A MI ABUELO

Hoy quiero dedicar este artículo o entrada de EL CUADERNO DE SILVESTRE a la memoria de una de las personas que más me marcaron y a quien, en buena medida, se debe la existencia del blog. Se trata de mi abuelo Juan García García (1927-2012) que mañana cumpliría 99 años.

Con mi abuelo en 1999.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Ya en el artículo UN GANADERO DE LOS DE ANTES, publicado el 10 de mayo de 2022 y cuya lectura recomiendo al lector, conté detalladamente la vida de mi abuelo Juan, la cual fue también tratada de manera resumida en el artículo TÍA VICENTA Y TÍO JUAN: DOS VIDAS ENTRE CABRAS, BORREGAS, VACAS Y MUCHO MÁS, publicado el 18 de julio de 2024.

Mi tatarabuela Vicente y mi abuelo Juan

Por ello, resumiré aquí brevísimamente la vida de mi abuelo y me centraré en los motivos por los que fue tan importante para mí.
Mi abuelo Juan García García nació el 12 de mayo de 1927, siendo el segundo hijo y primer varón de Anastasio García García (1896-1974), conocido popularmente como Tío Peseta, mote o apodo que heredaría mi abuelo, y de Josefa García Gonçalves (1904-1938), conocida como La Portuguesa por ser su abuelo natural de Braga.

Mi abuelo Juan acompañado de su hermana Alfonsa (dcha.) y de su prima Nicolasa (izda.)
(c) Familia de la Calle.

Inicialmente, mi abuelo, su hermana Alfonsa y sus padres, pasaban la mayor parte del año en la finca de La Cerquilla donde tenían las cabras a medias con el padre de mi bisabuela Esteban García Castañares (1872-1952), conocido como Tío Canija, y la segunda mujer de este Quintina Castañares García.

Casilla de La Cerquilla.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Posteriormente, mi abuelo y su padre se trasladaron a vivir a casa de la madre de mi bisabuelo Vicenta García Díaz (1874-1955), apodada La Jambrina, quien fue para mi abuelo y su prima Nicolasa una verdadera madre. La abuela Vicenta era cabrera pero se dedicaba también al cultivo del castaño, la cría de cerdos y venta de embutidos y el préstamo de dinero. En sus últimos años, cambió las cabras por ovejas o borregas y se dedicó también al cultivo de tabaco.

Piara de cabras.
(c) Silvestre de la Calle García.

El 27 de marzo de 1952, mi abuelo Juan se casó con mi abuela Marcelina de la Calle Vicente (1930-2009), de la familia de Los Senagüillas, con quien tuvo tres hijos llamados José (n.1954), Vicenta (n.1955) y Ángela (1961-2010).
Mis abuelos, y sus hijos hasta que se casaron, vivieron siempre en la calle de La Mata, al principio en una casa situada al final de dicha calle y a las afueras del pueblo, trasladándose posteriormente a otra situada en un lugar más céntrico, quedando la primera para utilizarla como cuadra, almacén y secadero para el tabaco.

Mi abuela Marcelina con su hermano Agapito (detrás) y sus hijos José, Ángela y Vicenta.
(c) Familia de la Calle.

Mi abuelo vivió toda la vida dedicado a la ganadería y la agricultura. Al principio tuvo ovejas o borregas a medias con su padre y posteriormente vacas suizas, también a medias con su padre, complementando los ingresos obtenidos del ganado con el cultivo del castaño y sobre todo del tabaco.

Mi abuelo Juan con su yegua cargada de tabaco.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Poco le faltaba a mi abuelo para jubilarse cuando yo, Silvestre de la Calle García, hijo de Alonso de la Calle Hidalgo y de Vicenta García de la Calle, nací el 11 de agosto de 1988, siendo el tercer nieto y el segundo varón de mis abuelos.
Y a la sombra de mi abuelo crecí pasando mi infancia entre vacas puesto que, aunque mi abuelo se jubiló en 1992, se quedó con algunas vacas para entretenerse.

Con una de las vacas de mi abuelo, la Parda, en 1992.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Recuerdo con gran cariño las últimas vacas que tenía mi abuelo, cada una con su nombre correspondiente: Montañesa, Careta, Parda, Blanca, Paloma, Golondrina...
Nunca había tenido gran número de ellas, pues cuando más, tuvo 6 vacas adultas, alguna novilla y alguna becerra, los terneros pequeños y, si acaso, un añojo de cebo que actuaba como semental. Yo le recuerdo ya con entre 2 y 4 vacas, además de una yegua y las gallinas.

La Blanca, vaca de mi abuelo con sus dos terneros en 1996.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

De niño, nada más salir de la escuela por la tarde porque, como muchos recordarán, entonces había clase por las tardes, salía corriendo de la escuela para dejar la mochila en casa y pasar por casa de mi tía Martina, hermana de mi abuela, para que me diese la merendilla que yo me iba comiendo camino de La Huerta, la finca en la que mi abuelo tenía las vacas.

Mi tía Martina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Allí pasaba las tardes con mi abuelo porque, aunque los prados estaban cercados, era conveniente vigilar a las vacas y sobre todo a los chotos o terneros. Mientras esperábamos que llegase la hora de recoger a las vacas en el corral, mi abuelo me contaba infinidad de historias de su infancia y juventud como cabrero y borreguero, de sus ya casi 40 años como vaquero, anécdotas de sus abuelos...
Recuerdo especialmente cuando me hablaba de los lobos a los que ya tenía que vigilar cuando con 8 ó 9 años iba ya de careo con las cabras, de los mastines que tenían para defender a las cabras y a las borregas, de los mulos con los que tanto había trabajado, de los cochinos criados para la matanza, de la ganadería y la agricultura en el pueblo...
Con especial interés escuchaba las historias que contaba de la Dehesa Sierra de Jaranda, de la que fue administrador ejerciendo los cargos de presidente y contador durante 30 largos años.
Parecerá mentira pero, aunque han pasado más de 25 años de aquello, lo recuerdo como si fuera hoy.

Mi abuelo con su vaca Parda en 1997.
(c) José García de la Calle.

Los sábados bajaban toda la mañana con mi abuelo y los domingos también pero después de Misa. Cuando mi abuelo acababa de ordeñar, yo me subía la leche al pueblo en dos cántaras, una para mi casa y otra para la casa de mis abuelos. Recuerdo que mi abuelo hacía algunos días queso si había bastante leche, aunque lo habitual era que mi abuela preparase natillas para casa y para ofrecer a cualquier visita. En otro tiempo, mi abuela había sido una gran elaboradora de mantequilla casera, pero yo ya no recuerdo aquello.

Un domingo después de Misa. 1992.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Yo era muy feliz con esa vida que muchos no entendían, especialmente mis compañeros de la escuela, que preferían estar jugando al fútbol o con la bici.
Yo disfrutaba pasando el tiempo con mi abuelo y ayudándole en lo que podía ya fuese en la finca o cuando había que llevar alguna vaca al toro o los chotos a la Plaza de Toros para embarcarlos cuando se los vendía.

Con una chota de mi abuelo. 1999.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Si volviera atrás el tiempo, no sólo no cambiaría aquellos ratos pasados con mi abuelo, sino que pasaría con él todo el tiempo posible. Y es que cuando yo estaba a punto de cumplir 12 años, todo cambió. Mi abuelo sufrió un ICTUS y hubo que vender las vacas.

Último día con las vacas. 2000
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Mi abuelo se recuperó un poco, pero le quedaron graves secuelas que habrían hecho completamente imposible su vida como ganadero y agricultor. Andaba con dificultad, no podía mover la mano derecha y no podía hablar. Ya no podía contarme más historias pero, cogió de alguna manera el relevo mi tía Nicolasa Sánchez García (1922-2012), que me siguió contando las historias que me contaba mi abuelo y otras muchas.

Con mi tía Nicolasa y mi abuelo Juan.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Serán muchos los que piensen que aquellos primeros 12 años de mi vida vividos junto a mi abuelo, fueron pocos para poder aprender tanto de él y retener tanta información en mi memoria, pero los expertos en estos temas dicen que los recuerdos de la infancia son los que permanecen toda la vida y supongo que eso es lo que me pasa a mí.

Con una ternera de mi abuelo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Aunque mi abuelo Juan murió el 19 de julio de 2012, lo sigo recordando cada día pero más aún desde que hace 5 años comencé a escribir EL CUADERNO DE SILVESTRE.
Mi abuelo no pudo ver nunca este blog pero sé que si hoy estuviera aquí, sería una de las personas a las que más le gustaría puesto que muchas de las entradas o artículos publicados en el blog, está relacionados directa o indirectamente con él. Sus conocimientos, vivencias, anécdotas...son uno de los pilares básicos que sostienen mi vida como escritor.

Mi abuelo Juan.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Fdo: Silvestre de la Calle García.

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