durante el día, los cabreros acompañaban a las cabras durante el careo. La simple presencia humana bastaba muchas veces para disuadir al lobo de atacar y además, las cabras eran muy escandalosas y corrían y berreaban al ver al lobo alertando a los perros.

Juan Antonio Rodríguez López con las cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Cuando los cabreros veían un lobo cerca de las cabras, tocaban la bocina, cuerno de vaca debidamente preparado para poder soplar a través de él y emitir un ronco sonido que se oía a largas distancias y que tenía el doble objetivo de ahuyentar al lobo y de avisar a otros cabreros de su presencia, poniendo en guardia a los perros.

Cabrero tocando la bocina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las vacas permanecían gran parte del verano, el otoño y el invierno sueltas en la sierra y sin apenas vigilancia por lo que durante la noche eran frecuentes los ataques. Las vacas trataban de evitar al lobo durmiendo en collados y lugares despejados o en las proximidades de los majales de los cabreros. 
Si lograban detectar a los lobos a tiempo, formaban un círculo protector alrededor de los terneros y poniendo la cabeza hacia afuera creando una barrera de cuernos que los lobos difícilmente podían atravesar.

Vacas pastando en la sierra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las caballerías cerriles, generalmente yeguas de cría, permanecían también sueltas al igual que los burros que tenían los cabreros para bajar el queso desde la sierra hasta el pueblo. Si no estaban trabadas, las caballerías o bestias lograban defenderse dando coces, patadas y mordiscos, pero si lo estaban, eran presas fáciles del lobo.

Caballos en la sierra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El uso de la estricnina para envenenar a los lobos no estaba bien visto por todos los ganaderos ya que muchas veces los perros comían la carne y los huesos envenenados y morían irremediablemente. También afectaba a otros muchos animales como las grandes rapaces dando como resultado la extinción del quebrantahuesos de estas montañas y causando la práctica desaparición del águila real y de los buitres.

Buitre leonado.
(c) Miguel Alba Vegas.

Al ser la Dehesa Sierra de Jaranda un codiciado cazadero de perdices y cabras monteses, acudían a ella cazadores de pueblos vecinos y en 1946 un hombre de Garganta la Olla abatió una loba. Los Administradores de la Sierra le pagaron 25 pesetas ya que los encargados de gratificar a los cazadores de alimañas eran los Ayuntamientos con el dinero que el Gobierno Civil destinaba para tal fin.

Lobo.
(c) Leticia Pato Martín.

En 1949 se organizó una cacería de lobos. Como era difícil conseguir munición e plena posguerra, el Ayuntamiento se encargó de hacerlo, abonando la Sierra 100 pesetas por dicha munición.

Ayuntamiento Viejo de Guijo de Santa Bárbara.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.


En los años 50, la población de lobos aumentó nuevamente y los ataques volvieron a ser frecuentes, siendo esta vez las principales víctimas las ovejas o borregas, que durante muchos años habían tenido prohibido el pastoreo en la Sierra pero que pudieron volver a hacerlo a partir de la primavera de 1950.

Piara de borregas.
(c) Silvestre de la Calle García.

Los ganaderos de ovejas mantenían siempre buenos perros loberos o mastines ganaderos ligeros, los cuales lograban ahuyentar a los lobos e incluso enfrentarse a ellos. Aún así, durante la primavera cuando las ovejas dormían fuera de los corrales por estar abonando las tierras de cultivo, los ganaderos o bien pastores asalariados tenían que dormir junto a los rediles en las mamparas, casetas portátiles de madera, para proteger a las ovejas.

Mampara.
(c) Silvestre de la Calle García.

Cazados intensamente en todos los pueblos vecinos, en Guijo de Santa Bárbara los lobos acabaron también por desaparecer. El último intento de ataque al ganado lo sufrieron las ovejas de Anastasio y Juan García en el majal de la Nava en 1960. Desde entonces, no volvieron a verse lobos en la sierra.
Curiosamente, el último lobo del que se tiene constancia en Guijo de Santa Bárbara, fue abatido en el mismo pueblo porque buscó refugio una noche de invierno en una cuadra de los citados ganaderos desde la que saltó a una vivienda vecina. Se trataba de un macho viejo y enfermo que al no poder cazar, se arriesgó a bajar al pueblo en busca de comida.

Majal y choza de La Nava.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A lo largo de la década de 1960 el lobo desapareció prácticamente de todo el Sistema Central. Hasta comienzos del siglo XXI no se empezaron a tener noticias de su presencia en la parte más oriental de la Sierra de Gredos donde los ataques al ganado comenzaron a ser cada vez más frecuentes, extendiéndose los lobos paulatinamente hacia el este.

Ternero matado por los lobos en Barajas (Ávila).
(c) Juan Manuel Yuste Apausa.

Actualmente, la presencia del lobo es habitual en la zona, habiendo matado en el término municipal de Tornavacas algunos terneros o chotos de ganaderos guijeños, siendo frecuente ver ya algunos ejemplares en la Sierra de Guijo de Santa Bárbara.

El Melocotón, Tornavacas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Junto a los lobos hay ejemplares híbridos por el cruzamiento con perros domésticos, fácilmente reconocibles, en el caso de estas sierras, por su color completamente negro. 
Esto hace dudar que el resto de lobos, aunque presenten el aspecto de lobos auténticos, sean realmente genéticamente puros y no el resultado de una población bastardeada y que por lo tanto no sería una especie natural. 

Lobo Ibérico.
(c) Javier Bernal Corral.

Sin lugar a dudas, la llegada del lobo marca un antes y un después en la historia de Guijo de Santa Bárbara en general y de la Dehesa Sierra de Jaranda en particular ya que la presencia de este animal afectará tanto al ganado como a los herbívoros salvajes debiendo recordar que nos encontramos dentro de la Reserva de Caza La Sierra, espacio dedicado a la conservación y al aprovechamiento cinegético sostenible de la cabra montés ibérica, un tesoro de nuestra fauna.

Machos de cabra montés ibérica.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El lobo es, junto con el águila real, el principal depredador natural de la cabra montés ejerciendo, como ya se ha comprobado en otras zonas de la Península donde conviven ambas especies, una gran presión predatoria sobre los ejemplares más viejos, especialmente machos.

Macho montés de avanzada edad.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Por supuesto, y quizás por encima de todo, debemos recordar que la base de la economía de numerosas familias guijeñas es la ganadería bovina de aptitud cárnica, explotándose el ganado en un sistema extensivo trashumante que garantiza la conservación del medio natural. También sobrevive en Guijo de Santa Bárbara una de las últimas piaras de cabras de raza Verata que quedan en la comarca que da nombre a esta raza caprina en grave peligro de extinción.
La presencia del lobo obligará a los ganaderos a cambiar sus costumbres y ocasionará pérdidas económicas importantes derivadas no sólo de los animales directamente atacados y muertos o despeñados al intentar huir sino por las hembras que, ante la falta de tranquilidad, abortarán.

Alejandro Torralvo con sus cabras Veratas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las medidas ante esta situación las hemos tratado ya en artículos publicados en este mismo blog como los siguientes:

Lobo Ibérico.
(c) Leticia Pato Martín.

El tiempo será el que nos haga ver cómo termina esta situación... 
Recuerdo que hace unos pocos años una persona, que tenía un cargo importante, aseguraba que en Extremadura ni había lobos en aquel momento ni nunca los habría pero parece ser que aquella persona se equivocó y los lobos recorren ya el norte de la provincia de Cáceres y podemos decir que Guijo de Santa Bárbara (El Guijo), es TIERRA DE LOBOS.

Guijo de Santa Bárbara.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Bibliografía y fuentes consultadas:

- De la Calle García, S. y De la Calle Hidalgo, A. (2018) La Dehesa Sierra de Jaranda.

- Tagellón Sevillano, J, (2021) Carqueisa florida, loba parida. El lobo en la cultura tradicional del noroeste de Zamora. Ed. Typus. Gráficas y publicidad S.L.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico Forestal.
Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara.

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