EL BURRO EN LA SIERRA DE GREDOS
El burro o asno doméstico ha sido un animal muy importante en la Sierra de Gredos donde era utilizado como animal de trabajo para tiro, carga y montura siendo en algunos casos empleado también para la producción de carne y leche. Aunque prácticamente desaparecido de estas montañas, merece que le dediquemos unas líneas.
Ya sabe el lector habitual de este blog, aunque volvemos a aclararlo y también para que lo sepan nuevos lectores, que la Sierra de Gredos comienza en el cerro de Guisando al este y termina en el Puerto de Tornavacas al oeste, habiendo algunos expertos que consideran que la Sierra de Béjar sería también un macizo más de la de Gredos. Sea como fuere, en estas montañas y en las comarcas circundantes, el burro tuvo gran importancia a lo largo de la historia.
Burras en el corazón de la Sierra de Gredos.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
A diferencia de otras especies ganaderas como vacas, cabras, ovejas o caballos, nunca ha habido grandes diferencias entre el sistema de explotación y manejo del burro en la zona norte y en la zona sur de la Sierra, de manera similar a lo que ocurría tradicionalmente con el cerdo.
Los burros eran empleados generalmente por las familias más humildes, por la gente mayor que tenían dificultades para trabajar con vacas, caballos o mulas y por aquellas familias en las que mujeres y niños tenían que realizar las tareas agropecuarias.
En muchas casas de labradores y ganaderos relativamente acomodados, era frecuente tener vacas, caballos o mulas que eran utilizados por los hombres y algún burro que era utilizado por el resto de la familia.
Todo esto se debía a que los burros eran animales sumamente resistentes, rústicos y sobrios que podían sobrevivir alimentándose de pastos pobres desdeñados por otros animales y complementando su alimentación en invierno con algo de heno, paja y rara vez grano.
Además, solían ser animales muy dóciles y fáciles de manejar puesto que se solían tener machos castrados y hembras, los primeros por ser más tranquilos que los garañones o burros enteros y las segundas porque, además de dóciles, podían criar todos los años o en años alternos un buche que podía ser vendido para mejorar la modesta economía familiar.
Ángel de la Calle Vicente arrastrando heno con la burra.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Normalmente, se solía tener 1 ó 2 burros por familia. En aquellos lugares donde no se podían utilizar carros por lo accidentado del terreno, a menudo se tenía solamente un burro. Estos animales pueden arar perfectamente solos con arados y aperos adaptados a su tamaño.
Aún así, aunque no se pudiese usar carro en la zona, muchas familias tenían 2 burros para trabajar con ellos en yunta y realizar tareas como arar la tierra o la trilla de los cereales.
Jesús Marina Jiménez arando con una yunta de burras.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
No obstante, las familias que tenían únicamente un burro, podían ponerse de acuerdo con otra familia para juntar los dos burros y trabajar alternativamente, algo bastante frecuente y que reducían grandemente los gastos, aunque, como hemos dicho, los burros son sumamente fáciles de mantener.
Lucio (dueño del burro blanco) y Vitor (dueño de la burra gris) arando.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
En las zonas más llanas y accesibles, algunas familias mantenían una yunta de burros y realizaban las tareas mencionadas además de trabajar con pequeños carros adaptados al tamaño de los burros.
Además de utilizarse como animales de tiro, los burros eran utilizados como animales de carga para el transporte de poco peso o para transitar por zonas especialmente agrestes.
Los cabreros de la vertiente sur de Gredos, que pasaban el verano en la sierra viviendo en chozas a las que se llegaba por estrechas y tortuosas trochas, tenían en el burro su principal aliado para bajar el queso fresco que elaboraban en la sierra y regresar con productos necesarios para su subsistencia como pan, patatas, legumbres, aceite...
En los pueblos transportaban todo tipo de cargas en sacos o en aguaderas y serones de esparto o mimbre así como en grandes cestos denominados "covanillos" en la vertiente sur de Gredos. Cereal de la era a casa y de casa al molino para retornar con harina, patatas y otros productos agrícolas, cántaros de leche, agua, aceite, pellejos de vino y aceite, estiércol para abonar los campos...
Antonio Leandro de la Calle Jiménez con la burra cargada con covanillos.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
También eran muy utilizados para el transporte de leña en serones o en parihuelas o simplemente utilizando sogas y cargaderas, llevando este valioso recurso desde el campo a los hogares o a los pueblos grandes para vendérsela a los vecinos y especialmente a los panaderos.
Antonio Leandro de la Calle Jiménez cargando leña con cargaderas en la burra.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Como animales de montura fueron muy utilizados por niños, mujeres, ancianos, personas poco acostumbradas a cabalgar o que recorrían distancias cortas, etc.
Populares eran las auténticas caravanas que se formaban en los pueblos del extinto partido judicial de El Barco de Ávila para ir cada lunes al mercado desde todos los pueblos de la zona cuando principalmente las mujeres iban montadas en un burro seguidas de otro con aquello que llevaban a vender.
Incluso algunos profesionales que tenían que desplazarse entre pueblos como médicos, carteros o sacerdotes, recorrían los caminos a lomos de burros.
Antonio Leandro de la Calle Jiménez, cartero rural.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Las burras eran muy utilizadas para la crianza. Como rara vez los labradores poseían garañones o burros enteros, acudían a las paradas, lugares de propiedad estatal, municipal o particular donde se mantenían garañones y caballos sementales para cubrir a burras y yeguas. Las burras podían ser cubiertas por el garañón para producir buches o bien ser cubiertas, cuando eran bastante grandes, por caballos sementales para producir burdéganos, machos, mulos burreros o mulos romos.
Jesús Marina Jiménez con su burra y su bucha.
Navacepeda de Tormes (Ávila).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Una vez cubiertas y tras un año de gestación, las burras parían una sola cría, muy rara vez dos, que amamantaban durante varios meses hasta que podían alimentarse como los adultos.
En muchos lugares, las burras paridas eran sometidas a ordeño para destinar su leche a la alimentación de niños y enfermos ya que es la leche más parecida por su composición a la leche de mujer.
Muchos niños de los pueblos de Gredos sobrevivieron gracias a la leche de las burras cuando sus madres se quedaban sin leche o cuando otros tipos de leche les sentaban mal sin saber el motivo, que ahora sabemos que se debía a intolerancia a la lactosa.
El aprovechamiento cárnico de los burros era mucho más raro y se debían más bien a casos excepcionales como sacrificios de urgencia de animales accidentados por diversas causas o al sacrificio de algún animal muy joven en casos de necesidad.
Se sabe que en ocasiones las buchas, hembras jóvenes, que solían ser bastante difíciles de vender sobre todo si eran de tipo pequeño, eran sacrificadas para aprovechar su carne que era blanca, tierna y muy jugosa, totalmente diferente a la de los ejemplares adultos que era oscura, dura y seca, destinándose a la elaboración de tasajos.
La piel de estos burros sacrificados, era muy apreciada para elaborar cribas utilizados para la limpieza del cereal en las eras durante la trilla. Dichas cribas estaban formados por un marco circular de madera sobre el que se colocaba la piel de burro curtida y a la que se le habían practicado una serie de pequeños orificios para que cayese el grano pero no la paja.
Como en el caso de cualquier otra especie ganadera, el estiércol de los burros era muy apreciado como abono siendo especialmente buscado para los pequeños huertos destinados al cultivo de verduras por esponjar mucho la tierra facilitando así el crecimiento de plantas de sistema radicular relativamente pequeño.
Ángel de la Calle Vicente transportando estiércol con su burro.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Olga de la Calle Santos.
Respecto al mantenimiento de los burros, era verdaderamente sencillo. Cuando no estaban trabajando, pastaban en prados particulares o en terrenos comunales en los cuales, para evitar que se alejasen demasiado, se les colocaba en las patas delanteras o manos una manea o traba, que era una pequeña cadena de hierro que ataba las dos patas permitiendo al animal caminar pero no correr.
Por la noche, los burros eran encerrados en casillos, corrales y cuadras pues se defendían mal de los lobos si estaban solos ya que, aunque rebuznaban estrepitosamente para intentar avisar a su dueño y ahuyentar a los lobos, eran incapaces de defenderse de una manada de lobos si estaban maneados o trabados o si se encontraban en un pequeño prado cercado.
Cuando estaban encerrados se complementaba su alimentación con algo de heno y/o paja y raramente cereal o productos cultivados específicamente para tal fin como podían ser las habas.
Burro en el interior de un corral.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Silvestre de la Calle García.
Otras prácticas de manejo eran el herrado y el esquilado.
A los burros, al contrario que a los caballos, sólo se les colocaban herraduras en las patas delanteras o manos por ser las que más sufrían. Además los cascos debían ser recortados muy a menudo especialmente en el caso de aquellos burros que pastaban siempre en praderas y no desgastaban los cascos de manera natural.
Burro en un prado.
Umbrías (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
El esquileo se realizaba en primavera, existiendo esquiladores profesionales, a menudo ambulantes, que recorrían los pueblos para esquilar a los burros con el objetivo de que pudiesen trabajar y soportar el verano más cómodamente. Al esquilar a los burros sólo se les cortaba el pelo de la mitad superior del cuerpo, dejando intacto el pelo de la tripa y las patas por ser una protección eficaz frente a los insectos, la suciedad, la humedad e incluso el sudor.
Burro esquilado.
Casas del Puerto (Ávila).
(c) Alexis Hernández Llorente.
Algunos esquiladores eran verdaderos artistas y con la tijera hacían figuras muy diversas e incluso letras y el nombre del dueño del animal en las ancas del animal.
Esto se hacía especialmente cuando los burros iban a ser exhibidos en ferias, fiestas y romerías.
En la Sierra de Gredos no era habitual la cría de burros de una raza determinada aunque ocasionalmente llegaban a la zona arrieros y tratantes con asnos de raza Zamorano-Leonesa o Andaluza que vendían algún ejemplar. Ya en el siglo XX fue relativamente frecuente la presencia de garañones de raza Catalana en las paradas con el objetivo de cubrir mayoritariamente a yeguas para producir mulas.
Los burros más comunes en Gredos eran animales cruzados de tamaño más bien pequeño ya que, como venimos diciendo, realizaban trabajos sencillos y lo que se buscaba principalmente eran animales dóciles y fáciles de mantener.
Todo lo relatado hasta ahora, fue válido hasta la primera mitad del siglo XX pero el éxodo rural de los años 60, 70 y 80 unido a la progresiva mecanización agrícola y del transporte hicieron que el censo de burros cayese en picado hasta el punto de que cada día son más difíciles de ver siendo mantenidos los pocos que hay por ganaderos y agricultores aficionados o por personas de avanzada edad.
Prácticamente no se emplean para el trabajo ni para la crianza, manteniéndose en muchos casos por simple capricho como animal de compañía o para que mantengan las fincas limpias ya que cumplen una importante función desbrozadora, labor esta última que puede resultar verdaderamente importante para la prevención de incendios forestales.
Realmente, tal y como se cuenta en este mismo blog en el artículo titulado EL FUTURO DEL BURRO, este animal podría tener muchas utilidades en nuestros días.
Debemos mencionar la utilización del burro en diversas manifestaciones festivas como el encierro de burros celebrado en San Martín de la Vega del Alberche (Ávila) en el mes de septiembre, en El Peropalo de Villanueva de la Vera (Cáceres) en Carnaval, en Navalosa (Ávila), Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) y otros pueblos en la ronda que los quintos realizan por el pueblo generalmente en Carnaval pidiendo huevos, chorizos y otras viandas al vecindario, en las bodas para montar a los novios la noche de la boda en Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) ...
A MODO DE EPÍLOGO.
Como podemos ver en este artículo, los burros tuvieron una gran importancia en la Sierra de Gredos, comparable en muchos aspectos a la que tuvo el caballo y, aunque hoy en día se encuentren en absoluto peligro de extinción, merecen que recordemos todo lo que ayudaron a nuestros antepasados durante siglos.
Antonio Leandro de la Calle Jiménez con la burra cargada con covanillos.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Silvestre de la Calle García.
DEDICATORIA.
Aunque ya no pueda verlo, quiero dedicar este artículo a la memoria de mi abuelo Antonio Leandro de la Calle Jiménez (1924-2022), cartero rural, vaquero y labrador en Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) y que toda la vida trabajó con burros, bajando diariamente durante más de una década a Jarandilla de la Vera en su burro para recoger el correo y subir medicinas y encargos para los vecinos del pueblo.
Fdo: Silvestre de la Calle García.
Técnico Forestal.
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