JESÚS Y FELI: GANADEROS DE LA SIERRA DE GREDOS.

Jesús y Felicitación Marina Jiménez son dos hermanos naturales de la localidad de Navacepeda de Tormes, capital del municipio abulense de San Juan de Gredos, situado junto al río Tormes y a los pies de la vertiente norte de la Sierra de Gredos.
Importantes vaqueros trashumantes en otro tiempo, hoy en día, cuando cuentan ya con más de 80 años, aún mantienen cabras, gallinas, yeguas y burros.

Jesús y Feli con una de sus cabras.
(c) Silvestre de la Calle García.

Conocí a Jesús y a Feli hace casi 20 años, concretamente en el verano de 2007 cuando mi padre, Alonso de la Calle Hidalgo, y yo investigábamos sobre la cultura de la Sierra de Gredos y tras hablar con el personal de varios ayuntamientos de la zona, nos dijeron que en Navacepeda de Tormes, aún quedaban algunos ganaderos que trabajaban con yuntas de vacas.
Tras contactar con Jesús y Feli, nos dijeron que estaban recogiendo el heno y que podíamos ir a gabarles y fotografiarles sin ningún problema.

Recogiendo heno en Navacepeda de Tormes. 2007.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Pasamos una calurosa tarde de verano grabando y fotografiando a Jesús y a su hermana Feli que, junto a su primo Víctor, recogían y cargaban un carro de heno tirado por la yunta formada por las vacas Larguita y Serrana.

De izquierda a derecha: Víctor, Feli, Alonso (detrás), Jesús y Silvestre.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Teníamos pensado dormir en algún alojamiento rural de los muchos que hay por la zona, pero Jesús y Feli no lo permitieron y sin conocernos de nada, nos abrieron la puerta de su casa donde nos quedamos a dormir para seguir grabando al día siguiente, convirtiéndonos desde aquel en momento en prácticamente familia.

Jesús con el carro cargado de heno.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Por aquel entonces, Jesús y Feli eran aún importantes vaqueros trashumantes, manteniendo más de un centenar de vacas reproductoras cruzadas aunque con bastante sangre Avileña, manejadas de forma extensiva y en régimen trashumante, pastando durante el invierno y la primavera en una dehesa de la localidad cacereña de Santa Marta de Magasca y el verano y el otoño en los agostaderos de la Sierra de Gredos, realizando el traslado en camiones.

Vacas de Jesús y Feli pastando en la sierra.
(c) Silvestre de la Calle García.

Únicamente las vacas domadas para el trabajo y ocasionalmente alguna que no pudiera ser trasladada por diversos motivos, permanecían todo el año en Navacepeda donde eran encerradas por la noche en una abrigada casilla con su correspondiente corral en el que se guardaban también los carros y otros aperos de labranza.

Serrana, vaca domada.
(c) Silvestre de la Calle García.

En numerosas ocasiones durante aquellos años, visitamos mi padre y yo a Jesús y Feli, quienes nos llamaban cada vez que habían a hacer algún trabajo con las vacas domadas puesto que las utilizaban para todo tipo de tareas.
Pese a contar con tractor y maquinaria para realizar los distintos trabajos del campo, en numerosas parcelas era imposible utilizarlos, siendo necesaria la ayuda de las vacas.

Jesús arando con la yunta.
(c) Silvestre de la Calle García.

Pocos años después, debido al resultado de los temidos saneamientos ganaderos, Jesús y Feli tuvieron que vender todas sus vacas. Aunque ya estaban cercanos a la jubilación, vender el ganado no entraba por el momento en sus cálculos y menos de esa manera. 
Fue un duro golpe, especialmente para Feli, que aún llora al recordar aquello porque un vaquero nunca deja de serlo aunque venda sus vacas y jamás las olvida.

Sevillana, una de las mejores vacas de los hermanos Marina.
(c) Silvestre de la Calle Hidalgo.

En un casillo situado en el corral de una antigua casa serrana que había pertenecido a sus abuelos, Jesús y Feli mantenían unas 15 cabras adultas más los machos y las chivas de renuevo.
Las cabras proporcionaban leche para el consumo directo y para la elaboración de exquisitos quesos, además de criar excelentes cabritos para la venta y el consumo familiar.

Feli con las cabras.
(c) Silvestre de la Calle García.

Tiempo atrás, las cabras de Jesús y Feli pastaban en el campo a diario junto con las de otros vecinos pero en 2007 ya las mantenían estabuladas aunque disponían de un amplísimo corral para hacer ejercicio, pasando la noche en el abrigado casillo.

Jesús con las cabras en el corral.
(c) Silvestre de la Calle García.

Recuerdo especialmente una de las cabras que tenían Jesús y Feli cuando les conocí. Se llamaba Piñorra y era una cabra de pelo largo con manchas blancas y negras y enormes cuernos. Tenía ya más de 15 años y Jesús y Feli decían que era una gran criadora y una de las mejores cabras que tenían.

Piñorra con un cabrito.
(c) Silvestre de la Calle García.

Celebré fue en años posteriores el gran macho cabrío al que Jesús llamaba Barrufaki, imponente animal de pelo largo de color rubio que era muy tranquilo y con el que Jesús estaba siempre jugando hasta que le dio un topetazo que casi acaba con su vida.

Barrufaki jugando con Jesús.
(c) Silvestre de la Calle García.

Actualmente, siguen manteniendo unas cuantas cabras como siempre han hecho. No les dan mucho trabajo ni generan grandes gastos y les permiten obtener la leche necesaria para el consumo y para elaborar quesos, además de ser un entretenimiento para ellos.

Jesús dando de comer a las cabras.
(c) Silvestre de la Calle García.

Siempre han tenido Jesús y Feli gallinas para abastecerse de huevos, las cuales mantienen en la que llaman casa vieja, donde ellos pasaron su infancia y juventud junto a sus padres Manuel y Juliana antes de trasladarse a la casa en la que residen actualmente. 
En esa vieja casa, ejemplo magnífico de la arquitectura tradicional abulense, tienen el gallinero situado tras el horno de la antigua cocina, algo muy habitual en las casas de Gredos para que las gallinas estuviesen calientes. Durante el día, las aves corretean por un amplio cercado.

Gallina con sus pollitos.
(c) Silvestre de la Calle García.

Tiempo atrás, como cualquier familia de la Sierra de Gredos, en el amplio cercado o corral de esta casa, Jesús y Feli habían criado cerdos para realizar, llegado el invierno, la matanza tradicional, pero cuando yo les conocí, compraban la carne en mataderos especializados y hacían los embutidos a su gusto en casa.

Una cerda en San Bartolomé de Tormes.
(c) Silvestre de la Calle García.

Como todos los vaqueros trashumantes a lo largo de la historia, Jesús y Feli han tenido siempre caballerías, fundamentalmente yeguas destinadas a la cría de potros, los cuales eran muy demandados antiguamente como animales de trabajo y hoy para la producción de carne de potro.

Yeguas de Jesús y Feli.
(c) Silvestre de la Calle García.

Todavía tenían cuando yo les conocí, una yegua nacida durante el famoso nevazo de 1996, uno de los mayores que se recuerdan en tiempos recientes en la Sierra de Gredos y en el que muchas yeguas, potros y vacas de los pueblos de alrededor, quedaron atrapados y murieron.

Yegua nacida durante el gran nevazo del 1996.
(c) Silvestre de la Calle García.

Al preguntar a Jesús por las yeguas que tiene, siempre contesta que "pues hay unas cuantas. A lo mejor veinte entre grandes y chicos."  Y mientras él dice esto, Feli dice que "sobran todas las que hay. A ver si alguien viene y se las lleva."

Caballo de Jesús y Feli.
(c) Silvestre de la Calle García.

Al tener que vender todas las vacas, incluidas las domadas que utilizaba para el trabajo, Jesús tuvo que comprar un par de burras para poder trabajar en el campo y para mantener limpios los prados y huertos cercanos al pueblo.

Jesús dando pan a sus primeras burras.
(c) Silvestre de la Calle García.

A aquellas burras primeras les seguirían otras cuantas, algunas de las cuales fueron compradas cuando estaban preñadas por lo que parieron buches al poco de llegar, siendo las hembras recriadas. En algún momento han llegado a tener más de una docena de animales, pero ahora apenas tienen un par de ejemplares.

Burra con su cría.
(c) Silvestre de la Calle García.

También compró Jesús un burro entero o garañón de raza Zamorano-Leonesa para que las burras pudieran cubrirse y seguir así criando, con la idea de poder vender algún que otro buche.

Garañón Zamorano-Leonés de Jesús.
(c) Silvestre de la Calle García.

Como se ha indicado anteriormente, Jesús utilizaba las burras para trabajar y en cierta ocasión pudimos compartir con él una jornada mientras araba con una yunta de burras que tiraban de un arado romano similar al utilizado por las vacas pero algo más pequeño.
En la Sierra de Gredos los burros fueron muy importantes en épocas pasadas cuando las familias humildes o aquellos ganaderos que, como Jesús ya iban mayores y no podían trabajar con vacas, se valían de estos animales no tan fuertes pero más fáciles de manejar y mantener.

Jesús arando con la yunta de burras.
(c) Silvestre de la Calle García.

A lo largo de estas casi dos décadas, mi padre y yo hemos visitado en numerosísimas ocasiones a Jesús y a Feli conociendo con ellos Navacepeda de Tormes y su precioso entorno.
En este pueblo hay cosas tan espectaculares que ver como la mano del oso clavada en la parte superior de la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Se  trata de la mano de un oso pardo que según los estudios vivió hacia el año 1600 y que según la leyenda fue matado por un segador que al salir ileso del encuentro con el oso, ofreció la mano a San Juan.

La mano del oso.
(c) Silvestre de la Calle García.

El pueblo conserva bellos ejemplos de arquitectura tradicional como antiguas casas serranas con amplias puertas de entrada a los corrales para permitir el paso de los carros y que se encuentran protegidas por los caramanchos o cubiertas de piorno.

Puerta con caramancho.
(c) Silvestre de la Calle García.

En la mayoría de los casos, conservan estas puertas las cerraduras serranas de madera que se abren con una llave de madera siguiendo un ingenioso sistema que para los no entendidos es difícil de dominar al principio.

Cerradura serrana.
(c) Silvestre de la Calle García.

En los alrededores de Navacepeda hay parajes de gran belleza que nosotros descubrimos junto a Jesús y Feli, como por ejemplo el espectacular puente situado sobre el Pozo de las Paredes en el río Barbellido o el Puente de los Seis Ojos sobre el caudaloso río Tormes.

Puente sobre el Pozo de las Paredes.
(c) Silvestre de la Calle García.

Y no solo mi padre y yo hemos visitado a Jesús y a Feli sino que también lo ha hecho gran parte de mi familia, incluidos mis abuelos Antonio Leandro de la Calle Jiménez (1924-2022) y Visitación Hidalgo Burcio (1929- ) que les conocieron en 2007 cuando mi abuelo tenía ya 83 años y mi abuela estaba a punto de cumplir 78 y subieron a la Laguna Grande de Gredos. 

Mis abuelos, mis tías Raquel y Toñi, mi padre y yo en la Laguna Grande de Gredos.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En otra ocasión, mis abuelos, mi madre Vicenta de la Calle García y mi hermana Rocío, fueron a una comida a la que nos invitaron Jesús y Feli, viniendo ellos después a conocer nuestro pueblo.

Comida en Navacepeda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Jesús y Feli son un gran ejemplo de lo que son y han sido siempre los habitantes de los pueblos de la Sierra de Gredos. Gente sencilla, trabajadora, hospitalaria, que reciben en su casa y ayudan a todo aquel que lo necesite.
Llevo casi 6 años escribiendo este blog de EL CUADERNO DE SILVESTRE y para redactar gran número de sus artículos o entradas, ha sido fundamental todo lo que he aprendido con Jesús y Feli con quienes espero poder compartir muchos y buenos ratos como hasta ahora.

El autor con una cabra y una cabritillo de Jesús y Feli hace algún tiempo...
(c) Alonso de la Calle García.

Fdo: Silvestre de la Calle García.

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