LA GANADERÍA FAMILIAR
Por ganadería familiar, también llamada en ocasiones de subsistencia, entendemos la cría de ganado para atender las distintas necesidades familiares sin tener una orientación comercial aunque ciertos excedentes puedan destinarse a la venta.
1. INTRODUCCIÓN.
La ganadería familiar ha tenido especial importancia a lo largo de los siglos en las zonas donde predominaban el minifundio agrario y los grandes terrenos comunales de pastoreo como ocurría en el norte de la península Ibérica y en las zonas montañosas, aunque también en las zonas de latifundio, los campesinos trataban de mantener una pequeña y diversificada cabaña ganadera que les permitiese subsistir sin necesidad de adquirir productos en el mercado.
2. BREVE EVOLUCIÓN HISTÓRICA.
Describiremos seguidamente la evolución de la ganadería a lo largo de la historia para entender la importancia que, con el paso de los siglos e incluso milenios, llegaría a tener la ganadería familiar.
- Prehistoria y protohistoria.
Durante los primeros milenios tras la domesticación de las diversas especies animales y su paulatina llegada a la Península, se piensa que el ganado pudo pertenecer a la tribu o poblado más que a ganaderos individuales como conocemos hoy.
Vendría a ser algo similar a lo que ocurre aún hoy en primitivas sociedades pastoriles repartidas por las regiones más inhóspitas del mundo.
Sin embargo, es probable que poco a poco fuesen desarrollándose formas de propiedad privada del ganado pero que seguiría siendo cuidado de manera comunitaria, es decir, en un sistema similar al pastoreo comunal que aún hoy subsiste en algunas regiones de España aunque con ciertos matices.
Predominaban los rebaños de ovejas y cabras aunque el ganado bovino también tenía ya importancia en el norte peninsular, las zonas montañosas y los valles de los grandes ríos, criándose también caballos. Los cerdos se mantenían en estado semisalvaje.
- Romanización.
Con la llegada de los romanos, la situación cambió al fomentarse la cría de ganado vacuno destinado al trabajo, los sacrificios rituales y la producción de carne y la cría de caballos para la guerra pero sin desatender la cría de ovejas, cabras, cerdos y otras especies.
Comenzaron a adquirir importancia las grandes propiedades latifundistas donde la agricultura jugaba un papel importante.
- Edad Media y Moderna.
Va a ser en la Edad Media y especialmente tras la Reconquista, cuando se produzca un giro trascendental para la ganadería familiar puesto que en los fueros y ordenanzas de ciudades, villas y señoríos, se va a establecer el derecho de los vecinos a aprovechar los pastizales comunales con un número determinado de cabezas de ganado de cada especie, dando esto lugar a una cabaña ganadera diversificada.
Cabras de las Mesetas.
(c) Quesería La Dula de las Mesetas.
Sin embargo, va a ser en esta época cuando se produzcan grandes desigualdades entre la nobleza, la Iglesia e incluso la Corona que comenzaron a mantener enormes cabañas de ganado ovino trashumante amparadas por los privilegios del Honrado Concejo de La Mesta y los pequeños ganaderos que únicamente podían mantener una reducida cabaña para poder sobrevivir.
Rebaño de ovejas trashumantes.
Mombeltrán (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
Ovejas Churras.
(c) Miguel Alba Vegas.
En esta época, por toda España predominaban las explotaciones familiares que mantenían un reducido número de cabezas de prácticamente todas las especies ganaderas con el fin de abastecerse de leche, carne, huevos, lana, estiércol para abonar los cultivos y fuerza para el trabajo agrícola.
Paulino Gargantilla Serrano ordeñando una cabra.
Tornavacas (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
- Desamortizaciones.
Durante el convulso siglo XIX el Estado necesitaba dinero para costear las guerras carlistas y para crear una red de ferrocarril que hiciese posible el transporte de personas y mercancías por el interior del país, que hasta entonces tenía que hacerse en carretas de bueyes o en recuas de caballerías.
Extensas superficies pertenecientes a la Iglesia (desamortización de Mendizábal) y a los Concejos o Ayuntamientos (desamortización de Madoz), pasan a ser propiedad del Estado para luego ser subastadas y quedar en manos de grandes propietarios, medida que, en muchos casos, afectó grandemente a los ganaderos al no disponer de pastos comunales como antes.
Afortunadamente, en muchos pueblos, los Ayuntamientos o asociaciones de vecinos consiguieron adquirir los terrenos y conservar los derechos seculares del aprovechamiento comunal de pastos.
- Siglo XX.
A lo largo del siglo XX se van a producir grandes cambios que afectarán a la ganadería en general y a la ganadería familiar en particular, destacando en primer lugar la realización de repoblaciones forestales que redujeron las superficies pastables, obligando a los vecinos de los pueblos a reducir el número de cabezas de ganado e incluso prohibiendo su pastoreo fuera de las fincas particulares.
Cabras Guisanderas en un pinar de repoblación.
Guisando (Ávila).
(c) Silvestre de la Calle García.
El mayor cambio surgirá sin embargo a raíz de la necesidad de producir mayores cantidades de alimento para abastecer a la creciente población urbana fomentando la mejora de las explotaciones basada en la cría de una sola especie ganadera y en la introducción de razas extranjeras o autóctonas de otras zonas del país más productivas.
Todo esto, unido otros factores como la mecanización agrícola y del transporte, la mejora de los sistemas de transformación y comercialización de los productos, la posibilidad de adquirir productos a precios muy asequibles en el mercado, etc.. motivaron a las familias a dejar de criar animales para autoconsumo salvo en algunos pueblos pequeños y cada vez con menos frecuencia.
- Actualidad.
En la actualidad son cada vez más las personas que quieren volver a mantener esa pequeña ganadería familiar formada por unas cuantas gallinas, algún cerdo para la matanza, cabras para tener leche...pero, en muchos casos, la Administración pone muchas trabas para que esto sea posible ya que, a menudo, se exige la misma documentación y burocracia a la persona que mantiene una cabra que a la que mantiene 500 cabezas.
3. ESPECIES GANADERAS.
Realicemos un breve repaso de las principales especies ganaderas criadas en la península Ibérica a lo largo de los siglos y que formaron tradicionalmente parte de las ganaderías familiares en las que se centra este artículo.
- La vaca.
Animal fundamental para la supervivencia de muchas familias. En el norte de la Península y en zonas montañosas como los Pirineos y algunos puntos de los Sistemas Ibérico y Central, se criaban razas de doble aptitud trabajo-carne que habitualmente eran sometidas a ordeño especialmente en Galicia, Asturias y Cantabria. En el resto de la Península predominaban los animales de trabajo-carne.
Las familias solían tener 1 ó 2 vacas ya que para trabajar se precisaba una yunta o pareja de vacas y si solamente se tenía una, había que turnarse con algún vecino para poder trabajar. Sólo los carreteros y labradores ricos tenían yuntas de bueyes (machos castrados) prefiriendo los pequeños ganaderos las vacas porque, aunque no eran tan fuertes, proporcionaban un ternero al año que podía ser vendido y también daban leche para el consumo familiar aunque en corta cantidad, la cual se consumía fresca o transformada en queso y mantequilla.
Tener vacas era en ocasiones un claro símbolo de estatus social puesto que eran animales difíciles de mantener, siendo necesario disponer de prados para que pastasen y que pudieran ser segados en verano para almacenar heno para el invierno. Además, se necesitaba alguna cuadra o edificio para alojar a los animales durante la noche y en los días más crudos del invierno, aprovechando su estancia en tales albergues para producir el codiciado estiércol utilizado como abono.
Vacas Tudancas en una cuadra tradicional.
(c) Miguel Alba Vegas.
Desde mediados del siglo XIX pero especialmente en la primera mitad del siglo XX, comenzaron a introducirse en España vacas lecheras especializadas con el fin de mejorar la producción lechera de las razas autóctonas surgiendo de su cruzamiento las llamadas vacas mixtas que conservaban las cualidades de ambos tipos bovinos pero que acabaron por ser absorbidas por las vacas lecheras. Sin embargo, el tener una vaca de leche permitió a muchas familias mejorar su alimentación y teniendo una pareja de estas vacas, podía incluso venderse leche a los vecinos o entregarla a la industria.
Ángel de la Calle Vicente ordeñando una vaca.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
En la segunda mitad del siglo XX comienzan a introducirse razas de aptitud cárnica con el fin de mejorar la conformación de las canales y los crecimientos tanto de los terneros de las vacas lecheras como los de las autóctonas.
Las vacas procedentes de estos cruces ya no interesaban tanto a los pequeños ganaderos puesto que, aunque producían muy buenos terneros, daban menos leche que las vacas lecheras y no podían ser ordeñadas. No obstante, eran excelentes para el trabajo y todavía se mantuvieron yuntas hasta hace pocas décadas.
Toro Charolés.
(c) Miguel Alba Vegas.
Actualmente, la cría de vacas en pequeñas ganaderías familiares para autoconsumo, prácticamente ha desaparecido, agrupándose el ganado en explotaciones de mayor tamaño que cría razas de aptitud cárnica como la Charolesa, la Limusina o la Fleckvieh entre otras.
- Los equinos.
Importantísimos en las pequeñas ganaderías familiares fueron los caballos, burros y mulos conocidos genéricamente como caballerías o bestias.
Los caballos, utilizados fundamentalmente como animales de montura, también se utilizaban para carga y tiro cuando no se disponía de otros animales de trabajo.
José Miguel Jiménez Díaz arando con un caballo.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Los burros eran utilizados fundamentalmente por gente mayor y familias humildes en aquellas zonas donde sí que se podían criar vacas pero en las zonas más secas y pobres, sustituían al resto de animales de trabajo.
Los mulos y burdéganos, cruce de burro y yegua y de caballo y burra respectivamente, eran utilizados en aquellas regiones donde se necesitaban animales fuertes como el caballo pero resistentes como el burro, realizando todo tipo de trabajos.
Ángel de la Calle Vicente cargando tabaco en un mulo.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Caballos, burros y mulos presentaban la gran ventaja respecto a las vacas y bueyes de poder trabajar solos o a tiro suelto aunque para algunas tareas era necesario utilizar yuntas por lo que si solamente se disponía de un animal, se hacía lo mismo que con las vacas y se realizaban turnos de trabajo con los vecinos.
Era frecuente tener sin embargo más de una caballería y muy a menudo de distintas especies como por ejemplo un caballo o mulo y un burro, utilizando el primero para los trabajos más duros realizados a menudo por el padre mientras que el burro era utilizado para tareas menores por los ancianos, mujeres y niños de la casa.
Antonio Leandro de la Calle Jiménez con la burra cargada de leña.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Si solamente se podía tener una caballería por falta de recursos, se tenía una yegua o una burra ya que además de trabajar, podían parir y criar un potro, buche o muleto (mulo pequeño) para su posterior venta.
Yegua con su potrillo.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Silvestre de la Calle Hidalgo.
La mecanización agrícola y del transporte hizo que poco a poco los equinos dejasen de ser necesarios siendo mantenidos fundamentalmente por personas mayores o por aquellas que realizaban trabajos en pequeñas parcelas donde era imposible utilizar maquinaria. Hoy en día, se mantienen como animales de ocio pero al no utilizarse con una finalidad "productiva" sería dudoso incluirlos dentro de esa categoría de ganadería familiar.
- La oveja.
Suele pensarse en las ovejas formando grandes rebaños pero lo cierto es que durante siglos y en distintas zonas de España, fue muy común que las familias tuviesen un reducido número de ovejas, normalmente entre 1 y 5 cabezas.
Las ovejas proporcionaban carne, leche y sobre todo lana que era hilada para tejer prendas de abrigo, mantas o para la fabricación de paños. No era raro que muchas familias tuviesen pequeños telares domésticos para transformar la lana.
Además, proporcionaban valioso estiércol utilizado como abono.
Oveja con sus corderos.
Acehúche (Cáceres).
(c) Gonzalo Lorenzo Gómez.
La identidad racial de las ovejas de las pequeñas ganaderías familiares no preocupaba especialmente a los ganaderos, criando las razas autóctonas de cada zona. Esto no cambió mucho a lo largo del tiempo aunque en el siglo XX algunos ganaderos comenzaron a cruzar sus ovejas con sementales de razas cárnicas e incluso lecheras especializadas con el fin de mejorar las producciones.
Oveja Merina Negra con cordero.
Alburquerque (Badajoz).
(c) Abel Pache Gómez.
En la actualidad, siguen siendo muy comunes estos pequeños "rebaños" de ovejas criadas para cubrir las necesidades familiares y para mantener cuidadas las fincas pues ejercen una gran labor desbrozadora consumiendo plantas desdeñadas por otros animales.
- La cabra.
Junto con los equinos o caballerías, los cerdos y las gallinas, la cabra ocupó un puesto fundamental en las pequeñas ganaderías familiares al ser un animal rústico, sobrio y poco exigente en cuanto al alojamiento.
Proporcionaban carne, leche que se consumía fresca o se destinaba a la elaboración de queso, e incluso pelo para hacer cuerdas y prendas de abrigo sumamente resistentes, además de aportar, como otros animales, codiciado estiércol que era si cabe más valioso por criarse estos animales en zonas con suelos sumamente pobres para la agricultura.
Juan Antonio Rodríguez Vidal ordeñando una cabra.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Las familias de pequeños ganaderos solían mantener un reducido número de cabras que rara vez superaba las 5 cabezas, más que suficiente para el abastecimiento familiar de leche y queso ya que la cabra es, en proporción a su tamaño, el animal lechero más productivo.
Cabras de raza Eivissenca.
Sant Carles de Peralta, Santa Eulària des Riu, Eivissa (Illels Balerars)
(c) Marc Ferrer Subirana.
Tradicionalmente, en el ganado caprino se daba poca importancia a la raza, criando la autóctona de la zona buscando la máxima producción lechera posible combinada con la rusticidad y adaptación al terreno. Será ya en el siglo XX cuando se introduzcan en toda España razas extranjeras o del sur peninsular de gran producción lechera.
- El cerdo.
Prácticamente todas las familias sin excepción tenían al menos 1 ó 2 cerdos de engorde para realizar en el invierno la tradicional matanza, cuyos productos constituían un pilar importantísimo de la dieta familiar durante todo el año, destinándose los productos más valiosos como el jamón a la venta o el intercambio por otros productos.
Algunas familias tenían una cerda de cría para obtener los cochinillos necesarios para cebar y vender el resto a los vecinos del pueblo o en las ferias y mercados cercanos, lo cual constituía un desahogo económico para las familias.
Inicialmente, se criaban cerdos autóctonos de tipo blanco en el norte y noreste de la península Ibérica y cerdos de tipo ibérico en el resto del territorio pero en la segunda mitad del siglo XX comenzaron a popularizarse los cerdos blancos de razas importadas caracterizados por su canal magra y rápido engorde.
A diferencia del resto de especies que fueron desapareciendo de la ganadería familiar de autoconsumo, los cerdos lograron sobrevivir hasta tiempos muy recientes e incluso aún hoy es frecuente su cría tradicional.
Óscar y su hijo Marcos con su cochina y sus cochinillos.
Guijo de Santa Bárbara (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
- La gallina.
Al igual que ocurría con los cerdos, las gallinas eran criadas por todas las familias ya que se mantenían con muy poco y eran muy productivas, proporcionando huevos y carne a las familias.
Gallo y gallinas de raza Pintarazada.
(c) Javier Bernal Corral.
Huevos de gallina.
(c) Javier Bernal Corral.
Con las gallinas, siempre se mantenía un gallo con el objetivo de que los huevos obtenidos fuesen fértiles para poder incubar algunos en primavera cuando las gallinas quedaban cluecas y obtener así pollitas para la reposición de las gallinas viejas. Los pollos nacidos se destinaban al consumo o, al igual que los huevos, se vendían e intercambiaban por otros productos. Siempre se reservaba el mejor pollo del año para renovar el gallo, que era sacrificado en Nochebuena.
Pollos de corral.
(c) Dioni Prieto Cuarto.
La identidad racial de las gallinas, no preocupó mucho durante siglos a las familias rurales, buscando aves que combinasen la rusticidad con la producción de huevos, teniendo la carne una importancia bastante secundaria salvo en el norte peninsular.
Una de las gallinas más antiguas y apreciadas, era la Castellana negra por su gran aptitud ponedora aunque era peor para la producción de carne.
Ya en el siglo XX se introdujeron razas e híbridos sumamente productivos.
Gallinas Castellanas Negras.
El Barco de Ávila (Ávila).
(c) Carlos Sánchez Burdiel.
Las gallinas son sin lugar a dudas el animal que mejor ha conseguido "sobrevivir" en las pequeñas ganaderías familiares puesto que aún hoy gran parte de las familias rurales siguen manteniendo unas cuantas gallinas para el autoabastecimiento.
- Otras aves.
Aunque con menor frecuencia que las gallinas, también se han criado de forma familiar para cubrir las necesidades familiares de carne e incluso de huevos, otras aves de corral como pavos, patos, gansos u ocas, gallinas de Guinea, palomas...
Hoy en día, son frecuentes junto con las gallinas en los corrales familiares.
- El conejo.
Durante siglos, el conejo tuvo una gran importancia dentro de las ganaderías familiares pues necesitaba poco espacio, se mantenía con malas hierbas y otros alimentos fáciles de conseguir y eran muy fácil de criar.
Antiguamente se mantenían en el suelo o en rústicas jaulas para evitar que excavasen madrigueras en el suelo, pasando posteriormente a criarse en jaulas metálicas.
Conill Pàges.
Sant Carles de Peralta, Santa Eulària des Riu, Eivissa (Illels Balerars)
(c) Marc Ferrer Subirana.
Muchas son las familias que aún crían conejos para el consumo familiar de su carne en la actualidad.
- La abeja.
No se suele considerar a menudo a la abeja como una especie ganadera pero, ciertamente, lo es. Sumamente fácil de criar, siempre fue común entre los pequeños ganaderos y labradores tener alguna colmena en un rincón seguro y soleado de las tierras de cultivo. Incluso en un pequeño huerto podían mantenerse, logrando abastecerse a las familias de miel y cera para el consumo e incluso la venta.
- El perro.
Aunque no era un animal productivo, el perro tenía una gran importancia dentro de la ganadería familiar utilizándose, según la raza, para el manejo del ganado o para la caza, actividad fundamental para complementar la dieta familiar sin necesidad de sacrificar animales criados en casa.
- El gato.
Con el gato ocurría algo similar a lo descrito al hablar del perro. No se mantenía como animal productivo sino para que mantuviese las casas, despensas, bodegas, graneros, pajares, cuadras...libres de ratones y otros pequeños animales, dejando que deambulasen libremente por estos lugares y prácticamente si complementar nunca su alimentación para potenciar el instinto cazador.
El ganado familiar era cuidado por todos los miembros de la familia. Así, mientras que el ganado mayor o de trabajo era atendido por el padre durante las horas de trabajo, los animales menores como cerdos y aves eran atendidos por las mujeres mientras que las cabras y ovejas eran pastoreadas por los niños y las personas mayores.
Juan Manuel Yuste Apausa e Isabel López Arrabé con su yunta de vacas.
(c) Silvestre de la Calle García.
A menudo, cuando el ganado eran pastoreado en terrenos comunales, se formaban manadas, rebaños y piaras cuidadas por turnos por todas las familias del pueblo en función de los animales que cada uno tuviese.
El lector interesado en todo esto, puede consultar el artículo titulado EL PASTOREO COMUNAL publicado en este mismo blog.
El 26 de agosto de 2026 tuvo lugar en la localidad abulense de Neila de San Miguel una conferencia titulada LA GANADERÍA FAMILIAR a cargo de Silvestre de la Calle García y patrocinada por GANADERÍA GÓMEZ ROY.
Cartel de la actividad.
(c) Silvestre de la Calle García.
Óscar Gómez, de GANADERÍA GÓMEZ ROY, pretendía con la organización de esta conferencia rendir un homenaje a todos los vecinos de su pueblo, incluyendo a sus padres y abuelos, así como a toda la gente que ya no está pero que le ayudó a crecer como ganadero siendo hoy en día propietario junto con su hijo de una de las ganaderías más prestigiosas de la zona y en la que destacan por encima de todo los extraordinarios ejemplares de raza bovina Fleckvieh.
Logotipo de GANADERÍA GÓMEZ ROY.
La conferencia, magníficamente organizada por Óscar Gómez tuvo lugar en un salón municipal con la asistencia de unas 70 personas de Neila de San Miguel y de pueblos cercanos como Becedas, El Barco de Ávila o Nava del Barco.
Imagen durante la conferencia.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Óscar Gómez y Silvestre de la Calle García.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
"En el valle (El Aravalle) no han existido nunca grandes ganaderos pero casi todo el mundo tenía al menos un ejemplar de todos o casi todos los animales domésticos. Era, por tanto, claramente una ganadería de subsistencia, no enfocada al comercio, salvo excepciones. Por ello se cuidaba con especial mimo a cualquier cabeza de ganado".
Silvestre de la Calle García durante la conferencia.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
La descripción dada por Ángel Sánchez Redondo y María Jesús Carrera Redondo, puede aplicarse perfectamente a Neila donde no hubo nunca grandes agricultores ni ganaderos, sino que la gente vivía del cultivo de los huertos y de la cría de una pequeña pero diversificada cabaña de ganado familiar en la que sobresalía por encima de todo la yunta de vacas de labor.
Yunta de vacas en Neila de San Miguel.
Tras la descripción inicial, la conferencia continuó basándose en todo lo relatado en este artículo.
Quienes no pudieran asistir a la charla, pueden ver el vídeo completo de la misma en el canal de YouTube de GANADERÍA GÓMEZ ROY en el siguiente enlace:
Trilla en Neila de San Miguel.
6. NOTA FINAL DEL AUTOR.
No puedo terminar este artículo sin agradecer a Óscar Gómez por haber organizado tan magníficamente esta actividad y a todo el pueblo de Neila de San Miguel por asistir a la conferencia así como a seguidores de otros pueblos que no quisieron perderse esta actividad sin olvidarme tampoco de aquellos a quienes les hubiese gustado asistir pero que no pudieron hacerlo por diversas causas.
De izquierda derecha: Alonso de la Calle, Óscar Martín, Vicenta García, Magdalena Vegazo, Javier del Río, Silvestre de la Calle y Óscar Gómez.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.
Animo a todos los lectores a visitar Neila de San Miguel para disfrutar de su entorno, de sus gentes, de su gastronomía (los embutidos son sublimes) y de su arquitectura popular sobresaliendo la espectacular torre situada junto a la iglesia y en la que se encuentra el campanario.
































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