LA BAJADA DE LA SIERRA CON LAS CABRAS

Guijo de Santa Bárbara es un pueblecito situado en la comarca de La Vera, al noreste de la provincia de Cáceres y en las estribaciones occidentales de la vertiente sur de la Sierra de Gredos. La ganadería, complementada con la agricultura, ha sido el principal pilar de la economía local teniendo durante siglos la cría de ganado caprino una gran importancia, realizando los cabreros cortos desplazamientos estacionales a lo largo del año para aprovechar de manera más eficiente los pastos lo que implicaba la subida a la sierra a comienzos del verano y la bajada de la misma a finales de dicha estación.

Cabras bajando de la sierra por el Camino de Castilla.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.

La cría de ganado caprino ha tenido una gran importancia en la Sierra de Gredos desde hace miles de años. Así, en lo que hoy es el término municipal de Candeleda (Ávila) se ha documentado un poblado de la Edad del Cobre que, sin lugar a dudas estuvo habitado por cabreros que complementarían su economía con la agricultura, la caza y la recolección.

Cabras en la Sierra de Gredos occidental.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La tradición oral nos dice que Guijo era un asentamiento temporal de cabreros que cada verano llegaban hasta estas sierras con sus ganados para aprovechar los pastos frescos. Debió ocurrir esto hace milenios, puesto que ya Viriato habría nacido en el pueblo en siglo II antes de Cristo.
Aunque hay numerosos restos arqueológicos repartidos por todo el término municipal de época visigoda y musulmana, Guijo no sería un núcleo de población permanente hasta bien entrada la Edad Media. Sabemos que en 1468 los vecinos de Guijo pidieron al Señor de Jarandilla un coto de pastos independiente al de los vecinos de Jarandilla.

Cabras pastando en invierno.
Al fondo, Guijo de Santa Bárbara.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El primer testimonio escrito digno de mención lo encontramos en el Interrogatorio de Tomás López de finales del siglo XVIII, en el que aparece leemos que en lo que por entonces se llamaba Guijo de Jarandilla, se producían anualmente unas 300 fanegas de queso de cabra.

Quesos de cabra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A mediados del siglo XIX en el llamado Manuscrito del Seminario, aparece el primer censo ganadero fiable de Guijo de Santa Bárbara en el que figuran 1000 cabras, 80 vacas, 10 burros, 6 mulos y 5 jacas (caballos pequeños).
Este ganado pastaba en la Dehesa Boyal o de Propios que ocupaba la mayor parte del término municipal excepto la zona más alta que comprendía el denominado Baldío de Jaranda perteneciente a la Comunidad de Pueblos de Plasencia.
La sierra guijeña se describe en el citado Manuscrito de la siguiente manera:

"Se cubre la mayor parte del año de nieve y los pastos de la falda y entre las peñas son de mucho apruebo y producen buena leche y exquisito queso de cabras, carnes muy sólidas y sabrosas y el ganado vacuno fino para el trabajo".

Que la sierra se cubriese de nieve la mayor parte del año, nos da a entender que los pastos de las zonas más altas sólo podían aprovecharse tras el deshielo en los meses de verano por lo que el ganado tenía que subir y bajar antes de que volviese a nevar.

Cabras en Collao Alto (El Refugio)
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres)
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

Entre los años 1859 y 1866 los ganaderos guijeños Antonio Jiménez García "El Abuelo Viejo" (1810-1898), José García de Aguilar y Domínguez (1897-1867) y Antonio Modesto Jiménez Santos (1831-1901) compraron al Estado en diferentes subastas públicas las fincas Baldío de Jaranda (Antonio), Los Guatechos, Las Umbrías y La Lanchuela (José) y Las Arguijuelas y El Chuchillar (Antonio Modesto), que posteriormente se fusionarían dando lugar a la actual Dehesa Sierra de Jaranda.

Cabras Veratas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Precisamente a raíz de la fusión de las fincas de José y Antonio Modesto, se comenzó a gestionar el aprovechamiento de los pastos de una manera racional dividiendo el año en estaciones y acotando durante ciertos periodos del año determinadas zonas con el fin de reservar pasto para la estación siguiente. Para ello se señalaban las llamadas rayas de pastoreo.

Cabras en primavera.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.

En 1872 se comienzan a señalar de manera oficial los majales que los cabreros podían ocupar entre el 29 de junio y el 15 de septiembre. Cada majal se fijaba junto a un roble o canchal significativo y cerca de una fuente o curso de agua permanente.
El majal era un cercado con muros de piedra seca para encerrar a las cabras durante la noche y junto a él o en sus proximidades se encontraba la choza con su correspondiente rancho o cercado delantero donde el cabrero podía hacer lumbre.

Majal y choza de La Nava.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A comienzos del verano, cada cabrero subía con su piara o hatajo de cabras, compuesto por regla general por 70-80 cabras adultas, a lo sumo 100, más los ejemplares de reposición y los machos, a los majales de la sierra, llevando consigo otros animales domésticos como burros, cerdos, gallinas, gatos y por supuesto perros. Toda la familia acompañaba al cabrero y pasaban el verano en la choza, bajando al pueblo únicamente una vez a la semana para vender el queso y subirse pan y otros comestibles.

Tía Flora y sus hijos en Pimesaíllo. 
(c) Familia Torralvo.

Antes de subir a la Sierra, las cabras debían ser contadas por los contaores, encargados de contabilizar todo el ganado que iba a pastar en la finca durante el periodo establecido, realizando el correspondiente pago a la Administración de la Dehesa Sierra de Jaranda al final de dicho periodo.

Contando las cabras en 2022.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Los contadores recorrían los corrales unos días antes de la fecha fijada para la subida, contando las cabras antes de que estas salieran al careo o pastoreo diario aunque en ocasiones podían contarse cuando subían a la Sierra en algún estrechamiento del camino, pero esto era algo muy raro.
De esta forma, en la fecha fijada, las 30-40 familias que en ocasiones ocupaban los majales de la Sierra, subían con sus cabras y con el resto de animales domésticos antes mencionados.

Majal y choza de El Jorco.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Durante su estancia en la sierra, las cabras estaban obligadas a pernoctar dentro de los majales y si el cabrero no respetaba la norma, era sancionado por el guarda con una pena o multa de 3 reales y el doble si reincidía. Para ello, el guarda recorría los majales sin previo aviso al amanecer.

Placa del guarda de la Dehesa Sierra de Jaranda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Aunque las cabras son animales que pueden sobrevivir en ambientes muy duros y con pastos pobres y escasos subsistiendo a base de cualquier cosa verde que puedan encontrar, los pastos y otros recursos alimentarios que las zonas altas ofrecían durante los meses de verano, eran fundamentales para su bienestar y productividad.

Cabras en alta montaña.
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

A comienzos del verano, se alimentaban de los brotes y flores de distintas especies de leguminosas conocidas como escobas y piornos, siendo especialmente apreciadas por ellas las flores del piorno serrano o carabón, última especie en florecer y de la que a lo largo del verano consumían también la vaina llena de pequeñas pero nutritivas semillas.

Cabras comiendo flor.
(c) Juan Antonio Rodríguez Vidal.

Durante todo el verano, las cabras se alimentaban en los regajos o praderas del nutritivo cervuno, una gramínea de alta montaña, si bien este pasto era aprovechado con mayor frecuencia por vacas y ovejas ya que las cabras eran capaces de desplazarse sin ningún problema entre los canchales buscando esos pastos finos y de mucho apruebo que mencionábamos anteriormente así como en zonas cubiertas por densos matorrales.

Cabras en una zona pedregosa y de matorral denso.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.

A finales de verano, los pastos estaban ya resecos y agostados y los brotes de los arbustos demasiado duros para ser comidos por las cabras que buscaban alimento entre los canchales de las zonas más inaccesibles. Los regajos y zonas despejadas, se volvían lugares peligrosos por el crecimiento de las flores de la galana, un bulbo altamente tóxico. 
En Guijo de Santa Bárbara, como en toda España, los ganaderos sabían de la peligrosidad de esta flor y su presencia era señal de que había que retirarse a zonas más bajas. Las cabras no solían comerla pero las vacas sí, muriendo con frecuencia a causa de ello.

Colchicum montanum
(c) Luis Martín Martín

En septiembre, cuando se acercaba la fecha fijada por los Administradores de la Dehesa Sierra de Jaranda, los cabreros y sus familias abandonaban los majales y se trasladaban a los corrales situados a media y baja altitud. 

Cabras en un corral en otoño.
Corral Viejo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A diferencia de la subida, que era realizada por todos los cabreros el mismo día, la bajada de la sierra la realizaba cada familia cuando consideraba oportuno a partir de los días 8 y 9 de septiembre, cuando tenía lugar en tiempos antiguos la celebración de Nuestra Señora del Socorro y posteriormente de Nuestra Señora de las Angustias
Para el día 29 de septiembre, todos los cabreros habían abandonado ya los majales.

Nuestra Señora de las Angustias.
(c) Silvestre de la Calle García.

Algunas familias se bajaban directamente a la casa que tenían en el pueblo, pero otras muchas permanecían durante buena parte del otoño en las fincas situadas a media altura, donde además del corral de las cabras tenían alguna casilla para vivir. A menudo, en esas fincas había castaños por lo que se cosechaban, secaban y pilaban las castañas. En ocasiones, en estas fincas se sembraban también patatas tardías que se sacaban por los Santos (1 de noviembre) por lo que las familias se esperaban en muchas ocasiones hasta ese momento.
Algunas familias, aunque ciertamente muy pocas, permanecían en las casillas incluso hasta que hacían y curaban la matanza

 
Casilla de La Cerquilla.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Muchos cabreros querían estar en el pueblo o lo más cerca posible de él en invierno para que los niños pudiesen asistir a la escuela, aunque muchas veces los niños cabreros faltaban mucho a la escuela o ni siquiera podían ir porque desde los 7 u 8 años tenían que ayudar a sus padres y abuelos e incluso sirviendo como zagales o criados para los cabreros más "acomodados" a cambio la mayoría de las veces de cama y comida.

Zagal con cabrito.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El otoño era una época importante para los cabreros pues tenía lugar la paridera temprana de las cabras con el objetivo de disponer de cabritos para venderlos en Navidad, cuando eran muy demandados. Además, las cabras que parían en esta fecha daban leche durante el invierno y la primavera, permitiendo a los cabreros elaborar gran cantidad de queso gracias a la abundancia de pasto en estas zonas bajas.

Cabras en invierno.
(c) Alejandro Torralvo Gutiérrez.

No obstante, en tiempos más antiguos, la mayoría de los cabreros preferían la paridera tardía que tenía lugar a finales del invierno, ya que esta estación era especialmente dura para las cabras siendo el mes de enero el más temido porque las lluvias y nevadas podían hacer que las cabras dejasen de dar leche.
Para aquellos cabreros que subían en verano a la sierra, las cabras tardías eran muy importantes puesto que estaban dando leche durante todo el verano mientras que en zonas bajas, a finales de primavera dejaban de dar leche y de ahí el dicho pastoril de el queso de abril pa mí, el de mayo pa mi amo y el de junio pa tol mundo o pa ninguno en clara alusión al periodo limitado de ordeño de muchas cabras.

Ordeñando una cabra en verano.
(c) Familia Pérez.

Llegado el verano, las cabras subían nuevamente a la sierra y se repetía el ciclo.
Para conocer más detalles sobre la vida de los cabreros, recomiendo al lector consultar los artículos LA VIDA DE LOS CABREROS DE AYER, DE HOY Y DE MAÑANA y LOS CABREROS: LA VIDA EN LA SIERRA.

Teodoro Pérez y su hijo Samuel ordeñando.
(c) Familia Pérez.

El establecimiento de los majales por parte de la Administración de la Dehesa Sierra de Jaranda se estuvo haciendo hasta 1931 pero a partir de esa fecha, los cabreros podían establecerse libremente en los diferentes majales respetándose la antigüedad y pasando la ocupación de muchos de ellos de padres a hijos.

Majal y choza del Galayo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A partir de entonces, la subida a la sierra se realizaba al comenzar la estación denominada agostadero, que comprendía las estaciones de verano y otoño, fijando la fecha de inicio siempre el día de San Juan (24 de junio) pero sin fijar la fecha de bajada que se realizaba a partir del 8 de septiembre y antes de San Miguel como en épocas pasadas.

Piara de cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Fue precisamente a partir de 1931, cuando se empezaron a concentran majales con sus correspondientes chozas en determinados puntos de la Sierra, lo que favorecía la ayuda mutua entre las familias. Podemos destacar el "poblado" de Pimesaíllo, situado en una amplia vega a gran altitud y distancia del pueblo, donde cada verano vivían más de una docena de familias con sus cabras.

Pimesaíllo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Durante las décadas de 1940 y 1950 el censo de cabras rondaba las 4000 cabezas repartidas en más de 40 piaras pero poco a poco tanto el número de piaras como el de cabezas comenzó a disminuir aunque a comienzos de los años 80 aún quedaban más de 2000 cabras y a principios del presente siglo rondaban el millar.

Cabras de Teodoro Pérez "Serrano" a comienzos del siglo XXI.
(c) Familia Pérez.

Hoy en día, poco más de 400 cabras pastan en Guijo de Santa Bárbara perteneciendo la mayoría al joven ganadero Alejandro Torralvo Gutiérrez que por realizar el ordeño de forma totalmente mecanizada no mueve sus cabras a lo largo del año de la finca de Santonuncio donde cuenta con buenos corrales, naves y sala de ordeño.

Alejandro con sus cabras en la sala de ordeño.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A MODO DE EPÍLOGO.
Aunque ya no bajan las cabras de la sierra en el mes de septiembre, básicamente porque ya no suben a los pastos de altura que actualmente ocupan las vacas trasterminantes de los vaqueros de la localidad, aún pervive en la memoria de aquellos que la realizaron, la mayoría siendo niños y adolescentes.
Simplemente por eso, hemos querido dejar constancia de esta antigua práctica ganadera guijeña antes de que caiga en el olvido.

Alejandro Torralvo con sus cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de la Villa de Guijo de Santa Bárbara.

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