MERCE, ALBINA Y VERA: TRES GENERACIONES DE CABRERAS DE EL RASO

La mujer ha jugado siempre un papel muy importante en el medio rural, antiguamente ayudando al hombre en todas las tareas del campo, encargándose de la casa y cuidando a niños y mayores. 
Hoy en día, la mujer hace en el campo exactamente lo mismo que el hombre sin haber perdido sus ocupaciones del pasado. Este es es el caso de Merce, Albina y Vera, tres generaciones de cabreras de la localidad de El Raso (Ávila).

Albina, Vera y Merce.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Desde finales del siglo XIX, numerosos cabreros de Candeleda y sobre todo de Guisando, que fueron obligados a abandonar su pueblo a causa de las repoblaciones de pinos que les quedaron sin pasto para sus cabras, se establecieron en majadas separadas entre sí en un lugar deshabitado o raso en los confines occidentales del término municipal de Candeleda, cerca del  límite jurisdiccional entre esta villa abulense y la cacereña de Madrigal de la Vera.
Sería en los años 30 cuando los vecinos, tras numerosas luchas, consiguieron que se construyese una iglesia y una escuela alrededor de las cuales se fue desarrollando el actual pueblo de El Raso, anejo de la Villa de Candeleda.

El Raso.
Al fondo, Madrigal de la Vera.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Esta zona de la vertiente sur de la Sierra de Gredos, a los pies del Pico Almanzor con sus 2592 metros de altitud, es ideal para el pastoreo de ganado caprino, ocupando los cabreros durante buena parte del año majadas situadas en la zona media-baja y ascendiendo en verano a los puestos situados a gran altitud para aprovechar los pastos frescos.

El Raso y la Sierra de Gredos.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Precisamente en una de esas majadas situada en el paraje de El Boquete y que había pertenecido anteriormente a la familia de "Los Guáchares", se establecieron hace casi un siglo Eloy Morcuende Garro "El Marica" y su esposa Fidela García Jara, pasando con el paso del tiempo dicha majada a su hijo Eusebio Morcuende García.

Eusebio Morcuende García.
(c) Familia Morcuende.

Eusebio Morcuende García y su esposa Fidela Garro Suárez se establecieron en la majada de El Boquete donde vivieron hasta su jubilación cuando ya tenían las cabras a medias con su hija Mercedes Morcuende Garro (1 de julio de 1960) y el esposo de esta Mauricio Vaquero Hernández.

Mercedes Morcuende Garro.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En los años 80 del siglo pasado, época en la que Mercedes decidió seguir en la majada como habían hecho sus padres y sus abuelos, el oficio de cabrero estaba muy mal visto por mucha gente, pensando que era un atraso seguir con las cabras en las majadas en invierno y subiendo a los puestos en verano cuando toda la gente se estaba bajando al pueblo para mantener las cabras en zonas bajas o estabuladas o bien para dedicarse a otras actividades como la agricultura. Con las cabras mantenidas en la sierra como antiguamente, argumentaban muchos que era imposible vivir y prosperar.

Cabras en la sierra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Merce y su esposo Mauricio demostraron que era posible vivir dignamente y sacar adelante a una familia con las cabras y concretamente con las mismas cabras que había tenido siempre Eusebio, padre de Merce.
Se trataba de cabras de raza Verata, autóctonas de la zona, las cuales se habían criado desde tiempo inmemorial en la Sierra de Gredos para la producción de leche destinada a la elaboración de quesos y para la producción de carne siendo los principales tipos comerciales el cabrito lechal criado con leche materna y sacrificado a los 30-45 días y el caprino mayor, obtenido de animales adultos, fundamentalmente cabras, procedentes del desecho y desvieje del rebaño, cuya carne era muy apreciada para la elaboración de tasajos.

Cabritos.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las cabras de Merce y Mauricio tenían la particularidad de ser mochas o acornes, es decir, que no presentaban cuernos. Las cabras genéticamente mochas son conocidas en la Sierra de Gredos desde tiempo inmemorial tanto en el seno de la raza Verata como en el seno de la raza Guisandera. Los cabritos con cuernos eran vendidos para carne mientras que los mochos eran dejados para vida. Si algún animal con cuernos era dejado para vida, se le cortaban los cuernos.
En cierta ocasión, tratando de generalizar el carácter mocho, introdujeron en la piara un macho de raza Murciano-Granadina pero los ejemplares de ese cruce se adaptaban mal y fueron eliminados paulatinamente.

La piara de cabras de Merce y Mauricio.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Eusebio y su esposa Fidela tenía alrededor de 180 cabras pero cuando las tuvieron a medias con Merce y Mauricio, llegaron a reunir un total de 300-350 e incluso acercándose a las 400 en algunos momentos.
Debemos recordar que Candeleda fue en la segunda mitad del siglo XX uno de los pueblos de toda España con mayor censo de ganado caprino llegando en algunos momentos a rondar las 50.000 cabezas.

Piara de cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Ciertamente, Merce y Mauricio se tuvieron que enfrentar a años muy difíciles para el ganado caprino puesto que desde la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, actual Unión Europea, se primó la cría de ganado vacuno de aptitud cárnica en detrimento del ganado lechero tanto vacuno como caprino. A ello se unió el cambio de normativas higiénico-sanitarias por las que se prohibió la elaboración artesanal y la venta de queso en las propias explotaciones, reduciendo la rentabilidad de las mismas.

Cabras pastando.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Actualmente, Mauricio y Merce están jubilados pero continúan en la majada y finca de El Boquete donde su hija Albina Vaquero Morcuende (10 de junio de 1985) es ahora la titular de la explotación y la encargada de seguir manteniendo las cabras de sus padres y sus abuelos. 

Albina junto a la quesera.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Mantiene Albina alrededor de 300 cabras que, como se dijo, pertenecen al mismo tipo el criado por sus abuelos y posteriormente por sus padres. Si difícil lo tuvieron sus padres para continuar con las cabras, aún más difícil lo tiene ella debido a factores como el bajo precio en origen de los productos (leche y cabritos), al aumento de los costes de producción, a las normativas sanitarias cada vez más rigurosas y a la excesiva burocracia. 

Cabras en El Boquete.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A todo lo anterior hay que sumar que la finca y majada de El Boquete se encuentran en plena sierra a 3 kilómetros del pueblo de El Raso, teniendo que subir por una carretera de tierra en muy mal estado por la que muchos camiones se niegan a subir para llevar a Albina pienso y paja para las cabras o materiales para poder acondicionar mejor la majada.

Majada de El Boquete.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Pese a todo, Albina tiene una gran ilusión por continuar manteniendo vivo el legado recibido de sus padres y de su abuelo Eusebio que marcó fuertemente su infancia. No sabemos qué ocurrirá en el futuro pero, de momento, esta explotación tiene el futuro asegurado con la hija de Albina, Vera Hernández Vaquero (3 de marzo de 2019), a quien le encantan las cabras.

Vera con su chiva "Tortilla".
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El domingo 8 de febrero de 2026 tuve la suerte de conocer a estas tres grandes mujeres que luchan por mantener en El Boquete la que es una de las últimas piaras de cabras de la sierra de Candeleda y el Raso. Siempre en compañía de Mauricio Vaquero Hernández, estas tres mujeres son un ejemplo a seguir que representan el pasado, el presente y el futuro de los cabreros de Gredos.

Mauricio, Vera, Merce y Albina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Sería una auténtica pena no describir aquí lo que supuso esa visita por lo que os contaré, queridos lectores de EL CUADERNO DE SILVESTRE, cómo fue.
Tras haber hablado por teléfono con Albina, el domingo 8 de febrero a las 3 de la tarde, quedamos junto a la iglesia del Raso, esa iglesia que como dije antes fue el origen de este pueblecito de cabreros. Desde allí, Albina, Merce y Vera fueron en su coche mientras que mi padre Alonso de la Calle Hidalgo, fotógrafo e investigador, Vicente García Gómez, antiguo cabrero y cantaor de Madrigal de la Vera, y yo, fuimos en nuestro coche.

El autor y Vicente García en el Monumento a los Cabreros.
Madrigal de la Vera (Cáceres).
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El día había amanecido radiante y, aunque iban apareciendo algunas nubes, era un placer poder estar en el campo tras tantos días de lluvias las cuales habían contribuido poderosamente a dejar en muy mal estado la ya aludida carretera de tierra que conduce desde la localidad del Raso a la majada de El Boquete. Poco importa recorrer este camino un día para pasar un rato agradable con una familia cabrera pero tener que transitar por él a diario como hacen ellos, es una auténtica hazaña.

Cabras camino de El Boquete.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A medio camino, nos encontramos con una piarilla de cabras que se encontraban separadas del resto y a las que Albina tuvo que dirigir para que subiesen hasta el lugar donde se encontraban sus compañeras.

Cabras pastando con el pantano de Rosarito al fondo.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Un poco más arriba, las cabras entraron ya en la parte baja de la finca de El Boquete, atravesando un pequeño bosque de robles melojos, árboles que antaño cubrían gran parte de estas serranías pero que, en muchos casos como ocurrió en Guisando y otras zonas, fueron talados en el siglo XIX para obtener traviesas para el ferrocarril, aprovechando la ocasión para repoblar el terreno con pinos resineros de crecimiento rápido que iban a mejorar la vida de los habitantes de la zona, aunque eso supusiese la desaparición de las cabras que eran destructoras del bosque y del monte...
Actualmente se piensa todo lo contrario y las cabras bombero cumplen una labor fundamental para el bosque cuando y donde las hay...

Cabras pastando en un robledal.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Un poco más adelante, junto a un arroyo, las cabras pasaron un rato pastando en una pradera de jugosa hierba. Aunque estos animales son más dados a ramonear los arbustos y renuevos de los árboles, también pastan y aprovechan todo tipo de recursos convirtiéndose así en el animal que mejor se adapta a estas montañas.

Cabras pastando.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Las cabras de Albina son asombrosamente tranquilas pues pese a ver gente extraña, pastaban con absoluta tranquilidad. Sin embargo, hay en la piara una cabra muy especial que no se separa nunca de Vera y que corre a buscarla en cuanto la ve aparecer y si no la ve, berrea como si llamase a su chivo.

Vera con su cabra.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

A lo lejos, estaba Mauricio con las cabras y con su yegua y sus perros. Al ser las sierras y montes de Candeleda relativamente accesibles y descansados, siempre fue frecuente llevar durante el pastoreo diario o careo un burro o un caballo para que el cabrero pudiese ir montado, llevar la comida e incluso llevar algún cabrito a la majada si alguna cabra paría en el campo, dejando en ese caso el cabrito encerrado en un borril o pequeño habitáculo de piedras al abrigo de algún canchal para recogerlo al atardecer.

Mauricio con su yegua.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

No tardó Vera en echar a correr para saludar a su abuelo y para montarse en la yegua lo cual hizo de un salto desde el suelo sin ningún tipo de dificultad. Viendo esta imagen, uno no puede evitar recordar la importancia que han tenido siempre los abuelos en el medio rural, convirtiéndose en los primeros y principales maestros de los niños. Y es que lo que Vera hace ahora con su abuelo Mauricio es lo mismo que hizo Albina con su abuelo Eusebio hace 30 años y lo que hizo también quien esto escribe con su abuelo.

Mauricio y Vera con la yegua y el perro.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Cuando pasen 10, 20 ó 30 años, Vera recordará todo lo que ha vivido con sus abuelos y lo pondrá en práctica algo que lleva siglos y milenios haciéndose en el medio rural donde la sabiduría y los conocimientos de transmiten oralmente y mediante las actividades cotidianas.

Vera montada en la yegua.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Desde aquí, Mauricio hizo que todas las cabras juntas siguiesen solas camino de la majada. Las cabras son animales extraordinariamente inteligentes y saben volver perfectamente solas a la majada cada noche, pudiendo permanecer también todo el día solas en el campo siempre y cuando no existan peligros para ellas como los lobos o los temibles perros asilvestrados aunque los cabreros cuentan siempre con perros, especialmente mastines y similares, que ahuyentan a estos depredadores. 

Cabras camino de la majada.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Mauricio continuó subiendo a lomos de su yegua por hatajos del monte mientras que los demás lo hacíamos por la tortuosa carretera de tierra cuyo firme estaba sumamente deteriorado por las últimas lluvias hasta llegar a la finca y majada de El Boquete donde ya esperaban las cabras que, por haber subido por el monte, habían llegado primero.

Cabras en El Boquete.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La finca de El Boquete se encuentra situada a gran altitud. En su origen, como gran parte de las fincas de la vertiente sur de Gredos, estaba poblada de grandes castaños destinados a la producción de castañas, pero desde hace unos años estos poderosos árboles se secan irremediablemente por lo que poco a poco Albina y sus padres los están sustituyendo por higueras que, pese a la altitud a la que se encuentran, crecen magníficamente al ser El Boquete una finca muy abrigada, con abundancia de agua y muy abonada por el estiércol de las cabras.

El Boquete.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En la parte alta de la finca se sitúa la majada para las cabras con acceso directo a la sierra para facilitar la entrada y salida de las cabras. Se encuentra además justo al lado de la carretera para facilitar la carga y descarga de productos. Un poco más abajo, se encuentran las viviendas y otras dependencias de la finca donde Mauricio y Merce han pasado gran parte de su vida al igual que ahora lo hace Albina.

Portal de la vivienda.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Entre las higueras, se veían algunos cerdos, también llamados por estas tierras cochinos o guarros, que hozaban en busca de alimento. En las zahúrdas había encerradas varias cerdas reproductoras en espera de que pariesen pronto. 

Cerdos, cochinos o guarros.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Los cerdos siempre han sido fundamentales para los cabreros por proporcionar después de la matanza tradicional  numerosos productos y embutidos como tocino, jamón y lomo, embutidos de todo tipo como morcillas diversas entre las que destaca la exquisita morcilla de calabaza típica de estas sierras, chorizos y salchichones, etc...

Curando la matanza.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La dijimos antes que los perros son fundamentales para cualquier ganadero y Mauricio llevaba algunos perros en el careo pero junto a la majada no puede faltar nunca un mastín para alertar durante la noche con sus ladridos al resto de los perros y para ahuyentar a los depredadores y ladrones humanos.

Mastín.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Y junto a las viviendas, estaba la yegua que antes vimos y también un burro. En la Sierra de Gredos tanto los caballos como los burros han tenido siempre una gran importancia como animales de trabajo. Aunque los cabreros solían tener pocas tierras de cultivo que, en muchas ocasiones, se reducían a un pequeño huerto, necesitaban bestias de carga para poder bajar desde las majadas y sobre todo desde los puestos de verano el queso hasta el pueblo para venderlo y comprar aquello que pudieran necesitar. 

Yegua y burro.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

En ninguna majada cabrera pueden faltar las gallinas, que abastecen de huevos y pollos a las familias, los cuales también se destinaban en épocas pasadas a la venta en el pueblo. Normalmente, las gallinas se tenían sueltas en las fincas en los alrededores de las viviendas y majadas, encerrándose durante la noche en gallineros para protegerlas de los zorros y otros depredadores, pero actualmente deben tenerse encerradas en recintos adecuados para evitar su contacto con aves silvestres.

Gallos y gallinas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

La visita a Albina y a sus padres en la majada de El Boquete no fue algo casual sino que se debió a un encargo que me hizo el alcalde de Candeleda D. Carlos Montesino Garro. Me dijo que con motivo de la celebración de RASFOLK 2026, nuevo nombre de la ya popularísima Matanza del Raso, quería hacer un homenaje a la memoria de Eusebio "Marica". El encargo original fue realizar un artículo sobre las cabras de Albina por seguir con la actividad de su abuelo y en el mismo sitio. Ese artículo fue corregido y ampliado varias veces hasta su publicación definitiva hace sólo unos días en este mismo blog con el título EUSEBIO MORCUENDE GARCÍA: CABRERO GUUITARRERO Y CANTAOR.
Naturalmente, para realizar un artículo de esta características, fue necesario documentarse con la ayuda de Merce y Albina, hija y nieta de Eusebio respectivamente.

Realizando la entrevista a la familia de Eusebio.
(c) Alonso de la Calle García.

Haciendo gala de la legendaria hospitalidad y amabilidad de los cabreros de Gredos, que llevan décadas recibiendo en sus majadas a cazadores, excursionistas, investigadores...Merce, Mauricio y Albina dispusieron una buena mesa con embutidos de su matanza, vino elaborado con mimo por Mauricio y café de puchero, degustado todo mientras se realizaba la entrevista.

El autor anotando los datos aportados por Merce.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Todos recuerdan multitud de historias del abuelo Eusebio pero posiblemente sea Mauricio el que recuerde más detalles e historias de su suegro con el que pasó gran parte de su juventud en esta majada de El Boquete donde como él mismo dice algunos pensaban que no prosperarían pero en la que se ha jubilado hace unos años contando con el respeto y la admiración de todos sus compañeros y donde ha sacado adelante a su familia.

Mauricio Vaquero Hernández.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Después de una maravillosa tarde compartiendo infinidad de anécdotas con esta familia y antes de marchar tocó ver un poco más las cabras y los imponentes machos cabríos, unas y otros inmejorablemente cuidados por Albina gracias a los conocimientos transmitidos por sus padres y que ella ahora está empezando a transmitir también a su hija.

Machos cabríos mochos como el resto de animales de la piara.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Es un privilegio poder estar ante estas cabras que tienen tras de sí una larga historia aunque uno no puede evitar sentir cierta pena por tratarse de uno de los últimos rebaños que aún sobreviven durante todo el año en la sierra de Candeleda, motivo por el cual debe ser preservado sea como sea.

Cabras en una zona rocosa junto a la majada.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Merce, Albina y Vera son tres generaciones de cabrera que con el apoyo de Mauricio seguirán luchando para conservar este medio de vida fundamental para entender la cultura de la Sierra de Gredos. Sin cabras, Gredos no sería lo que es.

Mauricio, Vera, Merce y Albina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

RASFOLK 2026
El 28 de febrero de 2026 tuvo lugar RASFOLK 2026 con multitud de actividades pero en la que el broche de oro fue el homenaje a la memoria de Eusebio Morcuende García (1928-2000). A las 20:00 horas y tras la correspondiente presentación y saludo del alcalde, a mí me tocó hablar un poco sobre Eusebio y el artículo que había realizado sobre él, publicándose a continuación un pequeño documental realizado por Alonso de la Calle Hidalgo, fotógrafo, investigador y naturalista. Después, intervinieron algunos familiares de Eusebio los cuales recibieron una placa conmemorativa del acto que terminó con la actuación musical de algunos candeledanos que habían tocado y cantado con Eusebio y a quien recordaron con gran emoción.
He de decir que para mí fue uno de los momentos más especiales de mi vida y doy gracias a MERCE, ALBINA, VERA Y MAURICIO por haber estado junto a ellos en dicho acto sobre el que hablo en el artículo LA LABOR DE UN CRONISTA

El autor con Mauricio, Vera, Merce y Albina.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

DEDICATORIA.
En este 8 de marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer, quiero felicitar a todas las mujeres pero de una manera especial quiero felicitar a MERCE, ALBINA Y VERA con quienes puede identificarse cualquier mujer que lea este artículo pero especialmente todas aquellas que viven en el medio rural.

Merce, Albina y Vera con sus cabras.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

NOTA FINAL DEL AUTOR.
Y, como es habitual, termino este artículo con esa sección que tanto le gusta a mi primo Diego García García y que es una pequeña reflexión totalmente personal sobre el artículo en cuestión.
Tanto cuando estuve en la majada de El Boquete viendo las cabras de Albina y escuchando sus cencerros al atardecer así como cuando escribía este artículo, no podía evitar pensar en las mujeres de mi familia, tanto en las que están como en las que se fueron, algunas demasiado pronto. Me vienen a la cabeza sobre todo aquellas que fueron cabreras tanto a las que he conocido como a mis abuelas Visitación Hidalgo Burcio y Marcelina de la Calle Vicente, mi bisabuela Benigna Burcio de la Calle, mis tías abuelas Martina de la Calle Vicente o Nicolasa Sánchez García y a todas aquellas a las que no conocí pero de las que me han hablado largo y tendido y entre las que destacaría por encima de todas a mi tatarabuela Vicenta García Díaz "La Jambrina" mujer recia, trabajadora y luchadora como pocas.
A todas ellas, les dedico también este artículo porque sé que algunas se sentirían verdaderamente orgullosas de lo que hago.

El autor con las cabras de MERCE, ALBINA Y VERA.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Fdo: Silvestre de la Calle García.

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