EUSEBIO MORCUENDE GARCÍA: CABRERO, GUITARRERO Y CANTAOR.
Eusebio Morcuende García, conocido popularmente como "Tío Marica", fue un cabrero, guitarrero y cantaor de la localidad abulense de Candeleda.
Su historia es fundamental para entender el papel que han jugado los cabreros en la trasmisión de la cultura tradicional en la vertiente sur de la Sierra de Gredos en general y en Candeleda en particular.
Eusebio Morcuende García con su guitarra (izda)
Piara de cabras (dcha.)
Eusebio Morcuende García nació en Candeleda en 1928 y falleció en el año 2000 siendo cabrero toda su vida, estando asentado con sus cabras en el paraje de El Boquete en la finca que había pertenecido a la famosa familia candeledana de Los Guáchares.
Al principio, la finca contaba con un sencillo corral de berengas, construcción antiquísima consistente en un sencillo techado de postes de madera y rachones (troncos seccionados a la mitad) y cubiertos con una capa de escoba o de piornos para que el agua vertiese hacia el exterior del corral) y una pequeña vivienda para los cabreros.
En la finca de El Boquete, donde tenían la majada y la vivienda, Eusebio y su esposa Fidela Garro Suárez sacaron adelante a su familia en una época muy difícil en la que muchos eran los cabreros que decidían marcharse al extranjero o a las grandes ciudades en busca de una supuesta vida mejor. Ellos decidieron quedarse y continuar con el noble oficio de sus antepasados.
Aún hoy podemos ver la casa que les servía de morada y en la que todo se conserva tal y como estaba cuando ellos vivían en ella. El viejo escaño donde se sentaban junto a la lumbre en las frías noches de invierno, el vasar con los platos y demás cacharros...
En estas majadas de invierno, tan alejadas del pueblo más cercano, no solía faltar nunca el horno para cocer el pan tanto durante la estancia invernal de la familia como durante los meses de verano, en los que las mujeres bajaban hasta la majada de invierno para masar y cocer el pan una vez a la semana o cada quince días.
Como la inmensa mayoría de los cabreros de la vertiente sur de Gredos, Eusebio se trasladaba en verano con sus cabras, el resto de animales desde cerdos y gallinas a bestias de carga, y toda la familia a los puestos de verano situados a gran altitud para aprovechar mejor los pastos estivales. La familia Morcuende siempre se trasladó al puesto de El Jornillo, pastando las cabras en la zona de la Cuerda de la Peña de Chilla.
Contaban con una piara de unas 180 cabras ya que mantener un mayor número de cabezas era bastante complicado. En primer lugar, el ordeño debía realizarse a mano y si las familias contaban con pocos miembros para llevar a cabo esta tarea, no podían tener un número de cabras.
Además, la leche obtenida no podía bajarse al pueblo para ser vendida y tenía que ser transformada en queso cuya conservación y transporte eran mucho más sencillos que el de la leche fresca.
En segundo lugar, había una gran cantidad de ganaderos en la sierra de Candeleda y El Raso por lo que a la hora de realizar el careo diario o pastoreo, se disponía de menor superficie al tener que mantener a las cabras relativamente separadas de las de otros ganaderos. Todo el mundo tenía derecho a vivir y entre los cabreros siempre hubo una gran solidaridad.
Cabras en la sierra.
(c) Familia Morcuende.
Eusebio Morcuende García destacó siempre por sus excelentes cabras. Se trataba de las cabras autóctonas de la zona, conocidas en épocas pasadas como "cabras del país" por ser las que siempre se habían criado en la zona e incluso "raseñas" por ser las que tenían los cabreros de El Raso. En definitiva, eran cabras similares a la actual raza Verata.
Es común que mucha gente piense que los cabreros de antaño vivían aislados en la sierra pero mantenían una estrecha relación con las familias que vivían en las majadas y puestos cercanos ya que estos lugares de habitación se localizaban separados entre sí para que las cabras no se mezclasen pero relativamente próximos para que los cabreros pudiesen ayudarse en caso de necesidad.
Además, una vez por semana, los cabreros bajaban al pueblo para vender el queso y subirse aquello que pudieran necesitar. También se bajaba al pueblo con motivo de acontecimientos familiares como bodas, bautizos, entierros...así como para determinadas fiestas.
Al igual que muchos cabreros de la zona, Eusebio fue un gran guitarrero y cantaor siendo uno de los mayores conocedores del rico folklore de la vertiente sur de la Sierra de Gredos con multitud de canciones, cantares, coplas, romances, etc. que se transmitían oralmente de generación en generación y que precisamente ha llegado a nuestros días gracias a los cabreros.
Incluso en el puesto de El Jornillo, tocaba la guitarra con otros guitarreros como Serapio Blázquez o Gregorio Tiemblo "El Bomba".
Por supuesto, también tocaba en la majada de invierno en la casa antes mencionada y que aún se conserva como ya dijimos. Fueron muchos los candeledanos que aprendieron a tocar y a cantar con el "Tío Marica".
Dionisio Galán Fraile, conocido como "Nisio el Torpe", nos cuenta que él mismo aprendió a tocar con tío Eusebio y que fue uno de los mejores guitarreros y cantaores que él haya conocido en estas sierras.
Cuando el gran Pedro Vaquero, figura clave del folklore candeledano, realizó una gran recopilación de cantares de la Sierra de Gredos, la colaboración de Eusebio Morcuende García fue decisiva, convirtiéndose así en un referente de la música popular de Candeleda y de todo el Valle del Tiétar.
En una época en la que todo lo tradicional estaba siendo arrinconado y cayendo en el olvido ante el escaso o nulo valor que le daban los jóvenes, Pedro Vaquero y Eusebio Morcuende lograron salvar una parte de la cultura inmaterial de los cabreros de Gredos.
Si hoy sigue vivo el folklore candeledano, es gracias en buena medida a Eusebio Morcuende García.
Eusebio tocaba y cantaba cuando le apetecía y se terciaba, como se suele decir en esta zona. Cierto es que había ocasiones en las que se tocaba de manera organizada como podía ser en una fiesta o una boda pero otras veces se tocaba sin más motivo que pasar un rato agradable con amigos y familiares ya fuese en el pueblo, en la majada de El Boquete, en el puesto del Jornillo, en Chilla...
Por supuesto, Eusebio Morcuende García tocaba y cantaba en ese gran evento que es para cualquier familia ganadera la matanza del cerdo, cuando se reunían los familiares, amigos y vecinos para colaborar en todas las tareas de este día y pasar una agradable jornada de convivencia que acababa a altas horas de la madrugada y siempre tocando, cantando y bailando.
Con el paso de los años, Mercedes Morcuende Garro, nacida el 1 de julio de 1960, hija de Eusebio y Fidela, continuó con el oficio de cabrera junto a su esposo Mauricio Vaquero Hernández.
Tuvieron las cabras "a medias" con Eusebio y Fidela durante muchos años, llegando a juntar entre 300 y 350 cabras e incluso aproximándose en algunos momentos a las 400 cabezas.
Mercedes y Mauricio siguieron criando el mismo tipo de cabras que Eusebio, pero seleccionaron animales acornes o "mochos" que al no tener cuernos eran más fáciles de manejar y necesitaban menos espacio en los corrales. Algunos piensan que este tipo de cabras genéticamente acornes sólo aparece en el sur de España en razas como la Murciana-Granadina pero lo cierto es que su presencia en el seno de razas como la Verata o la Guisandera o Guisandesa está documentado desde hace muchas décadas.
En la majada de El Boquete, Mercedes y Mauricio sacaron adelante a su familia gracias a las cabras. Si ya tuvo mérito que Eusebio y Fidela no se marchasen, más mérito tuvo que en los años 80, cuando se estaba produciendo en las tierras bajas de regadío el famoso boom del cultivo del tabaco y del pimiento y comenzaba a desarrollarse la ganadería estabulada, decidieran quedarse en El Boquete junto a los padres de Mercedes.
En este ambiente nació el 10 de junio de 1985 Albina Vaquero Morcuende, hija de Mauricio y Mercedes, criándose a la sombra de su abuelo Eusebio que marcó para siempre su vida y supo transmitirle un legado de valor incalculable puesto que actualmente Albina sigue siendo cabrera en El Boquete y continúa criando la misma estirpe de cabras que tuvieron su madre y su abuelo.
Sorprende que a sus 40 años y con las grandísimas dificultades que entraña la vida para una cabrera que mantiene sus cabras en extensivo en plena Sierra de Gredos, Albina haya decidido continuar con el oficio de sus antepasados con gran ilusión.
Albina tiene que hacer frente a los mismos problemas que cualquier cabrero: bajos precios en origen de la leche y de los cabritos, costes de producción en constante aumento, normativas sanitarias cada vez más rigurosas, excesiva burocracia...
Las Cabras de Albina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Mantiene actualmente alrededor de 300 cabras en El Boquete si bien las instalaciones se han ido renovando poco a poco y adaptándose a los nuevos tiempos aunque sigue siendo verdaderamente complicado llegar hasta la majada pues desde El Raso, el pueblo más cercano, hay que recorrer 3 kilómetros por una tortuosa carretera de tierra por la que muchos camioneros se niegan a subir para suministrar paja y pienso para las cabras o materiales de construcción para la mejora de las instalaciones.
Como en los tiempos de su abuelo Eusebio, las dos producciones fundamentales de las cabras son la leche y la carne, si bien la leche se entrega hoy a la industria quesera y no se elabora queso en la propia explotación debido a las actuales normativas sanitarias. La producción cárnica se centra fundamentalmente en el cabrito lechal, aunque la carne de cabra también tiene gran demanda en la zona, preparándose con ella los más exquisitos tasajos.
Albina está convencida de continuar con el oficio y, a día de hoy, tiene plenamente asegurado el relevo generacional con su hija Vera Hernández Vaquero, nacida el 3 de marzo de 2019, y que como dicen su madre y sus abuelos, tiene un don especial para los animales.
EL LEGADO CABRERO DE EUSEBIO MORCUENDE GARCÍA.
El domingo 8 de febrero de 2026, aprovechando una tarde de tregua en la sucesión de borrascas y temporales, se realizó este reportaje sobre Eusebio Morcuende García y sus descendientes. Subimos hasta El Boquete, Alonso de la Calle Hidalgo, fotógrafo de El Cuaderno de Silvestre, Vicente García Gómez, cabrero y cantaor de Madrigal de la Vera, y Silvestre de la Calle García, autor de este artículo.
Silvestre de la Calle y Vicente García.
Monumento a los cabreros de Madrigal de la Vera.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
A las 3 de la tarde quedamos con Albina frente a la iglesia de El Raso para subir desde allí hasta la majada que, como decimos, se encuentra 3 kilómetros más arriba de El Raso, pueblo surgido en los años 30 del pasado siglo ante el deseo de los cabreros de la zona de contar con una serie de servicios básicos como iglesia y escuela, por una carretera de montaña por la que es prácticamente imposible subir con un vehículo cualquiera.
El Raso y la primera parte del camino de subida.
Al fondo, Madrigal de la Vera.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
A medio camino, nos encontramos con la mitad de la piara de cabras que pastaban en un zona de brezales y jarales. Las cabras disfrutaban por fin de una tarde de sol tras días y días de continua lluvia, algo que las cabras detestan pues son animales sumamente resistentes al frío pero no a la lluvia y la humedad.
Un poco más arriba, en una zona de robles, castaños y bancales de centenarios olivos, encontramos a Mauricio con su yegua haciendo el careo con el resto de la piara. Las continuas lluvias de las pasadas semanas hacen que, pese a todo, la hierba crezca en las zonas cercanas a los arroyos y más abrigadas.
Mauricio con la yegua.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
No tardo la pequeña Vera en correr hacia su abuelo, montando sola desde el suelo sobre la yegua sin la menor dificultad y sin sorprender para nada a su madre y a su abuela, quienes asegurar que lo raro es verla en el suelo y no subida en la yegua.
Continuamos hasta llegar a la majada de El Boquete, un lugar situado a gran altitud y con unas vistas privilegiadas del valle del río Tiétar y del Pantano de Rosarito que con sus aguas riega las tierras de las cercanas comarcas cacereñas de La Vera y El Campo Arañuelo.
Por debajo de la majada se extiende un gran terreno cercado poblado de castaños, muchos de los cuales se están secando debido a una enfermedad que afecta a estos vigorosos árboles, lo que está obligando a sus propietarios a sustituirlos por higueras. En este cercado, campaban a sus anchas varios cerdos, guarros o cochinos sueltos.
Estos animales fueron siempre fundamentales para los cabreros al proporcionar, tras la tradicional matanza, abundante carne para elaborar exquisitos embutidos como morcillas y chorizos y que junto con el pan y el queso constituían parte esencial del sustento diario que los cabreros llevaban en sus morrales cuando iban de careo con las cabras.
El suero sobrante de la elaboración del queso, ha constituido siempre el alimento básico de los guarros criados en las majadas de los cabreros. Estos animales, que vivían en semilibertad y que por la noche se resguardaban en rústicas zahurdas, acudían siempre a la misma hora al reclamo del nutritivo suero.
Cerca de la vivienda de los cabreros, no pueden faltar hoy como ayer, las gallinas para abastecer de huevos a la familia los cuales en el pasado se vendían y suponían un importante complemento para la economía familiar.
Gallinas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Por supuesto, en una majada no pueden faltar los perros, desde los más pequeños utilizados para el careo de las cabras hasta los mastines y similares para guardar la majada durante la noche y mantener a raya a depredadores como el zorro, que pueden causar verdaderos estragos, y posibles ladrones humanos.
Los burros y los caballos, fueron fundamentales en el pasado para los cabreros pues en ellos se desplazaban de un lugar a otro y bajaban hasta el pueblo para vender el queso y regresar con aquello que necesitaban en la majada de invierno o en los puestos de verano.
Una yegua y un burro siguen ahí en la majada de El Boquete, como testigos mudos del pasado.
Junto a las viviendas ocupadas antaño por Eusebio y Fidela y por el resto de la familia, nos sentamos para realizar a Mauricio, Mercedes y Albina una entrevista sobre el abuelo Eusebio. En una mesa con vasos de buen vino elaborado por Mauricio, embutidos de la matanza y café de puchero con leche de cabra, estos cabreros nos contaron infinidad de historias y anécdotas sobre el célebre Tío Marica, además de mostrar una buena colección de fotografías familiares.
Recordaron aquellos años en los que Fidela elaboraba el pan en el viejo horno aún conservado junto a la vivienda y donde a día de hoy, Mercedes sigue cociendo pan de vez en cuando aunque ya sólo cuando tiene tiempo y le apetece por ser un trabajo verdaderamente duro.
A lo lejos, el sonido de las cencerras de las cabras, el gruñido de los guarros, el canto de los gallos...llenaba el ambiente. Son sonidos aparentemente simples pero llenos de simbolismo y que expresan que el legado cabrero de Eusebio sigue vivo en esta majada de El Boquete, pues su hija Mercedes primero y su nieta Albina después, han sabido conservar el oficio del abuelo Eusebio.
La tarde avanzaba y Albina debía comenzar con las tareas de la tarde pero antes, y aprovechando que las cabras estaban tranquilas esperando a entrar en la majada, fue el momento de hacer unas fotos familiares para ilustrar este y otros artículos en el futuro.
Uno podría pensar que se trata simplemente de un rebaño más de cabras, pero es mucho más que eso. Estamos ante uno de los últimos rebaños, piaras o hatajos de cabras de la Sierra de Gredos y ante las descendientes directas de las cabras de tío Eusebio "El Marica", aquel viejo cabrero y guitarrero que supo conservar y transmitir las tradiciones de la Sierra de Gredos, en la que vivió toda su vida, a sus descendientes y a muchas otras personas.
Las cabras de Albina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Ahí están las cabras de Albina y los impresionantes machos cabríos que junto a ellas son los encargados de perpetuar la especie y el rebaño para que en sierras, que antaño albergaban 40 ó 50.000 cabras, siga habiendo cabras pese a la difícil situación que atraviesan quienes deciden luchar por continuar con el oficio de cabrero.
Difícil parece que la situación cambie pero nunca se sabe...
Ojalá dentro de 15 ó 20 años podamos ver a Vera con su piara de cabras en El Boquete y pueda decir con orgullo: Soy bisnieta de tío Eusebio Marica y soy cabrera en El Boquete como lo fueron mi bisabuelo, mi abuela, mi madre y ahora yo.
EL LEGADO MUSICAL DE EUSEBIO.
La gran pasión de Eusebio Morcuende Garro por el folklore tradicional de la Sierra de Gredos sigue también muy viva.
Han sido los descendientes de Eusebia Morcuende Garro, conocida cariñosamente como "Chata" (15 de diciembre de 1950 - 8 de septiembre de 2013), hija de Eusebio, los encargados de perpetuar ese legado musical tan importante.
De toda la familia, es Marcos Reguero Jara (20 de mayo de 2010), hijo de Porfirio Javier Reguero Morcuende (30 de septiembre de 1973), nieto de Eusebia "Chata" y bisnieto de Eusebio, el que mejor ha sabido conservar la afición por la música tradicional.
Desde niño, Marcos toca la guitarra y el violín, continuando así con la tradición familiar y con esa afición tan propia de los cabreros candeledanos y de otros pueblos de Valle del Tiétar.
Además de tocar los mencionados instrumentos, Marcos baila maravillosamente, algo que no debe sorprendernos tampoco puesto que su madre Camino Jara García y sus tíos José y Juan Carlos (Juanki) llevan muchísimos años bailando en el grupo Berezo.
Lleva ya dos años bailando en Berezo pero se encuentra dividido entre tocar la guitarra o el laúd o bien dedicarse al baile como su madre y sus tíos.
Es además el que conserva el tesoro más preciado de Eusebio: su guitarra.
Esa vieja guitarra que en las manos de Eusebio alegró tanto a las gentes de Candeleda. Su abuela "Chata" conservaba la guitarra y, aunque falleció cuando Marcos apenas tenía 3 años, supo ver en él algo especial que hizo que estuviese segura que el niño se convertiría en una gran figura del folklore como lo fue el abuelo Eusebio.
Marcos tiene ahora 15 años y está en esa edad difícil en la que los chavales empiezan a pensar en otras cosas y a veces olvidan por completo sus aficiones de la niñez y la adolescencia aunque viviendo en el seno de una familia en la que el folklore corre por las venas, es difícil que olvide todo eso. Posiblemente, dentro de 15 ó 20 años, diga con orgullo:
"Soy bisnieto de tío Eusebio Marica y toco con su guitarra cantando los cantares que él recopiló junto a Pedro Vaquero para que siempre sigan oyéndose."
Por otra parte, Guillermo y Jimena Valeria Reguero Pérez, hijos de Ubaldo Reguero Morcuende (14 de abril de 1982) y de Yolanda Pérez Román, están empezando a mostrar también las dotes musicales del abuelo Eusebio.
Ubaldo y Yolanda con sus hijos Guillermo y Jimena Valeria.
(c) Familia Morcuende.
Guillermo está empezando a mostrar el talento musical de su bisabuelo. Toca algunas canciones con el xilófono y recientemente se ha interesado por aprender a tocar la guitarra al oír hablar tanto del abuelo Eusebio.
Jimena Valería, que sólo tiene 2 añitos y a quien vemos en la fotografía inferior con unas cabras en la majada en la que Eusebio y su esposa Fidela tuvieron las últimas cabras al jubilarse, ya muestra un gran interés y talento para el baile.
RASFOLK 2026
Con buen criterio, Carlos Montesino Garro, alcalde de Candeleda, ha decidido que Eusebio Morcuende Garro se merece un homenaje, el cual tendrá lugar el 28 de febrero de 2026 en RASFOLK, la nueva versión de la tradicional matanza de El Raso, un evento en el que se unen esas tradiciones y ese folklore que tanto defendió este gran hombre.
DEDICATORIA.
Quiero dedicar este artículo a Mauricio, Mercedes, Albina y Vera por su gran colaboración y acogida en El Boquete para realizar este reportaje sobre Eusebio Morcuende García "Tío Marica" y que posiblemente, y así lo espero, sea el primero de muchos artículos de EL CUADERNO DE SILVESTRE protagonizados por esta entrañable familia.
También quiero dedicarlo a la memoria de Eusebia Morcuende "Chata", a Porfirio Javier Reguero Morcuende , Camino Jara García y por encima de todo a Marcos por continuar con el legado musical de Eusebio Morcuende Jara.
También va dedicado este artículo a Ubaldo Reguero Morcuende, Yolanda Pérez Román y sus hijos Guillermo y Jimena Valeria. Ubaldo ha conservado gran parte de las fotografías antiguas que tenía su abuelo, muchas de las cuales han sido utilizadas para ilustrar este artículo.
NOTA FINAL DEL AUTOR.
Para mí ha sido todo un honor poder escribir este artículo sobre Eusebio Morcuende García y su familia. Como ellos, yo también vengo de familia de cabreros, guitarreros y cantaores de la localidad de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres). Escuchar las grabaciones de los cantares de Eusebio o las cencerras de las cabras de Albina, traen a mi mente muchos recuerdos de la niñez y de mis antepasados.
Por eso me alegra mucho ver que en Candeleda se sigue defendiendo la cultura tradicional y haciendo homenajes a figuras tan emblemáticas como EUSEBIO MORCUENDE GARCÍA conocido popularmente como "Tío Marica".
AGRADECIMIENTOS.
- A Mauricio Vaquero, Mercedes Morcuende, Albina Vaquero y Vera Hernández.
- A Porfirio Javier Reguero Morcuende , Camino Jara García y Marcos Reguero Jara.
- A Ubaldo Reguero Morcuende, Yolanda Pérez Román, Guillermo Reguero Pérez y Jimena Valeria Reguero Pérez.
- A D. Carlos Montesino Garro, alcalde de Candeleda por la idea de realizar este artículo y por recopilar fotografías antiguas con familiares de Eusebio Morcuende García.
- A Alonso de la Calle Hidalgo, fotógrafo, guitarrero y cantaor de Guijo de Santa Bárbara.
- A Vicente García Gómez, cabrero y cantaor de Madrigal de la Vera.
Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).





















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