EL GANADO BOVINO O VACUNO EN GUIJO DE SANTA BÁRBARA

Guijo de Santa Bárbara es un pueblecito situado en el centro de la comarca de La Vera, al noreste de la provincia de Cáceres y en las estribaciones occidentales de la vertiente sur de la Sierra de Gredos. Sus habitantes han basado tradicionalmente su economía en la ganadería complementada con la agricultura, siendo hoy el ganado bovino de aptitud cárnica uno de los pilares fundamentales de la economía local.

Vacas en Guijo de Santa Bárbara (Cáceres)
(c) Silvestre de la Calle García.

Según la tradición oral, que concuerda con los estudios realizados, Guijo surgió como un asentamiento temporal de pastores que llegaban hasta estas montañas en busca de pastos frescos para sus ganados en el periodo estival.
Para unos, tendría un origen antiquísimo y estaría habitado al menos desde el siglo II a.C. cuando nació en estos parajes Viriato, mientras que para otros sería un asentamiento medieval.

Vacas trashumantes junto al Monumento a Viriato a los cabreros.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Sea como fuere, aquellos primeros pobladores fueron ganaderos, principalmente dedicados a la cría de cabras, que complementarían su economía con el cultivo del centeno y la recolección de castañas, viviendo permanentemente en alerta ante la abundancia de lobos y osos y aprovechando la presencia de especies cinegéticas y piscícolas como la cabra montés, el corzo, la perdiz, el conejo y las truchas y anguilas de las gargantas.

Puri Castañares Vidal ordeñando una cabra.
(c) Familia Pérez Castañares.

El ganado vacuno, aunque no muy numeroso, siempre estuvo presente en Guijo de Santa Bárbara, utilizándose fundamentalmente como animal de labor pero también para la producción de leche destinada al consumo familiar tanto de forma directa como transformada en queso y mantequilla, y de terneros para carne o para vida que eran vendidos al destete en ferias ganaderas de localidades como Navalmoral de la Mata (Cáceres) o El Barco de Ávila (Ávila).

Vaca con su ternero recién nacido.
(c) Juan Manuel Yuste Apausa.

De hecho, la cría de vacas desde tiempo inmemorial, se refleja incluso en la arquitectura tradicional de Guijo de Santa Bárbara donde los corrales de vacas y los corrales de cabras son totalmente diferentes, ya que los primeros contaban con planta baja para albergar al ganado y desván bajo el tejado siempre a dos aguas para almacenar el heno de los prados situados en las proximidades del corral, mientras que los corrales de cabras eran sencillas edificaciones de una sola planta con tejado a un agua.

Corral de vacas de El Toril.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Hacia 1845, tal y como se refleja en el Manuscrito del Seminario, había tan sólo 80 vacas en Guijo de Santa Bárbara, repartidas entre unos pocos ganaderos como Antonio Jiménez García, Eugenio Jiménez Ovejero, Francisco Jiménez Ovejero o Santiago de la Calle Castañares. Conocemos el nombre de estos vaqueros guijeños gracias a que cada año, alguno de ellos vendía una vaca con motivo de las fiestas de Santa Bárbara para que su carne fuese repartida entre todos los cofrades, quedando esto reflejado en los archivos parroquiales.

Vaca.
(c) Silvestre de la Calle García.

Entre 1859 y 1866 los ganaderos y vecinos de la localidad Antonio Jiménez García (1810-1898), conocido popularmente como El Abuelo Viejo, su hijo Antonio Modesto Jiménez Santos (1831-1901) y el suegro de éste José García de Aguilar y Domínguez (1797-1867) adquirieron en pública subasta tras la desamortización de Madoz, las fincas de El Baldío de Jaranda (Antonio), Las Arguijuelas y El Cuchillar (Antonio Modesto) y Los Guatechos, Las Umbrías y la Lanchuela (José).

Antonio Jiménez García.
(c) Retrato pintado por Francisco Martín Rivera.

La primera había pertenecido a la Comunidad de Pueblos de Plasencia, antiguo Sexmo de Plasencia, mientras que las demás habían conformado la Dehesa Boyal de Guijo. Antonio Jiménez dividió su finca en acciones para cedérselas a vecinos de Guijo mientras que Antonio Modesto Jiménez y su suegro hicieron lo propio con las suyas tras fusionar las fincas que habían adquirido.
Realizaron un acuerdo de gestión mancomunada de todas ellas hasta que en 1896 todas las fincas se fusionaron dando lugar a lo que hoy conocemos como Dehesa Sierra de Jaranda.

Placa del guarda jurado de la Dehesa Sierra de Jaranda, oficio hoy desaparecido.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Ante el creciente y constante aumento del número de cabezas de ganado tanto bovino o vacuno como de otras especies debido al incremento de población, en 1877 se decidió acotar la Sierra para que sólo pudiesen pastar cabras, ovejas, caballerías y vacas de yunta o trabajo en un espacio determinado delimitado por la llamada raya de primavera.

Yunta de vacas.
(c) Silvestre de la Calle García.

Desde San Marcos (25 de abril) a San Juan (24 de junio) todas aquellas vacas que no estuvieran domadas para el trabajo, estaban obligadas a mantenerse en fincas particulares. Como los vaqueros solían reservar los prados para la siega y recogida de heno, las vacas comenzaron a ser trasladadas a dehesas de La Vera y del Campo Arañuelo como se sigue haciendo actualmente.

Vacas en la dehesa.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Surgió de esta manera un peculiar sistema de trashumancia corta o trasterminancia que aún se mantiene en nuestros días. Tras ser llevadas a finales del otoño o durante el invierno a las dehesas donde permanecerán hasta principios del verano, las vacas regresan al pueblo. Ya no lo hacen el día de San Juan sino que lo hacen, por regla general, el primer o segundo fin de semana de julio, buscando los vaqueros la posibilidad de que sus familiares les ayuden a realizar el traslado a pie desde las dehesas.

Miguel Jiménez de la Calle con sus vacas.
(c) Silvestre de la Calle García.

Se sabe que ya en esa fecha, ganaderos como Tomás Bermejo Chaparro, yerno de Eugenio Jiménez Ovejero, llevaba sus vacas a la dehesa de Macarra en término de Toril (Cáceres) mientras que ganaderos como Antonio Jiménez García y sus herederos lo hacían a las dehesas de su propiedad como El Centenillo en Talayuela o Torreseca en Cuacos, poblaciones ambas de la provincia de Cáceres.

Tomás Bermejo, su esposa Isabel Jiménez y su hija Catalina.
(c) Fotografía cedida por Valentina Bermejo.

Durante la primera mitad del siglo XX, el censo de vacas fue aumentando poco a poco siendo famosos en esta época vaqueros como Cipriano Jiménez Pérez o su yerno Alonso de la Calle Jiménez. El primero de ellos destaca por ser el antepasado de varios de los vaqueros actuales y el segundo por haber diseñado en la década de 1930 el actual recorrido que siguen las vacas al llegar al pueblo para evitar que cruzasen por el centro de la población para lo cual cedió de manera totalmente desinteresada terrenos en su finca de El Lavadero para que pudiese trazarse la Calle Camino del Curato.

Vacas en la Calle Camino del Curato justamente donde empezaba la finca de Alonso de la Calle Jiménez.
(c) Silvestre de la Calle García.

A comienzos de la década de 1930 se producen dos cambios trascendentales para la ganadería guijeña. Por un lado, desaparecieron las vacas de yunta, siendo sustituidas completamente por las caballerías de labor y por otro se produjo la introducción de las vacas suizas, nombre con el que se conoce en todo el centro y sur de España a las vacas de raza Frisona. Fue el ganadero Ángel de la Calle Jiménez el que introdujo estas vacas y, pese a las burlas de muchos, no tardarían en convertirse en uno de los más sólidos pilares de la economía guijeña durante décadas.

Vaca suiza.
(c) Silvestre de la Calle García.
Debido a su constitución física y a que tenían que ser ordeñadas todos los días, las suizas no podían realizar desplazamientos largos como las vacas negras criadas desde tiempo inmemorial en Guijo de Santa Bárbara. Por ello, en 1959 se permitió que pastasen en la Sierra durante los meses de primavera pero respetando la raya y pagando un precio bastante elevado.

Vacas suizas pastando.
(c) Ana Belén Bermejo Pérez.

A partir de los años 80, las vacas suizas comenzaron a ser sustituidas por vacas de aptitud cárnica fruto del cruzamiento entre las vacas negras o Avileñas y suizas con toros de aptitud cárnica como la Charolesa o la Limusina dando lugar a un abigarrado conjunto mestizo de vacas perfectamente adaptadas a las duras condiciones del terreno. En la actualidad, pueden observarse ejemplares en mayor o menor grado de pureza de las razas Berrenda en Colorado, Morucha, Tudanca, aunque siguen sobresaliendo los ejemplares de raza Avileña-Negra Ibérica, esencia del ganado bovino de estas tierras.

Vacas de la ganadería de José Miguel Jiménez Díaz.
(c) Silvestre de la Calle García.

Al llegar a Guijo de Santa Bárbara, las vacas atraviesan todo el caso urbano recorriendo las calles Carretera de Jarandilla, Barrera del Ejido, Camino del Curato y la Era.
Como dijimos, este recorrido fue diseñado por el vaquero trashumante y cartero rural Alonso de la Calle Jiménez, para que las vacas no tuviesen que atravesar el pueblo por las Calles de El Tejar y la Mata o por las Calles Barrera del Egido, el Monje, la Plazolilla, la Iglesia, Viriato, Barrera del Llano y El Llano con el consiguiente peligro que aquello suponía para una población en constante crecimiento y con calles llenas de niños y ancianos.

Carlos Jiménez Hidalgo con sus vacas.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Tradicionalmente, las vacas eran esperadas por los contadores, encargados de contabilizar todo el ganado que subía a la Dehesa Sierra de Jaranda durante la estación de agostadero (verano e invierno), entregando al ganadero la llamada papeleta de pastoreo en la que constaban el nombre y el número de cabezas del ganadero, el precio por cabeza, la firma del Presidente de la Sierra y el sello de la Administración.
Hoy en día, debido a los cambios administrativos, los ganaderos entregan la guía en la que se especifica el número de animales que suben desde las dehesas, sumando los que puedan haber tenido todo el año en el pueblo tanto en la Sierra como en los prados particulares.

Tío Pepe y tío Fili, contaores.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

El cuento de vacas era una tarea realmente complicada puesto que había que dilucidar a la perfección la edad del animal para así establecer lo que pagaba ya que los animales de 1 a 2 años, pagaban y pagan la mitad que los adultos o mayores de 2 años mientras que los terneros menores de 1 año no pagan en la actualidad aunque en tiempos antiguos 3 terneros pagaban lo mismo que una vaca adulta.
Las diferencias principales entre los animales de 1 a 2 años y los adultos están en la presencia de la porrilla o bellota en la punta del cuerno presente sólo en los animales jóvenes y la presencia de rizos o tirabuzones en el mechón o borlón de la cola que sólo se aprecia en los adultos.

Vaca adulta.
(c) Miguel Alba Vegas.

En épocas pasadas, todos los vaqueros llegaban al pueblo el día 24 de junio, fecha en la que invariablemente comenzaba la estación de agostadero, cuyo inicio sólo se modificaba o retrasaba unos días por causas de fuerza mayor como sequías extremas o epidemias en las dehesas.
Actualmente, la fecha se retrasa al primer o segundo fin de semana de julio para que los familiares que trabajan en otras actividades puedan ayudar a los vaqueros debido a la complejidad del recorrido ante el mal estado de las vías pecuarias y a la obligación de atravesar tramos de carretera con mucho tráfico.

Vacas junto a la carretera.
(c) Olga de la Calle Santos.

Año tras año, se repite el gran espectáculo de la llegada de las vacas a Guijo de Santa Bárbara, saliendo los vecinos a ver las diferentes ganaderías mientras atraviesan el pueblo o son retenidas unos breves momentos en la Plaza de Toros para realizar diversas operaciones de manejo como colocar y cambiar campanillos, separar toros y vacas que no irán a la sierra y que serán llevados a los prados....
Una estampa muy especial para todos los guijeños que esperamos que no se pierda nunca.

Ganadería Samuel Pérez Castañares.
(c) Alonso de la Calle Hidalgo.

Fdo: Silvestre de la Calle García.
Cronista Oficial de Guijo de Santa Bárbara.

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