LA YEGUA Y EL CABALLO DE TÍO ALONSO.

Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) es un pequeño pueblo cuyos habitantes basaron siempre su economía en la ganadería complementada con la agricultura. El caprino fue siempre el ganado más importante seguido a gran distancia por el vacuno, aunque hoy ocurre justamente lo contrario. Respecto al ganado equino, era fundamental para que los ganaderos y agricultores pudieran realizar las distintas tareas del campo. Uno de esos ganaderos fue Alonso de la Calle Jiménez, que vivió en Guijo en la primera mitad del siglo XX.

Yegua con su potrillo.
(c) Silvestre de la Calle García.

Alonso de la Calle Jiménez (1892-1950) nació, vivió y murió en Guijo de Santa Bárbara (Cáceres), siendo hijo de Andrés de la Calle García de Aguilar (1866-1943) y Marcelina Jiménez Pobre (1871-1899).
Contrajo matrimonio en 1917 con Marceliana Jiménez Esteban (1893-1985), siendo padres de cuatro hijos llamados Benjamín (1919-2004), Marcelino (1922-1996), Antonio Leandro (1924-2022) y Eva (1932-1934).

Marceliana y Alonso con sus hijos Antonio Leandro (izda.) y Marcelino (dcha.).
1936
(c) Familia De la Calle.

Alonso, se dedicó fundamentalmente a la cría de ganado vacuno de raza negra, similar a la actual raza  Avileña-Negra Ibérica. Dichas vacas se explotaban fundamentalmente para la producción de terneros que eran vendidos al destete para carne o para reposición a otros ganaderos, teniendo la producción de estiércol una gran importancia ya que Alonso complementaba su economía con el cultivo de patatas, cereales, castaños... y, como era lógico, necesitaba abono.

Vaca Avileña-Negra Ibérica.
(c) Miguel Alba Vegas.

Como todas las vacas de Guijo de Santa Bárbara desde que en 1877 se decidió acotar ciertas zonas de la Sierra de Jaranda durante la primavera y mediante el establecimiento de rayas para garantizar la disponibilidad de pastos durante el agostadero, las vacas de Alonso seguían un régimen de explotación extensivo y realizando una trashumancia corta o trasterminancia a las dehesas de Campo Arañuelo, marchando en febrero-marzo y regresando el 24 de junio.

Vacas en la dehesa.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Solo durante los días más crudos del invierno o en momentos puntuales, las vacas de Alonso eran encerradas en corrales y casillas donde eran alimentadas con el heno guardado en los desvanes o en ameales en los prados.
Únicamente un par de vacas y una cabra permanecían siempre en los prados o en una casilla cerca del pueblo por destinarse al aprovechamiento familiar de leche fresca y queso.

Corral de Alonso en El Toril de Arriba.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Además de ganadero y agricultor, desde el año 1928 y hasta su fallecimiento en 1950, Alonso fue cartero rural de Guijo de Santa Bárbara, oficio que posteriormente desempeñaría su hijo Antonio Leandro desde 1950 hasta su jubilación en 1989. 
Realmente, la profesión de cartero como otras del sector servicios en el medio rural, apenas daba un pequeño jornal para que a duras penas sobreviviese una persona por lo que si el cartero en cuestión era padre de familia como Alonso, había que complementar esa actividad con otras.

Antonio Leandro de la Calle Jiménez.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Como cualquier ganadero y agricultor, Alonso necesitaba caballerías, también conocidas como bestias, para realizar las distintas tareas del campo.
Los padres, suegros y demás antepasados de Alonso, siempre habían tenido  caballerías de labor, si bien hasta mediados del siglo XIX su número era verdaderamente reducido, censándose en el pueblo hacia 1845, según los datos del llamado Manuscrito del Seminario, tan sólo 10 jumentos o burros, 6 mulos y 5 jacas o caballos de tamaño pequeño.
Esto se debía a que gran parte de los trabajos agrícolas se realizaban con yuntas de vacas, que fueron paulatinamente sustituidas por las caballerías hacia 1930 que, aunque tenían menos fuerza, eran más rápidas y versátiles para trabajar.

Yunta de vacas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Alonso ya no trabajó nunca con yuntas de vacas sino que siempre tuvo caballerías. Normalmente, tenía una yegua y un caballo capado.
Tener una yegua en Guijo de Santa Bárbara era un auténtico símbolo de riqueza hasta el punto de considerarse el regalo más valorado que los padres podían hacer a sus hijos llegado el momento de su boda.

Yegua con su potrillo.
(c) David Bernaldo de Quirós Pablo.

La mayoría de las yeguas se domaban para trabajar siendo muy importante este hecho para que se permitiese su pastoreo en la Dehesa Sierra de Jaranda durante determinadas épocas del año siempre y cuidando respetasen la raya mencionada más arriba.
Si una yegua era utilizada única y exclusivamente para la crianza como si de una vaca se tratara, los contaores o encargados de censar el ganado que pastaba en la Sierra, podían considerarla una bestia cerril que debería pagar más que cualquier otra cabeza de ganado.

Arando con una yegua.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Alonso tenía siempre yeguas perfectamente domadas aunque las destinaba fundamentalmente a la crianza en una época en la que la venta de potros y sobre todo de muletos o mulos jóvenes, era una fuente de ingresos verdaderamente importante para los agricultores y ganaderos ya que un buen mulo podía venderse en ferias como la de El Barco de Ávila por el mismo precio que varios terneros.
Los gastos generados por las yeguas más allá del coste de los pastos de la Sierra, eran nulos, ya que la yegua estaba la mayor parte del tiempo en los prados y en invierno se la echaba heno como a las vacas y si acaso algo de cebada o panizos (maíz).

Yegua con muleta.
(c) Isidro Pérez Jiménez.

Alonso tuvo una yegua realmente excepcional y que era muy recordada por su hijo Antonio Leandro:

"La última yegua que tuvo mi padre fue una de las mejores que había entonces en el pueblo. Parió la primera vez con 4 años y tuvo una potra pero como mi padre tenía la yegua y un caballo, no necesitaba más bestias y la vendió. Después de aquello empezó a echar a la yegua siempre de un burro para criar mulos. Parió 15 muletos machos seguidos. Mi padre los vendía y con ese dinero, lo de los  chotos y lo del correo, teníamos para vivir en casa muy bien.
Cuando la yegua ya iba bastante vieja, mi padre decidió echarla de un caballo para que pariera una potra y así fue, decidiendo criarla. Lo que no sabía mi padre es que no podría verla criarse porque poco después murió él. 
La potra se la quedó mi hermano Marcelino."

Yegua con potrillo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Eran muchos los ganaderos y labradores que preferían los burros y mulos para trabajar aunque algunos lo hacían también con yeguas, pero no faltaban quienes consideraban que tener una yegua, que comía tanto o más que una vaca, era un auténtico lujo y que destinarla a la crianza de potros y muletos era arriesgado porque podían morir por cualquier causa o atacarlos los lobos, pero realmente ese riesgo también se corría también con las vacas y los terneros aunque como cada ganadero tenía bastantes vacas, perder un ternero se consideraba una desgracia y no una ruina absoluta.

Yegua con su potrillo.
(c) Hispano-Bretones Sur de Gredos.

Si los potros y muletos eran criados por sus madres y destetados a los 6-7 meses, podían venderse y valer incluso más que su propia madre y, en cualquier caso, mucho más que un choto o ternero y si el mismo animal, especialmente muleto, se vendía un año más tarde, su precio se multiplicaba y podía valer lo mismo que unos cuantos terneros.

Potrillos.
(c) Raquel Cayón Campuzano.

Con el dinero obtenido, las familias podían hacer frente a los escasos gastos del día a día comprando aquellos que no podían producir como carne de cabra, arroz, legumbres, azúcar, café, pescado en salazón..., aunque una de las compras más importantes era el cerdo o cerdos para cebar y garantizar así la realización de la tradicional matanza de la que dependía en buena medida la despensa familiar durante todo el año.

Cerdo Ibérico.
(c) Javier Bernal Corral.

Respecto al caballo, Alonso tenía siempre uno capado y perfectamente domado al que utilizaba para realizar todo tipo de trabajos como arar, trillar el cereal, cargar leña, arrastrar piedra o madera cuando era necesario y, por supuesto, como animal de montura para bajar a Jarandilla a recoger el correo y regresar a Guijo para repartirlo. 
Al ser Alonso la única persona que bajaba a diario a Jarandilla, realizaba con su caballo recados para los vecinos, incluyendo la recogida de medicamentos en la botica. Todos estos recados los hacía de manera gratuita.

Recreación idealizada de Alonso a lomos de su caballo.
(c) Silvestre de la Calle García.

Los caballos de Alonso siempre estaban capados o castrados porque los sementales o caballos "cojúos" que estaban enteros o sin castrar, eran muy difíciles de manejar, especialmente en primavera cuando las yeguas estaban en celo, llegando a ser incluso peligrosos si tenían que manejarlos niños, mujeres y personas mayores. Aunque Alonso manejaba personalmente su caballo, muchas veces se lo prestaba a personas del pueblo para trabajar e incluso para realizar largos viajes por lo que para evitar problemas, necesitaba un animal absolutamente manso.

Caballo semental.
(c) Jesús Lucas Sánchez.

Si se consideraba en ocasiones un lujo tener una yegua, tener un caballo era un capricho. Los pocos caballos que habían eran propiedad de vaqueros que los utilizaban fundamentalmente como animales de montura, entrando triunfalmente montados en ellos el día 24 de junio cuando las vacas llegaban al pueblo desde las dehesas. Al no utilizarse para trabajar y estar castrados, su rendimiento económico era nulo.
Por eso, el caballo de Alonso era una excepción aunque había algunos ganaderos y labradores que tenían también caballos domados.

Vaquero a caballo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Tras la repentina muerte de Alonso el 26 de junio de 1950 a los 58 años de edad, sus hijos continuaron siendo agricultores y ganaderos, manteniendo y trabajando con bestias durante muchas décadas. Fue su hijo Antonio Leandro el último en tener una bestia de trabajo, en este caso un burro, que tuvo que ser sacrificado por una lesión en una pata en el año 1999.

Antonio Leandro recogiendo leña con el burro.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Ya en el siglo XXI, Alonso de la Calle Hidalgo, hijo de Antonio Leandro y nieto de Alonso tuvo yeguas durante varios años terminando así la historia de las caballerías en la familia de tío Alonso ya que, actualmente, ningún descendiente suyo se dedica a la ganadería.

Alonso de la Calle Hidalgo con su yegua Estrella.
(c) Familia De la Calle.

NOTA FINAL DEL AUTOR.
Quiero dedicar este artículo a la memoria de Alonso de la Calle Jiménez a quien, lógicamente, no tuve la suerte de conocer pero de quien me habló mucho su hijo Antonio Leandro de la Calle Jiménez, mi abuelo, así como otras muchas personas del pueblo que sí lo conocieron y que lo recuerdan siempre como un hombre bondadoso, educado, siempre dispuesto a ayudar a sus vecinos incluso prestándoles su caballo.
Y es que la historia de los pueblos no la escriben muchas veces grandes personalidades sino hombres sencillos que con su vida cotidiana hacen grande a los pueblos que les vieron nacer, vivir y morir físicamente aunque sigan vivos en el recuerdo.

Alonso de la Calle Jiménez.
(c) Familia De la Calle.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de Guijo de Santa Bárbara.

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